Zozobra en La Tuna

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Édgar Sánchez
Agencia Reforma

BADIRAGUATO, Sinaloa 21-Jun .- El miedo y la zozobra imperan en La Tuna, tierra que hasta hace unos días se consideraba intocable por ser cuna de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
Durante un recorrido en la intrincada sierra sinaloense, vecinos de este pueblo narraron que el viernes 10 de junio, un grupo de gatilleros arribó al poblado preguntando por un sujeto identificado sólo con el nombre de Ángel, sobrino de doña Consuelo Loera, madre del capo.
Al observar a los empistolados Ángel se atrincheró en una vivienda rústica, construida de adobe y teja, desde donde abrió juego en contra del convoy.
Cerca de 40 sicarios atacaron la vivienda, a unos metros de la finca de la mamá de “El Chapo”.
Testigos indicaron que con antorchas y gasolina los delincuentes prendieron fuego a la casa por lo que el empistolado salió del inmueble y fue acribillado a balazos.
Ese viernes cambió la vida tranquila de los lugareños de La Tuna, que desde hace décadas quedó como parada en el tiempo.
En la cima del caserío, sobresale la casa rosada de Doña Consuelo, amurallada por montañas hasta donde llegaba “El Chapo Guzmán” en avioneta.
Desde lo más alto de uno de los cerros, apenas se distingue un rancho también propiedad de la familia Guzmán, el que, según los lugareños, era ocupado por el narco más famoso de Sinaloa antes de ser detenido el 8 de enero en Los Mochis.
En las calles empedradas de la comunidad, los ancianos que se negaron a dejar sus tierras caminan de casa en casa vigilando que ninguna sea saqueada.
A 11 días del ataque, los vestigios de la refriega aún continúan intactos: la casa quemada, tres carros baleados y cartuchos percutidos regados por la plaza principal.
Los vecinos aseguran que al momento de los balazos, se arrojaron al piso y, arrastrándose entre los cuartos, tomaron sus cosas y salieron huyendo del sitio dejando sus pertenencias.
Dijeron que en el poblado, dos casas más fueron tiroteadas y quemadas.
También explicaron que al día siguiente, 11 de junio, otras cuatro personas fueron ejecutadas en La Tuna y dos más en la comunidad de Alisito, también en Badiraguato.
Los residentes aseguran que el sonido de las ráfagas de fusiles que se esparcieron por toda la zona atemorizaron a los habitantes, quienes abandonaron sus hogares y se asentaron con familiares en Badiraguato y en Culiacán.
Consuelo Guzmán permaneció en su casa.
“Aguantó como cuatro días más, hasta que vinieron otra vez y le cortaron el teléfono, el internet”, dijo uno de los vecinos. Después fue sacada del pueblo.
A 11 días de la incursión, sólo 10 por ciento de los residentes de La Tuna han regresado a sus viviendas.
El Coordinador del Gabinete de Seguridad de Sinaloa, Moisés Melo García, declaró a un grupo de periodistas que recorrieron la zona que no se había confirmado ningún muerto y que no ocurrieron enfrentamientos.
“Lo importante que yo he encontrado es que no hay destrucción, no hay las casas quemadas o con impactos de bala, no nos han dicho que haya habido muertos o heridos”, dijo el funcionario estatal en una entrevista en La Tuna, Badiraguato.
A pesar de ello los lugareños aseguraron frente al propio Melo García que sí ocurrieron los incidentes.
“Dos de los muertos eran mis hermanos” le dijo una de las pobladoras al funcionario, quien le preguntó por los cuerpos, a lo que la mujer respondió que los delincuentes los robaron.
La Tuna y La Palma  situadas a escasos 10 minutos de trayecto eran hasta el 2008 una zona “hermanada” por el Cártel de Sinaloa; sin embargo, la presunta traición de Guzmán Loera a Alfredo Beltrán Leyva, “El Mochomo” quien fue detenido en Culiacán en  enero de 2008, ocasionó la ruptura de amistades y compadrazgos.
Ahora han iniciado una guerra por el control de la sierra del Triángulo Dorado.
Alfredo Beltrán, hijo de “El Mochomo” presuntamente comanda los grupos de sicarios que arribaron el 10 de junio a La Tuna, aprovechando que Aureliano Guzmán Loera, hermano del capo y operador del sector, no se encontraba en la zona.