Josemaría León Lara

Hace cuatro años nos encontrábamos en pleno proceso electoral federal, donde habría de elegirse mediante el voto “libre y secreto” al próximo Presidente de México. Se presentaron cuatro candidatos en contienda por La Grande, donde cada uno habría de dar a conocer sus propuestas y plan de gobierno; salvo incidentes aislados, las campañas parecían avanzar sin mayor problema.

Toda campaña política y más la presidencial (por su propia naturaleza de alcance nacional), debe ser debidamente planeada. Es importante que cada uno de los eventos de la misma, sea de índole pública o privada, logren tener el suficiente impacto necesario atendiendo a la rentabilidad política.

Para cada evento es necesaria la participación de distintas áreas de la campaña, y donde se procura un especial énfasis es en toda la información que pueda llegar a servir para un desarrollo exitoso, entiéndase por esto, la labor de inteligencia. Partiendo de esto, es de suponerse que todo el aparato de recursos humanos y materiales que suponen un llamado al voto, debe operar con especial coordinación.

Pero como dice el viejo refrán: “hasta al mejor cazador se le va la liebre”; y es precisamente lo que le pasó al entonces candidato por el Revolucionario Institucional y el Verde: Enrique Peña Nieto. Estaba programada una visita a la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México, para presentar ante jóvenes estudiantes su plataforma política el 11 de mayo de aquel año 2012.

Nadie imaginaba que esa visita fuera el detonante del movimiento estudiantil más grande que había visto México en décadas. ¿Pero cómo sospechar que eso pasaría en una Universidad Privada y particularmente en la IBERO? Más allá de aquella gran manifestación dentro de ese campus universitario, lo que vendría a suceder en los siguientes días provocaría el alzamiento de jóvenes de todo el país de tanto universidades públicas como privadas.

Múltiples diarios nacionales como locales, a la mañana siguiente reportaban en sus primeras planas una noticia que a distancia olía a mentira: “Éxito de Peña en la Ibero pese a intento orquestado de boicot”. Esto aunado a declaraciones en cadena nacional de un profesor de esa institución de educación superior, dónde hablaba de que no se trataba de alumnos de la Ibero, y que el movimiento se había preparado desde fuera.

Esto despertó a los propios alumnos donde a través de 131 videos demostraron que sí eran estudiantes con el uso de sus credenciales universitarias y dando la cara. Esto corrió como pólvora en las redes sociales, despertando conciencias y la búsqueda de la democratización de los medios, el rechazo a la imposición mediática y el ejercer un voto razonado.

Como la mayoría de los movimientos sociales empezó con una bandera legítima, sin embargo acabó por polarizarse y politizarse, situación que con el paso de los meses terminó por extinguirse. Las marchas en la Ciudad de México como en varias ciudades del país, los foros interuniversitarios y la participación en medios ayudó mucho a que la corta vida del movimiento dejara escrito su paso por la historia reciente de México.

Y aunque #YoSoy132 no es una realidad hoy en día, sus propuestas siguen vigentes en la mente de mucho mexicanos y justo ahora que estamos en elecciones estatales una de ellas resulta de vital importancia: razonar nuestro voto.

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@ChemaLeonLara humanos y materiales que suponen un llamado al voto