Jesús Orozco Castellanos

La semana pasada estuve un par de días en la Ciudad de México por motivos de trabajo. Tuve algunas horas libres. Intenté ver la exposición que hay en el Palacio de Bellas Artes sobre Miguel Ángel Buonarroti y Leonardo da Vinci. Se ha dicho que es histórica. Por primera vez en América Latina hay una exposición artística de esas dimensiones, con cuadros al óleo, bocetos de la Capilla Sixtina y esculturas. Las autoridades de CONACULTA se tardaron años en las negociaciones con diferentes museos del mundo para poder traer a México esas obras. Finalmente se fletaron tres aviones, provenientes de Luxemburgo, Roma y Nueva York para montar la exposición en México.

Había leído que las filas eran inmensas y que había que esperar entre cinco y seis horas para poder entrar. Cuando vi la fila me pareció relativamente pequeña y pregunté en la taquilla si había boletos. Me contestaron que sí pero que eran para dentro de dos días. Por supuesto que no los compré. De allí me fui con mi esposa y una de mis hijas al Museo Nacional de Arte (MUNAL), que está a media cuadra. Hay una exposición de pintura española y novohispana de los siglos XVII y XVIII. La muestra es espléndida. Montaron cuadros de Velázquez y Goya, entre otros. Se titula “Yo, el rey” por tratarse de obras promovidas por la monarquía española. Entre los pintores asentados en la Nueva España figuraban Juan Correa y Cristóbal de Villalpando. Además, en otra de las alas del museo se montó otra exposición, con varias de las obras de José María Velasco, el inigualable paisajista mexicano del siglo XIX. El MUNAL está en lo que fue el Palacio de Comunicaciones y Transportes que fue construido en tiempos de don Porfirio Díaz. Es de estilo neoclásico, como el Palacio de Minería que está enfrente y que es obra del arquitecto y escultor de origen español Manuel Tolsá, autor de la famosa escultura de “El Caballito”, que se encuentra frente a los dos palacios.

La Ciudad de México tiene una oferta de museos que bien se puede considerar de primer mundo. Tiene tantos museos como la ciudad de París. El Museo Nacional de Antropología es el mejor en su género de todo el mundo. Le fue sugerido al entonces presidente Adolfo López Mateos por el secretario de Educación Pública don Jaime Torres Bodet. El diseño es del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. Hay que reconocer que los tres tenían sentido de grandeza. Más aún, los grandes arquitectos mexicanos lo siguen teniendo. Hace unos días vi un reportaje sobre el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, el MUAC, obra reciente del arquitecto Teodoro González de León, realizada por encargo de la UNAM en los terrenos de roca volcánica con que cuenta la institución en el sur de la Ciudad de México. Es una maravilla de luz y color. Cuando esté en pleno funcionamiento se podrán ver y apreciar allí las obras de los mejores artistas plásticos de todo el mundo. Hay que reconocer que la UNAM, a pesar de las deficiencias de algunas de sus facultades y carreras, sigue siendo la mejor institución de educación superior del país.

Hay otros peores…

Hace unos días el presidente Enrique Peña Nieto salió en defensa de su política económica al ser cuestionado sobre el pobre desempeño que ha tenido la economía mexicana durante la presente administración. Se había dicho que el crecimiento económico en el 2015 sería del 3.5% del PIB. Sin embargo, la Comisión Económica para América Latina, la CEPAL, acaba de señalar que será del 2.4%. Ante esta situación, el Presidente replicó que hay otros países cuya economía ha tenido un peor desempeño que la de México. Así lo dijo. Pero la mayoría de los periódicos nacionales “cabeceó” la nota como: “Hay otros peores”. Algunos columnistas citaron el famoso refrán que dice: “Mal de muchos”. No lo terminaron. Completo es: “Mal de muchos, consuelo de tontos”. Por momentos creo que al Presidente le fallan sus asesores. El Presidente de la República no puede darse el lujo de cometer esos deslices.

El hecho de que hay países peores que México es una obviedad. En América Latina quizá sólo se salvan Chile y Argentina. Incluso Brasil, que durante algunos años se nos ponía como ejemplo, tiene ahora un raquítico crecimiento económico que se mide con décimas de punto. Por otro lado, hay ver la situación de Cuba, Haití y Bolivia, por ejemplo. El continente africano, tal vez con la sola excepción de la República Sudafricana que tiene oro y diamantes, se encuentra en peores condiciones que México. Los países del Medio Oriente han tenido la fortuna de contar con yacimientos petrolíferos. China apenas empieza a salir de la miseria, con todo y sus elevadas tasas de crecimiento. Ya existe un importante sector de la población que come tres veces al día, así sea un plato de arroz. De la India ni hablar. Acabo de ver un reportaje sobre Calcuta. La gran mayoría de las calles tiene piso de tierra. A media calle hay una especie de canal a cielo abierto. La gente toma el agua de allí para todo uso. Los ve uno llenar un recipiente y beber esa agua como si fuera potable. A las afueras de los restaurantes hay mendigos a los que les arrojan lo que sobra de comida. Eso es el inframundo. O sea que, de que hay países peores, los hay.

Volviendo a México, se esperaba que los precios del petróleo, estimados en unos 70 dólares por barril, serían la palanca del crecimiento de la economía. Pero no pasan de los 40 dólares. Afortunadamente, para los años 2014 y 2015 se tuvo el acierto de contratar coberturas, aunque no llegan al 100%. Todo parece indicar que para el 2016 ya no habrá tales coberturas. Las compañías de seguros juegan con la incertidumbre, no con los hechos que están a la luz pública. Y menos ahora que se anuncia el regreso de Irán al mercado de los hidrocarburos, además del hecho, más contundente aún, de que Estados Unidos es ya autosuficiente en la producción de petróleo y gas. México exporta petróleo a Estados Unidos pero lo mandan a su reserva estratégica para mantener el control de los precios del crudo en el mercado internacional. En los hechos, les estamos “engordando el caldo”. Peor sería no exportar.

Ciertamente la economía mexicana depende ya muy poco del mercado energético. Por desgracia no es el caso de las finanzas públicas que en buena medida (un 30%) siguen ancladas en la renta petrolera. Para colmo, existen ahora enormes presiones contra el peso. El dólar sigue caro. El Banco de México está inyectando ya 400 millones de dólares al mercado cambiario. Si la inyección es diaria, es como para ponerse a temblar. En un año se acabarían las reservas internacionales de divisas. Ojalá que las autoridades hacendarias hagan valer sus credenciales de expertos en economía. Pero tal vez no sea suficiente. Dicen que “la burra no era arisca, la hicieron”. Cargamos con una experiencia histórica de tragedias económicas. De Luis Echeverría hasta la fecha. Ya son 45 años de tropiezos y promesas incumplidas. Incluso nos hicieron creer que íbamos a “administrar la abundancia”. Lo creímos y así nos fue. Pese a todo, no hay que perder el optimismo. México es un país muy grande en todos los sentidos y tiene los recursos suficientes para salir adelante.