#YaNosCargóElPayaso

Por: Itzel Vargas Rodríguez

Todo estaba transcurriendo con normalidad el martes. Desde las 6 p.m. Clinton repuntaba las preferencias y las encuestas, pero existía cierto temor latente de que Trump alcanzara aquél puntaje de votos recopilados que llevaba la demócrata.
El reloj tocaba las 9 de la noche y las redes sociales comenzaron a volverse una locura. De una forma irreversible, los votos de un momento a otro hicieron un drástico cambio que beneficiaba al candidato republicano, y como suceden los accidentes imprevistos en la vida, aquél triunfo comenzó a solidificarse hasta que muy entrada la madrugada, fue finalmente proclamado Presidente Electo de los Estados Unidos de América, Donald Trump. Ante la mirada atónita de muchos, quizá la mayoría de las personas que a lo largo y ancho del globo no creíamos que un personaje tan cambiante en actitudes e ideas como él, accediera a la silla más poderosa del mundo.
Pero justo hacía 4 meses que el director de cine y de famosos documentales, Michael Moore, había escrito una escandalosa columna sobre las razones por las cuales ganaría Donald Trump. Ponía entre las razones lo que llamó “el Brexit de los E.U” que refería a la zona de los estados demócratas Ohio, Wisconsin, Michigan y Pensilvania, que escogen presidencias republicanas. Luego achacó como un fenómeno importante en el triunfo de este personaje, el “último bastión de los hombres blancos enfadados”, que habían permitido que llegase un negro al poder y que ahora, eminentemente, no podían dejar que una mujer lo hiciese. Aunado a ello, también cuenta la frustración de este sector por ver mermada su economía.
Moore explica cómo Clinton no era ya un personaje querido, y más bien, a quien se le asociaba con escándalos de corrupción, representando la política tradicionalista de siempre. Por otro lado habló de los seguidores frustrados de Sanders, que no estaban del todo de acuerdo en seguir a la candidata demócrata, y por último, menciona el fenómeno Jesse Ventura” en el que la gente al final decide votar por quien realmente quiere, y no por quien la sociedad o distintos actores sociales dicen que es lo correcto de realizar.
Moore en su momento, fue el “pitoniso” del porqué ganó Trump aún, y ante la mirada incrédula del mundo entero.
Esta elección sin lugar a dudas ha marcado un hito mundial en el tema político y electoral por muchas razones. En el tema político, porque este año ha estado cargado a nivel mundial de fenómenos democráticos inesperados: desde el Brexit, la reelección de Rajoy en España, el No al referéndum de Paz en Colombia… muestras de la radicalización accionaria de las personas inconformes con el “establishment”.
En el tema electoral, porque justo esta campaña da pie a muchísimos análisis y reconfiguraciones de las formas de plantear estrategias de comunicación política en campañas electorales. Trump era la antítesis del candidato ideal y su discurso estaba lleno de todo lo “políticamente incorrecto” para decir. Y sin embargo, su campaña fue muy buena y ganó. Se fue al mensaje sencillo, coloquial y potente… decía las cosas sin tapujos y eso fue, probablemente lo que más enganchó entre la gente ávida por encontrar un lugar o una persona en donde descargasen su coraje. Él se estructuró como el pretexto perfecto de la gente enojada.
Y Clinton, rodeada de los mejores asesores en comunicación política, siguiendo los cánones tradicionales del mensaje “conciliador”, con los mensajes plenamente estructurados y dirigidos a los “targets” o grupos de personas específicas: los afrodescendientes, mujeres, jóvenes y latinos; con la mayoría de los medios de comunicación a su favor, además de un gran número de artistas y el mismo Presidente Obama hablando por y para ella; con todas las encuestas y predicciones de su lado… y con todo ello, falló.
En términos de comunicación política esto nos deja enormes enseñanzas, por ejemplo, que la demoscopia (ciencia que analiza la opinión pública) necesita eminentemente una reconfiguración de sus metodologías de análisis porque las sociedades son cada vez más cambiantes. Por ejemplo, tuvo mucho que ver el llamado “voto oculto” que se refiere a cuando una persona por pena o propia decisión miente en una encuesta sobre su preferencia de voto y declara una respuesta errada… y que fue algo predominante en esta elección para ocultar los sentimientos de xenofobia, racismo y discriminación. Ahora más que nunca, las casas encuestadoras atraviesan una enorme crisis de credibilidad. ¿Cómo pueden vender servicios después de equivocarse en sus predicciones?
Y aunado a todo esto de la nueva pauta política y electoral surgida de estas elecciones, nos quedamos ahora con amargas interrogantes sobre las reacciones sociales que refieren a la intolerancia y el racismo. Pasará algo de tiempo para que puntualmente se sepa qué está pasando con las sociedades del mundo.
En síntesis, bastaron unas cuantas horas, desde las 9 de la noche hasta las 3 de la madrugada del martes, para que el orden mundial cambiara y quedáramos una gran mayoría de personas, con una sensación de resaca… deseando que aquello pasado, en realidad nunca hubiera sucedido. Al día siguiente de la jornada electoral, el miedo hacia la incertidumbre es evidente y sigue estando muy, muy vigente.

Itzelvargasrdz@gmail.com / @itzevargasrdz