Andrea Verónica Dávila Brand

En tiempos pasados se aceptaba a alguien en un grupo social por su inteligencia, la forma en que se expresara, sus ideales, valores, la capacidad que tuviera para entablar una conversación interesante o su nivel académico.

Pero en la sociedad en que vivimos actualmente, todo esto se ha ido perdiendo, y es que tal parece que es nuestra capacidad económica, estatus, y hasta nuestro aspecto físico lo que hoy en día nos hace ser aceptados o no en un determinado grupo social.

Nuestra comunidad es llevada cada vez más por el camino del materialismo, del “Vales por lo que tienes y no por lo que eres”. Actualmente, consigues respeto y admiración si tienes un vehículo del año y vives en un “buen fraccionamiento”, vales más por la cantidad de tarjetas que tengas en tu cartera y ceros en tu cuenta de banco.

Te tratan como te ven.

Nos basamos en la apariencia física para determinar el valor de una persona y por ende, como será nuestra relación con ésta.

Pero lo que verdaderamente es alarmante, es el hecho de que esta mentalidad elitista y metalizada va más allá de ser un simple pensamiento o una moda, se ha convertido en un estilo de vida para nuestra sociedad.

Tal es el caso, de muchos establecimientos que actualmente se “reservan el derecho de admisión”, de muchos antros, bares y restaurantes en los que si no estás vestido conforme a lo que ellos consideran, se te niega la entrada.

Creo que todos, o al menos la mayoría, nos hemos percatado que al vestirnos de cierta manera atraemos un mejor trato, una mejor atención e inclusive se nos percibe como “mejores personas” dentro de la sociedad. Y esto sucede tanto en establecimientos públicos como privados, donde si te destacas por tu apariencia, sea en tu vestimenta o en tus rasgos físicos, te darán una mejor atención.

México es un país en el que no hay racismo, pues la cultura intolerante y discriminatoria mexicana no se basa en la raza, sino en las clases sociales, somos un país empapado en elitismo, un elitismo permeado de soberbia, autoritarismo e impunidad.

Así bien, podemos decir que efectivamente no somos racistas, sin embargo la discriminación clasista en la que está inmerso nuestro país es igual o incluso más deplorable.

El elitismo no es más que la soberbia de un ser evidentemente inferior. (Anónimo)

Una persona es elitista o clasista, cuando siente desprecio por quienes no son como ella, cuando valoriza a otra basándose únicamente en lo que se puede apreciar a simple vista como el tono de piel, la manera de vestir, o lo llena que esté su billetera. Con este tipo de pensamiento y actitudes, lo único que sacan a relucir este tipo de personas es lo pobre e ignorante que es su criterio y mentalidad.

El clasismo es el cáncer de la sociedad mexicana.

Y este es el tema en el que quiero centrarme, debemos terminar con esta mentalidad elitista que cada vez se incrusta más en nuestra sociedad y juventud, al grado que se está convirtiendo en parte de nuestra cultura, lo cual de ninguna manera debemos permitir.

Más, ¿cómo cortar de tajo algo que está tan arraigado a nuestra cultura?

Primeramente, los exhorto a dejar de referirnos hacia nuestros semejantes con palabras tales como “naco” “guarro” “indio”, estas son palabras dichas y hechas por personas puramente clasistas.

De la misma manera, debemos dejar de asistir a lugares donde se siga practicando este tipo de discriminación, tales como determinados antros, restaurantes, bares; regalar nuestra ausencia como muestra de nuestra indignación, indignación de que en pleno siglo XXI se siga clasificando a las personas dentro de la sociedad.

Debemos darnos cuenta que esta forma de pensar y actuar, es tan dañina como el racismo, y que representa un obstáculo más en el camino hacia la construcción del México moderno y civilizado que todos anhelamos.

Correo: andreavdav@gmail.com