¿Y QUIÉN DEFIENDE A LOS MEXICANOS?

Por Jesús Álvarez Gutiérrez

A pesar del tamaño de su población (octava del mundo) y de su economía (decimocuarta del mundo), México se ubica muy abajo en varios rubros del índice Doing Business del Banco Mundial, que mide la facilidad para hacer negocios. Ocupamos en 2016 el lugar 65 en apertura de negocios, 67 en acceso a permisos de construcción, 72 en acceso a electricidad, 92 en pago de impuestos, y 106 en registro de la propiedad, variables clave para la productividad y competitividad nacional. En conjunto avanzamos lentamente a la posición 38 del ranking internacional global, debajo de muchos países latinoamericanos y africanos.
Con el derrumbe del precio y la producción de crudo, México se ha convertido en un país menos dependiente del petróleo, y más concentrado en la maquila de manufacturas. En sólo tres años el valor de las exportaciones petroleras cayó del 15% al 5% del total de nuestro comercio de bienes al exterior, mientras que el monto de las exportaciones manufactureras subió 10 puntos, llegando a representar ahora el 90%. Esta diversificación económica podrá permitir a México sortear la catástrofe siempre y cuando se mantenga el dinamismo del mercado estadounidense, lo cual depende de que se hagan “más puentes y menos muros” según lo expresó lapidariamente el Papa Francisco I.
Asimismo, el boquete petrolero en las finanzas públicas, se ha cubierto parcialmente con los ingresos tributarios derivados de la Reforma -como el ISR y el IEPS gasolinero, que cargan la mano a las clases medias y a los causantes cautivos-, y temporalmente con los ingresos extraordinarios derivados del seguro y los remanentes de operación del Banco de México por la venta de dólares caros. Sin embargo, todas estas acciones no han sido suficientes para frenar el déficit y la deuda pública que ya ronda el 50%.
Los organismos internacionales, preocupados por la solvencia del país, dicen que México cobra muy pocos impuestos, y que los ingresos tributarios apenas llegan al 13% del Producto Interno Bruto, cuando en los países miembros de la OCDE esta proporción alcanza el 20% en promedio; sin embargo, no se reconoce que en México el marco tributario es profundamente injusto. En el extremo alto, las grandes empresas nacionales y trasnacionales pueden, pero no quieren pagar más impuestos, sino que se benefician de paraísos y exenciones que no están al alcance de las pequeñas empresas y los causantes cautivos, a quienes ya no se puede exprimir más; por otra parte, en la base de la pirámide, casi un 60% de los trabajadores se ve obligado a refugiarse en la economía informal donde ni ganan salarios dignos ni pagan impuestos. ¿Y quién defiende nuestros intereses? Urge una discusión abierta sobre los privilegios y prebendas existentes que permita al país alcanzar su máximo potencial fiscal de manera justa y equitativa.
Tampoco queda mucho margen para recortar el gasto corriente o la inversión pública. El gasto corriente, tan vilipendiado, es el que ha permitido cubrir los sueldos y la operación de los sistemas educativo, de salud, militar, de seguridad, de justicia, en los diferentes niveles de gobierno, y no puede socavarse sin poner en peligro la estabilidad social. Por otra parte, la inversión pública está en su nivel más bajo desde la Segunda Guerra Mundial, por lo que no ha podido consolidarse la necesaria infraestructura básica en carreteras, puertos, hospitales, clínicas, universidades, escuelas, refinerías. Revisemos este último rubro: La más nueva refinería se construyó hace cuatro décadas (Cadereyta 1979); cuatro de las seis refinerías que existen tienen fallas permanentes; dos tercios de la gasolina consumida en México está siendo producida en el extranjero, algo inédito pues hace apenas dos años Pemex abastecía el 60% de la demanda.
La única salida al déficit fiscal está en un verdadero combate a la corrupción. No se trata de despedir personal ni de eliminar becas educativas y subsidios a la salud, se trata de gastar de manera eficiente y transparente. Es increíble que después de haber presumido presupuestos “base cero”, hayamos seguido descubriendo corruptelas enormes en todos los niveles de gobierno, pero significativamente mayores en los gobiernos estatales.
Finalmente, debemos seguir trabajando en la construcción de políticas de impulso a la productividad nacional, sin descuidar a los enemigos externos. No podemos esconder la cabeza en la tierra e ignorar las amenazas que provienen de nuestro vecino. Crece el peligro de que Trump venza en la próxima contienda electoral. Se ha cerrado la elección: Hillary Clinton perdió en el último mes siete puntos, con lo que Trump queda a cinco puntos.
Y, frente este panorama, ¿quién defiende nuestros intereses?
jesusalvarezgtz@gmail.com
http://heraldo.mx/tag/ciudad-viva