…Labor que ya ha comenzado desde hace tiempo en el evangelio apócrifo de celuloide llamado cine, donde la abstracta pero seductora figura de los ángeles suele manifestarse con características benignas y sacarosas en cintas dramáticas o con tendencias a la hilaridad en filmes de sensibilidad popular que muestran entidades divinizadas con características corporales indiscutiblemente humanas que inevitablemente culminan su sacra misión enlazándose emocional o sentimentalmente con los habitantes de este plano dimensional (los eternamente conflictuados humanos). Sin embargo, la jerarquía angelical posee distintas percepciones sobre el trato que debe recibir el gremio carnal, así que nuestros primos hermanos kerigmáticos también se pueden tornar nuestros más temibles adversarios, ya sea a nivel ideológico-teológico o en términos meramente físicos.
“Teorema´´, filme dirigido por el provocativo filósofo e intelectual italiano Pier Paolo Passolini en 1968, aborda la cuestión desde un planteamiento que parte de un microcosmos familiar -madre, padre, hijos, mucama y mascota- cuyo núcleo hogareño se ve trasgredido por la llegada de un enigmático extraño (el magnífico Terence Stamp) quien, una vez instalado, procura desafanar a todo miembro de esta familia de cualquier complejo moral y tara cultural con una seductora oratoria intelectual que culmina en una exploración sexual de trascendencia. La identidad del sujeto jamás es revelada, pero a lo largo de la cinta queda claro que su origen es de índole metafísico. Un ángel que predica la palabra del Señor en los cuerpos de los fieles.
Por su parte, el cineasta alemán Wim Wenders se rinde ante los pies del discurso existencial con su magnum opus especulativo “Las Alas del Deseo´´ (1987), una paradójica épica minimalista que gira en torno a Damiel (Bruno Ganz) y Cassiel (Otto Sander), dos ángeles que observan y participan anónimamente de los pensamientos de los habitantes de un Berlín gris y despersonalizado -elemento reforzado con la exquisita fotografía en blanco y negro durante los primeros dos actos de la cinta- hasta que Damiel se enamora de una trapecista (Solveig Dommartin), entidad femenina que simbólicamente toca los cielos cada noche durante su acto en el circo y que provoca la caída terrenal del personaje de Ganz, quien termina cuestionando la perpetuidad del humano en la creación. Una cinta manipulada por los finos hilos del lirismo que erogó tanto en una secuela menor (“Tan Lejos y Tan Cerca´´) como en una versión anglófona estelarizada por ese milusos llamado Nicolas Cage y un guión de banalidad a ultranza que sacrifica toda la poética visual y narrativa planteada en el original por un romanticismo fast food que requiere varias dosis de insulina una vez revisada.
Para una mirada más ácida a estas entidades aladas, basta con revisar el trabajo del irreverente y apoteósico Kevin Smith titulado “Dogma´´ (1999), una socarrona y en momentos vulgar fantasía adulta sobre dos ángeles renegados -uno de ellos Ma’lac Ha’mavet, mejor conocido como “El Angel de la Muerte´´ e interpretados por Matt Damon y Ben Affleck- varados en nuestro mundo. Sin embargo, la Iglesia recién aprobó una ley dogmática donde un recinto católico permite el perdón de los pecados con tan sólo atravesar sus puertas, por lo que deciden acudir a tal lugar para lograr el perdón de Dios y regresar a su lugar de origen, sin saber que, al hacerlo, probarán que el Creador cometió un error, provocando el Armagedón. Para detenerlos, Metatrón (Alan Rickman), la Voz del Señor, recluta a Bettany (Linda Fiorentino), una trabajadora en una clínica de abortos que da la casualidad es la última descendiente de Jesucristo para que los detenga. A la cruzada se unen Rufus (Chris Rock), el apóstol olvidado por las Escrituras debido a que es negro; la musa Serendipity (Salma Hayek), quien ha abandonado su labor en pro del table dance (“así realmente inspiro a los hombres´´, dice) y Jay y Silent Bob, quienes serán testigos de este nuevo capítulo de los Evangelios Apócrifos si su afición a la marihuana lo permite. La cinta es hilarante y plena en referencias a la cultura popular, manejada con inteligencia y, aunque no lo parezca, cierta reverencia a la línea clásica de pensamiento gnóstico. Una pena que jamás se haya estrenado en nuestro país (aunque disponible a la renta en la Videoteca del Centro Cultural Casa Jesús Terán).
Los ángeles también se muestran indolentes e incluso brutales en la saga “La Armada de Dios´´, producciones donde el arcángel Gabriel (el siempre eficaz y gesticulante Christopher Walken) maquina el fin de la humanidad. La primera cinta sobresale en particular por una dosificada y trabajada dirección de Gregory Widen, además de la construcción de una atractiva mitología donde la guerra entre los querubines, los serafines y los Chayot Hakomesh no ha terminado, y Gabriel desea someter la voluntad de Dios al eliminar a su creación favorita: los humanos. Conceptos interesantes que se ven retados por un bajo presupuesto y secuelas inferiores, así como imitadoras oportunistas de mal gusto como “Arcángeles´´ (Abbess, Australia, 2007) y “Legión de Ángeles´´ (Stewart, E,U, 2010), ésta última una chabacaneria gratuita arrolladora en su mediocre desempeño y que mandan al olvido la estampa angelical más benigna materializada por filmes gentiles y dulzones como “¡Qué Bello Es Vivir!” (Capra, E.U., 1946), con Henry Travers en arquetípico papel como ángel de la guarda compasivo y aleccionador o James Mason en un rol similar en la jocosa pero limitada “El Cielo Puede Esperar” (Beatty-Henry, E.U., 1978).
Sin embargo, resulta gratificante saber que, en esta cuaresma, siempre habrá opciones que permitan una reflexión sobre la naturaleza metafísica de aquellos sublimes seres con halos que nos traen la buena nueva. Aún si ésta resulta ser: “Vamos a aniquilarlos´´.

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