La experiencia cinéfila es una muy curiosa, pues ahora que este año 2015 fenece da la impresión de que nuestras facultades nemotécnicas tienden a favorecer tan solo a aquellas experiencias que nos gratificaron en cualquiera de nuestros niveles perceptuales, bloqueando aquellas infames sesiones de tortura cerebral perpetradas por Hollywood donde, cual técnica Ludovico, se nos somete a un bombardeo de trágicas y desafortunadas oquedades narrativas y visuales. El hecho de generar un proceso tan selectivo en nuestras vivencias cinematográficas, permite alojar al 7º Arte en nuestra alcoba emocional sin tapujos ni reservas, una suerte de amante furtivo cuya presencia que deja un legado perpetuo en la gramática cultural de su incondicional comunidad. Y este año no fue la excepción, gracias a diversas producciones que engalanaron nuestra cartelera (a pesar de aparatosos desfases en su calendario de estrenos tanto a nivel nacional como provincial) con sus ricas propuestas narrativas y/o plásticas y ese asomo por siempre fascinante a una mirada ajena que nos arrebata de un insulso cotidiano a la exquisita ficción del cine pensado y trabajado, por lo que el siguiente listado procura no sumarse a la habituada visión reduccionista heredada por nuestros vecinos del norte de constreñir cada manifestación humana en banales conteos o top tens, sino un mero acto de celebración y propagación del gozo que significó el revisar todas estas maravillosas cintas que insuflaron oxígeno en la polucionada atmósfera hollywoodense. Aquí está, sin orden específico, lo más destacado en nuestras salas hidrocálidas durante el 2015:

DESDE EUROPA CON AMOR
El Viejo Continente es pródigo en cuanto a niveles de propuesta fílmica se refiere, y si bien es encomiable la labor conjunta entre distribuidores y complejos cinematográficos nacionales por darle mayor cabida a cintas de diversas latitudes en aras de la diversidad en la programación semanal, resulta desolador el nivel de apatía del gran público por paladear experiencias novedosas en su dieta audiovisual, encajonando en horarios de infarto cintas de excelente factura. Entre las negadas por las masas para ser descubiertas en DVD se encuentran: “Fuerza Mayor” (Ostlund, Noruega/Suecia/Dinamarca), relato lesionador sobre las miserias emocionales que producen implosión en el seno de una familia pequeñoburguesa de vacaciones en Los Alpes, todo porque el padre decide socorrer únicamente a su teléfono celular. Un diagrama puntual y sofocante sobre lo que representa el binomio hombre-mujer en nuestra sociedad virtual: “Leviatán” (Zvyagintsev, Rusia), radiografía impresa en los gélidos parajes rusos sobre la descomposición del sistema jurídico-político-afectivo cuando un hombre lucha por preservar su hogar solo para encontrar miseria existencial en forma de leyes y amigos. Excelente cuadro de actores y una fotografía soberbia la hicieron ver como la probable ganadora del Oscar a Mejor Cinta Extranjera, reconocimiento obtenido por “Ida” (Pawlikowski, Polonia/Francia), íntima meditación sobre el pasado como contrapunto a la realidad de su protagonista, una novicia en los 60’s cuya herencia judaica y un secreto familiar pone en perspectiva su vida. Brillante trabajo de su director quien mesura su ritmo con una matizada foto monocromática; “Dos Días, Una Noche” (Dardenne, Francia), muestra eficaz del dominio de su protagonista -Marion Cotillard- en cuanto a mímesis de personaje, historia y puesta en escena, pues se adueña con pasión de esta historia sobre una mujer que tiene el plazo indicado en el título para asegurar su trabajo convenciendo a varios colegas que la avalen en comité contra el despido de su patrón. Maravilloso ritmo en este drama proletario que expone mucho más que una injusticia laboral. Estas cintas, entre otras gemas, no pasaron del semanazo en cartelera, redímalas y a usted dándoles una oportunidad en casa.

TAMBIÉN DE DOLOR SE FILMA
En nuestro país también brotaron muestras de un cine que trabaja nuestras idiosincrasias con frescura e inteligencia sin apoyarse en romances pueriles, comedias brutas o eventos sacados de informativos nocturnos, solo las huellas que va dejando una nación entre lamentos y sonrisas amargas. Entre ellas: “Güeros” (Alfonso Ruizpalacios), filme de integración histriónica estructurada como un road movie que presenta a tres jóvenes defeños como instrumento conductor para que su director evoque las sutilezas existencialistas y líricas de la Nueva Ola Francesa sin rendirle homenaje, más bien tomando prestado el idiolecto de Godard para plantear un extravío sociocultural en una Ciudad de México monocromática y desteñida donde el color lo ponen sus ricos personajes: “Ciclo” (Andrea Mtz. Crowther), documental sobre la hazaña real  consumada por dos hermanos en 1956 consistente en llegar a la ciudad de Toronto, Canadá, en bicicleta partiendo desde la Ciudad de México. Mas el discurso se dilata y el resultado es un conmovedor retrato familiar donde la directora debutante, hija de uno de los atletas, explora y analiza su dinastía mostrando puntos tangenciales pero fascinantes como la psicología de ambos ciclistas, sus sueños y deseos, un presente que los consume emocionalmente y retazos entre líneas de una realidad nacional donde la familia y sus actos marcan el alma de cualquiera. Toda una revelación que sólo pudo verse en Casa Jesús Terán: “Eco de la Montaña” (Nicolás Echevarría), elocuente documental sobre el artista huichol Santos de la Torre, quien legara en privilegiado puesto parisino un mural llevado por el mismo Ernesto Zedillo hace casi dos décadas pero sin remuneración o reconocimiento para su autor. Tal ignominia es tan solo la premisa para un poderoso trabajo narrativo donde el maestro Santos recorre la casi extinta “Ruta del Peyote” para solicitar a los dioses permiso de pintar nuevamente. Filme despojado de poses o restituciones sociales para su protagonista, tan solo un interés por declarar puramente a través de tan deslumbrante protagonista.

NO TODO LO ANGLÓFONO ES MICHAEL BAY
Entre propuestas independientes, trabajos de autores destacados y cine movido hecho con calidad, la cinematografía norteamericana logró aportar algunos títulos valiosos a una cartelera vencida por la Fuerza, superhéroes e intentos muy asnos por hacer reír a las masas (debe existir un círculo en el infierno muy particular para mentecatos como Anne Fletcher por dirigir estulticias como “Dos Locas en Fuga”). De entre un nutrido año de estrenos, lograron destacar por su calidad “Whiplash” (Damien Chazelle), donde la música de jazz es tan solo el medio que orienta la batalla entre un aspirante a baterista y su malsano pero muy honesto instructor, aquí las percusiones y golpes de platillo se dan verbalmente en una confrontación de antología cuya violencia sonora y visual crea música para mis ojos y oídos; “Puro Vicio” (Paul Thomas Anderson), truculencia humorística marinada en la probada visión de poesía cáustica de su director, a quien aún falta verle una película siquiera regular. Un desparpajado homenaje al film noir basado en la novela de Thomas Pynchon de métrica y distribución narrativa íntegras que genera hilaridad no por lo que se muestra, sino por aquello que no lo hace, además de ofrecer uno de los mejores detectives fílmicos encarnado por un exquisitamente guarro Joaquin Phoenix; “Sicario” (Denis Villeneuve), siete de siete para este contundente cineasta francocanadiense, quien ahora relata desde las entrañas de una frontera México-E.U. eviscerada por el narco una historia donde toda línea moral y ética se borra como una de cocaína, engarzando al espectador en una pesquisa/cacería federal norteamericana convencida que el fin justifica los medios y los miedos que infunde en su protagonista femenina (muy bien desarrollada por la británica Emily Blunt). Buenos y malos se funden entre el polvo y la sangre de Ciudad Juárez. Por otro lado, el cine de acción y género se vio muy bien representado por “Mad Max: Furia en el Camino” (George Miller), brillante persecución de dos horas manejada con el brío y la sutileza de un mazo entre las cuencas oculares colmado de personajes con inaudita atracción visual y narrativa que insuflan vida a una franquicia dada por muerta, y “Snowpiercer” (Bong Jon-Hoo), meditación sobre la condición humana y de clases en tenor de ciencia ficción claustrofóbica y de gélida creatividad plástica donde la brutalidad de sus actos residen en explosiones narrativas de solvencia dramática y no necesariamente en la gratuidad visual. Mención aparte merece “Intensa-Mente” (Pete Docter, Ronnie del Carmen), relato cerebral en todos sentidos compuesto por un acercamiento sensible y honesto a su tema (básicamente, la condición humana desde el punto de vista del psicoanálisis) que, junto con la hermosa producción japonesa desarrollada bajo una paleta plástica tradicional “El Cuento de la Princesa Kaguya” (Isao Takahata) vinieron a redondear las propuestas en tono y formato al cine válido y propositivo durante el 2015. Esperemos que el siguiente produzca un número similar o mayor al respecto, aunque nunca sobrarán pretextos para seguir haciendo comunión en ese cuarto oscuro con aquella pantalla plateada que nos guiña a 24 cuadros por segundo.

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