Analine Cedillo 
Agencia Reforma

Mil 75 hombres y 35 mujeres conforman el equipo de pilotos de Aeroméxico, entre ellas Verónica Cervantes, la primera comandante de uno de los cuatro aviones Boeing 777 de la aerolínea, y Genoveva Leipold, primer oficial.
Verónica prefiere que la llamen “capitán”, pero sólo porque “capitana” le suena demasiado cacofónico junto a su nombre. Fue la segunda piloto en ingresar a Aeroméxico, hace 34 años, y su vida está tan ligada a la aviación, que no sorprende que, el suyo, sea el primer matrimonio entre pilotos que se dio en la línea aérea.
El 20 de agosto, tras un año en su actual cargo, la capitán lideró el primer vuelo transpacífico, entre México y China, tripulado sólo por mujeres. Genoveva, quien ha piloteado aviones por 16 años, la acompañó en la travesía como copiloto.
Sin estar ligado a una fecha significativa, el vuelo que hizo historia se le ocurrió a la capitán simplemente porque ya era algo viable: llegó el momento en el que hubo una piloto al mando del 777, dos primeros oficiales mujeres y 10 sobrecargos que se sumaron a la convocatoria.
“Decir sí se puede, aquí estamos”, fue la clave, cuenta Verónica, además de sacudir la idea de que todos los pilotos son hombres.
La travesía con toque femenino llevó a más de 170 pasajeros a bordo (eso sí, mixtos). En total recorrieron 11 mil 49 kilómetros entre la Ciudad de México y Shanghái, con una escala en Tijuana.
En 2015, Aeroméxico no ha sido la única aerolínea que ha impulsado vuelos operados sólo por mujeres: el 20 de mayo, para recibir el nuevo Boeing 737-900ER United Airlines organizó un vuelo entre Seattle y Chicago sólo con empleadas de la aerolínea a bordo, como pasajeras y tripulación.
Además de reconocer a sus trabajadoras, la intención fue motivar a las jóvenes a entrar en el mundo de la aviación comercial.
Las pilotos reconocen que cada vez se topan con menos cejas levantadas cuando los pasajeros descubren que una mujer estará al frente de la aeronave que abordan, sin embargo, recuerdan que al principio de sus carreras tuvieron que hacer frente a los prejuicios.
“Hay de todo, hay compañeros que les encanta volar con nosotras, hay compañeros que dicen que somos más disciplinadas y metódicas para hacer las cosas, hay compañeros que mientras haces el trabajo les eres indiferente y hay dos que tres que no les parece”, cuenta Genoveva sobre su experiencia en el aire.
Coinciden en que en su trabajo -como en otros- la capacidad de llevarlo a cabo no está determinada por el género, sino por otros aspectos, entre ellos ser independiente, tener mucha pasión por lo que se hace y resistir un estilo de vida que demanda estar muchos días fuera de casa, perderse momentos importantes con la familia y amigos, o acostumbrarse a dormir y comer cuando se pueda. Pero volar un avión, lo vale.
“Se siente libertad, es un gozo, es como alimento del alma”, asegura la primer oficial.
En el futuro, de acuerdo con la dirección de operaciones de la aerolínea mexicana, es probable que se realicen nuevos vuelos tripulados sólo por mujeres, quizá en fechas clave como el Día de la mujer o el Día mundial contra el cáncer de mama.