Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, en diversas ocasiones, le he expuesto que el remedio a todos los males que aquejan a nuestro país es la educación, entendiendo a ésta como una necesidad primaria ante una sociedad carente de cultura universal y fundamentos ideológicos, tratando de llegar así a ser una nación fuerte, unida y con principios sólidos.

¿Cómo solucionar el problema de la corrupción? Con educación, porque con una correcta formación en las aulas forjaríamos a mexicanos con ética y conciencia social, conviviríamos con personas que realmente aman a su país. ¿Cómo solucionar el problema de la pobreza? Con educación, porque les daríamos a nuestros niños y jóvenes las herramientas necesarias para generar una igualdad de oportunidades para todos y nos permitiría competir con la capacidad intelectual de niños y jóvenes del extranjero.

En otras palabras, nuestro sistema educativo no ha sido capaz de formar jóvenes mexicanos comprometidos con su persona, con su comunidad, con el propio país. Los profesores no hemos logrado el objetivo de proporcionar una educación integral con la que surjan esos mexicanos preparados, trabajadores, honestos y con espíritu humanista.

No se da verdaderamente una interacción entre los conocimientos y la experiencia de un maestro con el deseo y la disposición de un alumno, cada quien navegamos en un mar diferente, partimos de un puerto distinto y llegamos a un destino final que regularmente no coincide.

Una especie de decálogo de principios y convicciones que deberíamos poner en práctica todos los profesores, hoy y siempre, es el siguiente:

1) La docencia no es un trabajo, es una vocación y un estilo de vida, es una actividad que se debe vivir intensamente y ejercerla con cariño, responsabilidad y compromiso.

2) El maestro debe ser amigo del alumno, tratar de intercambiar con él conocimientos y puntos de vista para que se dé una retroalimentación, siempre haciendo valer su autoridad y el respeto que se merece.

3) La formación académica debe ser humanista, de nada nos sirve atiborrar de conocimientos a la juventud si no los hacemos sensibles a la esencia humana de solidaridad y a las causas sociales más importantes.

4) El profesor debe dar el ejemplo en cuanto a la responsabilidad, a preparar debidamente sus clases, a ser un investigador constante, su asiduidad y su puntualidad.

5) El maestro debe asumir como suya la enorme responsabilidad de educar, instruir y fomentar el amor por México, de lo contrario nos exponemos a tener una patria hueca, sin sentimientos de pertenencia ni arraigo.

6) El profesor siempre debe estar preocupado y ocupado en mejorar el método didáctico que sigue para impartir las clases, pues de ello depende, en mucho, el éxito y provecho de las mismas.

7) El catedrático debe impulsar en los jóvenes el deseo y la necesidad de la investigación y de estar enterado de lo que acontece a nuestro alrededor, pues de no hacerse, estaríamos desconectados de nuestra realidad.

8) El maestro debe dejar en claro los valores fundamentales de una autoridad como el respeto, la atención en clase, el compromiso de cumplir con los rasgos de evaluación, entre otros.

9) El profesor tiene la obligación de fomentar en los jóvenes las herramientas de la oratoria, de la redacción, del uso de los medios electrónicos, por mencionar algunas.

10) El maestro tiene que vivir enamorado de lo que hace, de lo contrario se está haciendo un daño a sí mismo y también está perjudicando a niños y jóvenes que son la esperanza y el futuro de nuestra nación.

En honor a la verdad, es un privilegio tener la oportunidad de ser maestro, esta faceta es muy trascendente en la vida de un ser humano y reclama compromiso, exigencia y cariño. Para concluir, quisiera no quitar el dedo del renglón: Los que son estudiantes deben estar conscientes de la importancia de estar bien capacitados y de tener valores firmes. Los que somos profesores debemos estar conscientes de que nuestra labor tiene un sentido y un valor muy alto para nuestra sociedad, ahora y en el futuro. Ambas partes debemos ir de la mano en la construcción de una nación fuerte, justa y progresista.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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