Noé García Gómez

Con la visita del papa Francisco a México tengo esa sensación de pena propia y ajena, esa sensación que surge cuando alguien a quien conoces hace el ridículo y no se da cuenta él si no todos los demás, ese ridículo que muchas veces genera la embriaguez, pues no sé si nuestra clase política estaba embriagada pero generar actos que rayaron en lo penoso.

Eso ocurrió con la visita del Papa a México.

Primero, la faraónica recepción en el hangar presidencial, alfombra roja y caravanas de artistas y políticos, alfombra que se negó a pisar Francisco y que aprovechó todo momento para romper el exagerado recibimiento oficial, tratando de ser congruente con su humilde y sencillo estilo.

Segundo, en Palacio Nacional la clase política confundió la visita de un jefe de estado, con un concierto de un rockstar, borrachos de poder y de estar en una área vip, los políticos ahí reunidos de todas formaciones ideológicas y partidistas oían (mas no escuchaban) el duro mensaje que el jefe del estado vaticano les hacia al poder en México y las condiciones, que esa clase política tienen a su pueblo. Como si se tratara de un concierto, la elite política coreó “bendición, bendición” algunos Secretarios de Estado trataron de besar el anillo papal y rompieron filas para acercarse a Francisco, otros lo detuvieron para tomarse selfies, y ahí estaba Zambrano, Graco, Basave dirigentes de izquierda que tanto criticaron a Fox y sus reverencias a Juan Pablo II, hoy eso se quedó más que corto.

Tercero, en la Catedral Metropolitana y ante los jerarcas católicos del país, el pontífice regañó públicamente la grilla que se desarrolla entre ellos, además les jaló las orejas por querer ser complacientes con los poderosos llámese narcotráfico o políticos.

Cuarto, el Zócalo que sería una visita sin distinción programada para 70 mil personas no llego ni a la mitad de asistencia, los excesivos cinturones de seguridad y revisiones, desmotivaron a los capitalinos acostumbrados a hacer suyo y sin permiso la plaza cívica más importante del país. El extremo fue que el Estado Mayor pidió identificación al propio Jefe de Gobierno capitalino Miguel Ángel Mancera con el argumento de evitar un ataque terrorista.

Quinto, Ecatepec, en un escenario parecido a los que usaba Hitler y diseñados por Goebbels, el gobierno del Estado de México gastó millones, con un escenario de dimensiones descomunales, 200 metros de escenario y para tratar de justificar dicho gasto dijo, que posterior a la visita del Papa se reutilizará todo el material, preludio de los excesos del área VIP, donde sobró comida, algunas notas documentan que era tanta que los trabajadores no pudieron llevársela y la tiraron. Mientras en las afueras de la zona vip, miles de personas tenían más de 12hrs en una incómoda explanada sin alimentos y pocas bebidas que los hidratara, ya que los excesos del Estado Mayor impedían entrar con alimentos a los visitantes por riesgo de seguridad.

Sexto, en Chiapas el gobernador trató de preparar un mega-festival escolar, con lo que considera las atracciones folclóricas que representan la parte indígena de su estado, sí tratando de utilizar a seres humanos como si fueran decoración o una especial atracción al mestizo; también apartó alrededor de un centenar de lugares en las primeras filas para familiares y amigos. Además de que se declararon dos días de asueto por el evento, oficinas de gobierno e instituciones educativas no laboraron.

Algunos comunicadores comienzan a difundir que no hay el mismo entusiasmo en la visita con Bergoglio que con las de Juan Pablo II, la gente no se ve tan alegre, animada, con energía, lo que no dicen es que es difícil física y mentalmente estar al cien por ciento después del maltrato, penurias y obstáculos que los organizadores pusieron para sus eventos, como si quisieran que el pueblo mexicano no se le acercara y los que lo lograron estuvieran adormilados, para no transmitir el dolor de muchas heridas abiertas en México.

Pero me quedo con sus intensos, inteligentes y profundos discursos, en contra de la desigualdad y los poderosos, el dirigido para los jóvenes y el de la violencia y el fracaso de la reinserción social.

No vino a regañar, como algunos esperaban, vino a ser crítico y concientizar, como nunca una figura mundial y con alta calidad moral habló con claridad y sin tapujos sobre la violencia, la injusticia y la corrupción, y lo habló en la cara de quienes son los principales responsables, pero desvergonzados en primera fila solo pensaban la hora de poder tomarse una selfie o que los enfocara la cámara junto al Papa, para ser usada con fines políticos y electorales.

Twitter: @noeg2