Por J. Jesús López García 

Los aguascalentenses de ciertos años solemos medir nuestra edad con las diversas experiencias que hemos vivido conociendo los diferentes edificios de El Parián, y si bien la población que conoció y trae a la memoria la finca anterior de los años cincuenta del siglo XX, es cada vez menos, sin embargo a la mayoría de los acaliteños nos queda claro que el edificio actual es sólo la última versión del conjunto comercial levantado en los años ochenta del siglo pasado.

La tradición de los parianes no es solamente local, viene de la Nueva España, y con ese nombre se designaba en principio a los sitios donde se vendían objetos y productos diversos provenientes de Asia. Lo más es que iniciaron siendo pequeños tianguis sin edificación definida y posteriormente de forma gradual se constituyeron en portales –de ascendencia griega por la «stoa», mercados porticados de la antigüedad–, fueron delineándose en un todo concreto.

Como se colige, en los parianes confluyen múltiples influencias, desde el pasado grecolatino en su forma y disposición espacial, pasando por las maneras en que el comercio, hace más de trescientos años comenzó sus pinitos en la globalización actual y demás situaciones rodeando el hecho de poner en contacto a la gente, las ideas y los frutos de orígenes diversos.

El primigenio Parián, según se puede observar en fotografías de la época, contaba con una serie de comercios en cada uno de sus lados y en el centro un espacio en el cual se vendían flores, loza y demás productos para la vida cotidiana. Con el pasar de los años y el auge deportivo, particularmente del basquetbol, en los años treinta del pasado siglo, a decir de un periódico local: “…hubo necesidad que al centro del Parián se construyera una cancha que aminorara la carencia de lugares para llevar a cabo esta práctica… sin embargo los gobiernos siguientes no dieron mantenimiento a la cancha por lo que hubo necesidad de que en mayo de 1945 se le realizaran algunas mejoras con el fin de que los atletas de Aguascalientes tuvieran un espacio en donde llevar a cabo su deporte preferido… la cancha no estaba cubierta, era al aire libre, por lo que continuamente, cuando había condiciones climáticas adversas, se suspendía lo programado”.

Con el paso del tiempo, poco a poco, las condiciones de El Parián eran deplorables, observándose cada vez un deterioro que requería acciones para sacar adelante la icónica finca, no obstante no se realizaron las adecuaciones que el inmueble necesitaba, al menos no en ese momento, ya que a partir de 1948 dio inicio la demolición del antiguo Parián siendo presidente municipal el Ing. Luis Ortega Douglas quien contaba con su proyectista personal: el Sr. Víctor A. Galván R., quien por cierto también fue el diseñador del Fraccionamiento Primavera.

La propuesta mostraba influencias aún ligadas a una apariencia colonialista como la de las obras de la época, como la exedra que rodea la columna de la Plaza Principal. En el piso se colocó mosaico de pasta de cemento y para dar cierta cohesión nacionalista se recubrieron las fachadas con cantera y tezontle, tal como se hizo en el Palacio de Gobierno, posiblemente en alusión o filiación al Palacio Nacional, a su vez un ejemplo de arquitectura nacionalista con tintes novo hispanos derivada en buena medida de algunos de los postulados de José Vasconcelos para crear iconos que sirvieran de referencia nacional.

El Parián actual es ya un centro comercial moderno y no un mercado proveniente de la tradición virreinal, si bien la procedencia asiática de muchos de los objetos y productos de los que se venden ahí, prevalece. La compra venta es una experiencia dinámica y pragmática, por lo que los espacios generados por ella y para ella deben ser igualmente dinámicos y pragmáticos. Las versiones del Parián local son sólo una manera de interpretar lo que se realiza y es llevado a cabo en él. Conserva su porticado, ya no a través de una arcada, y en su disposición concéntrica, si bien el espacio en el centro se ha modificado por uno cubierto. No obstante el edificio actual es cortés con la forma arquitectónica con su edificio predecesor, incluso en las esquinas ochavadas continúan vigentes.

El comercio continuará y, con él, la arquitectura, que tarde o temprano, habrá de seguirle. Los mercados tradicionales incluso están mutando no en obediencia al intercambio de productos, sino a la atención a los usuarios definidos, enfatizándose con ello no solamente el hecho de adquirir, sino la experiencia de estar ahí, se compre o no algo.

Las versiones de edificios para el comercio se irán amoldando al uso, certificando la pertinencia o no de aquellos realizados para tal fin. Esas propuestas irán incluso apareciendo para satisfacer más modalidades de la compra venta, en tales circunstancias, aquello que es sujeto de intercambio va en aumento y diversidad, así que esperemos mercados cada vez inéditos y para ello la arquitectura siempre estará presente, tal y como ha sido a través de los siglos.