Fernando López Gutiérrez

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@ferlog14

Venezuela vive una grave crisis: inflación, desabasto de productos básicos, limitaciones en el consumo de agua y energía son condiciones que enfrenta la población y que el gobierno busca minimizar con su discurso y con medidas de control que nada resuelven. Precisamente, la creencia del gobierno de Nicolás Maduro de que el Estado puede intervenir de forma efectiva en el manejo del tipo de cambio y su rechazo al aceptar los errores que ha cometido hunden al país en una espiral de depresión económica que se vuelve cada vez más difícil de romper.

No obstante, parece ser que la preocupación fundamental de las autoridades en Venezuela es otra. La explicación de los efectos negativos de la política económica que ha adoptado recae invariablemente en las tentativas norteamericanas y de la oposición para desacreditarlo. No existen indicadores, datos o argumentos objetivos que sean válidos para que el gobierno evalúe su propio desempeño y tenga la capacidad de responder a la difícil situación que enfrenta el pueblo venezolano. Cuando se tiene una justificación ideológica para cada error, las oportunidades de corregirlo desaparecen porque todo señalamiento o crítica termina perdiéndose en discusiones subjetivas e idealismos.

Pero la realidad de Venezuela ya no soporta la revisión de conceptos y las proclamas de lucha. Las dificultades para conseguir medicamentos, las complicaciones cotidianas para adquirir bienes básicos y las deficiencias en la provisión de importantes servicios acervan el descontento social y llevan a la población a exigir resultados. Lamentablemente, Maduro y su gobierno no están acostumbrados a escuchar, retroceder o aceptar sus equivocaciones; para los próximos meses pueden esperarse más acciones de control que no ofrecen resultados: incremento en salarios y pensiones sin un respaldo económico real, intervención ineficiente del Estado en diversos mercados, medidas irrelevantes para el ahorro de energía.

Durante muchos años, Venezuela ha sido un foco de atención en Latinoamérica, un país sobre el cual se ha tenido información contradictoria y posturas encontradas. Hoy, por lo menos en lo que se refiere a las condiciones económicas, parece que lo que se observa en este país no está sujeto a interpretaciones. Las opiniones y juicios convergen en un diagnóstico sumamente negativo y, una vez más en la historia, los hechos parecen superar la interpretación ideológica de las condiciones sociales. Mientras tanto, los venezolanos soportan con orgullo las malas decisiones de un régimen que no tarda en derrumbarse.