Valor de Barba y Hondura de Ureña; valieron la tarde

Por Alejandro Hernández R.

Fotos: Enrique de Santiago S.

Ayer volvió a presentar la empresa una señora corrida de toros-toros, como decían los revisteros de antaño, con bigote y barba, procedente de la ganadería Villa Carmela, aplaudiendo el escasísimo público asistente, a casi todos los toros al momento de irrumpir al ruedo, por su presencia, por su trapío, por sus hechuras, adquiriendo relevante mérito, lo que los tres espadas Fabián Barba vestido de azul pavo turquesa y oro (oreja y al tercio), Paco Ureña, el español y triunfador de Sevilla donde salió por la puerta del Príncipe, de azul noche y oro (oreja y palmas), mientras que Mario Aguilar, de rosa y oro (silencio y silencio).

Por desgracia, decía Pepe Moros, cuando hay toros no hay toreros, y cuando hay toreros no hay toros, siendo precisamente esto último, lo ocurrido durante la décima corrida de un Serial que está a punto de fenecer.

Desgraciadamente, y no obstante lo bien presentado de la corrida, ésta no correspondió al honor de la divisa, porque ha campeado la debilidad, quizá pesándoles los kilos, lo reservón que fueron y además algunos desarrollando genio traducido en violencia y la cara suelta.

Ante ello, la labor de los toreros se multiplicó en esfuerzo y exposición, teniendo los tres, cada cual a la medida de sus circunstancias, que emplearse con valentía e inteligencia. Como fue el caso de Fabián y Paco Ureña y su toreo de hondura y gran capacidad taurómaca.

Ayer, sufriendo los estragos de una tarde de mucho calor y bochornos, con lago de viento, los tendidos de la Monumental de Aguascalientes, ha sido la más pobre del Serial, si acaso rozando un cuarto del aforo, donde vimos la actuación del primer espada Fabián Barba, con un toro que llegó a la muleta muy apurado de fuerza, perdiendo las manos de continuo, y agarrado al piso, con una distancia muy corta, estando el torero acertado al no exigirle, toreándole a media altura, para que durara un poco más, pero con valentía y voluntad, acabando por torearle llevando la muleta retrasada y citando muy en corto. Dejó una entera ejecutando limpiamente la suerte, saliendo por el costillar, en una buena ejecución. Cortó una oreja.

El cuarto fue un toro bien armado, que no terminó por romper, siendo complicado, con la cabeza suelta, siempre atento al torero y queriendo herir, volviendo muchas veces en las manos o viniéndose por dentro, jugándose la epidermis el torero acalitano, en una actuación por demás meritoria y entregada. Al final saludó en el tercio.

Hizo su presentación el torero murciano Paco Ureña, topando primero con un toro muy reservón, sin raza, luciéndose con el percal y en un quite por mandiles, como tarjeta de presentación, siendo ovacionado. Con un gran sitio, puedo torearle por la derecha con hondura y mucho temple, llegando fuerte al graderío, con una buena dosis de valor y firmeza, haciendo el toreo con gusto, sintiéndolo, como esos derechazos tersos no obstante la violenta acometida. Falló con la espada y saludó en el tercio.

Pero con su segundo, un toro con clara tendencia a los maderos, de salida incierto, sin calidad ni el deseo de emplearse, propiamente le inventó una faena, conquistando con ella al público que se mantuvo siempre atento al toreo del murciano, quien al final, logró tandas con la mano diestra tan coreadas como meritorias. Siempre, parando, templando y mandando, en series bien rematadas con el de pecho de cabeza a rabo, unas tandas a pies juntos y citando de frente, y otras con el compás abierto, realizando todo con mucha torería, con sabor, con hondura y abandonado, sin recurrir al toreo chabacano, ni pases por la espalda, siempre de pie y con absoluta seriedad. Mató al primer viaje y le fue conferida una oreja.

Por desgracia, el lote menos propicio correspondió a Mario Aguilar, de figura un tanto basto, quien ha estado intentando triunfar, aunque es evidente el poco sitio que tiene por la falta de torear con regularidad, a su primero lo dejó estrellar, al igual que los peones, mucho, a la salida del capotazo, sacando de tablas a los medios al toro, con la intención de que le fuera mejor, pero el bicornio, de menguadas energías, rodó y rodó por la arena, además de no caminar. Luchó por extraerle algunos pases en redondo sobre ambos perfiles, careciendo de respuesta popular. En su afán de tener éxito, alargó un tanto su actuación. Dejó una estocada trasera y atravesada. Silencio.

Con el cierra plaza, un toro con genio y poder, que tiró de cabeza al picador, inició su faena con primor al llevar a su enemigo de tablas a los medios con pases de trinchera y trincherilla siendo muy ovacionado. Por desgracia poco le duró el gusto, al no encontrar correspondencia en su enemigo, viéndose con ciertas dudas y escasito empeño. Su labor fue silenciada.

Para hoy, se había anunciado una corrida de Julián Hamdan, corriendo la versión que se parchará la corrida con tres toros de San Isidro y para rejones uno de Fernando de la Mora. Al final y a ciencia cierta no hay algún comunicado oficial, por lo menos en este diario.