Por J. Jesús López García 

La mediación del hábitat humano y su entorno natural se produce por una especie de dominio sobre éste último en beneficio de un mejor aprovechamiento de sus bondades. Ese hecho es el que marca la diferencia de la manera de habitar el hombre y la que presenta el resto de las especies pues la transformación del entorno es la principal característica y el cambio que va desde la agricultura y la ganadería hasta la creación de ciudades que aún hoy en día continúa en un plano que se aleja de lo físico para acondicionar lo virtual.

A partir que los humanos realizaron sus pinitos en temas agrícolas, la arquitectura ha fungido como motor y expresión de la transformación del mundo, y aunque parece olvidarse el papel en la sedentarización de las comunidades de la mano del cuidado de las tareas del campo, esa conjunción de labores -agrícolas y constructivas- de vez en vez, vuelve a manifestarse en obras que restablecen el vínculo.

En el siglo XIX la reconstrucción de la parte central de Chicago, USA, tras el gran incendio que la dejó devastada, reemplazó grandes superficies de establos -que fungieron como factor decisivo para el inicio y la eficacia del fuego-, no quedaron huellas de lo que propició la fundación de la ciudad original, gran centro urbano del medio-oriente norteamericano, una de las regiones con mayor producción agropecuaria; los rascacielos transformaron el entorno urbano y la metrópoli se recreó en el carácter que hasta la fecha le hace distintiva. El espíritu campestre fue sustituido durante la Revolución Industrial por la búsqueda de Utopía, esta vez adaptada a las nuevas condicionantes del dinamismo del mercado moderno, a la eficiencia operativa e higiene.

Desde esas plataformas el arquitecto francés Tony Garnier realizó el Matadero de La Mouche (1913) en Lyon, Francia, que hacía eco a su planteamiento de Ciudad Industrial (1904). Lo que apuntaló la propuesta arquitectónica y urbana fue la representatividad del Estado vía la municipalidad pues las labores agrícolas son en colectividad. De carácter privado o estatal, hay trabajos que tienen una característica representativa ante la comunidad, y los edificios que les  albergan los reconocen aquellos quienes no tienen algo que ver con esas tareas.

En Aguascalientes, el símil de aquel desolladero francés es el conjunto de la Unión Ganadera Regional de Aguascalientes, cuyos inicios se remontan a principios del siglo XX. El antiguo Rastro Municipal venía prestando servicios a la comunidad desde 1902 en una añeja finca ubicada en la calle Guerrero, que en los años sesenta representó un problema de salud pública; en tales circunstancias el Ayuntamiento capitalino decidió emprender la edificación de un conjunto nuevo al noroeste de la ciudad. Este edificio formaba parte de un conjunto de instalaciones que se constituyó como la Unidad Ganadera (enero de 1964) que contemplaba a los corrales en serie para la recepción y engorda del ganado mayor y menor con capacidad de 5000 cabezas, además de las bodegas de almacenamiento, así como el edificio para la planta mezcladora de forrajes. La unidad contaba con todo el acondicionamiento requerido, entronizándose como la mejor del país en ese momento: El rastro y una espuela para facilitar el acarreo de animales a través del ferrocarril.

El 27 de julio de 1965, para el proyecto del edificio de la Unión Ganadera Regional de Aguascalientes -siendo el presidente Gustavo A. Lomelín y el Secretario Everardo Covarrubias-, se convocó a un concurso dirigido particularmente a los arquitectos residentes en el estado. Los espacios requeridos fueron: a. Auditorio para 250 personas (lugar para aparato de proyección, estrado y servicios sanitarios), b. Foyer para el auditorio y exposiciones eventuales, c. Sala de asambleas de Consejo para 20 personas, d. 4 oficinas para Unión y Asociación Ganaderas, e. Servicios sanitarios y f. Estacionamiento. Para septiembre de 1970, las instalaciones del conjunto, incluyendo la Empacadora de la Unión Ganadera estaba lista para funcionar, solamente restaba que la Secretaría de Agricultura autorizara la prueba para que la planta operase con carácter de Tipo Inspección Federal.

La propuesta arquitectónica representa la tardo-modernidad propia de fines de los años sesenta y principios de los setenta. Le antecede un jardín que hace las veces de amortiguamiento de las actividades propias del recinto y la calle. Esas funciones que pueden ser crueles para varias sensibilidades, son atemperadas por el tratamiento del edificio en el que se optó por superficies y líneas curvas más afables que los planos y perfiles rectos, más adustos y severos. El edificio no se presenta a la vía pública como una bodega más sino que adivinando la responsabilidad urbana de toda arquitectura, presenta como frente la imagen más generosa de las oficinas.

La industrialización contemporánea ha tocado prácticamente todos los aspectos de la experiencia humana y la arquitectura ha ido dando forma a ese hecho a través de la creación de géneros y tipos nuevos de edificios, en algunos casos ya eran existentes esos espacios desde la antigüedad pero las modalidades operativas y mercadológicas actuales requieren su replanteamiento. La arquitectura tiene la capacidad de proponer nuevas soluciones a viejos dilemas.