Jesús Eduardo Martín Jáuregui

“Ábranse piojos, que ahí les va el peine”, expresión popular.

Sólo superada por la noticia de la fuga del Sr. Chapo, la destitución ya esperada del Sr. Piojo, quien hasta ayer era el director técnico (antes les decían entrenador) de la decepción, digo la selección nacional, se convirtió en “trend topic” como dicen los “cool” o viral por seguir bien acá. El ascenso y caída en popularidad del Sr. Piojo es todo un tema (ahora que eso de los temas está de moda, todo es tema, o no es tema), y su debacle se debió indudablemente a no comportarse como Dios mandata (El Sr. Presidente Enrique Peña dice mandatar en vez de mandar), y a enfrentarse con uno de los grandes poderes sociales en México, no me refiero a los medios, sino al dueño del medio en donde trabaja la víctima del piojo.

¿Qué el Sr. Chapo no aparece? ¡Saaabe!, ¿Qué el dólar subió a cerca de 17 pesos y se devaluó estrepitosamente nuestra moneda? ¡Saaabe!, ¿Qué el General Cienfuegos afirma que ahora sí no se tolerarán los abusos de algunos soldados y se juzgarán implacablemente? ¡Saaabe! ¿Qué el Sr. Piojo cacheteó a Martinolli y la

Srita. Pioja hizo lo mismo con Luis García? ¡Qué queeeé!, lo escuché en el radio, me lo gritaron en la tele, lo difundieron en face, lo dispersaron en twitter, y lo compartieron en periscope. No tuve opción. Me dediqué a averiguar quienes eran Martinolli y García y por qué razón la familia piojosa se había cebado sobre ellos. Mi conocimiento se limitaba a recordar un jugador argentino que militó con los panzas verdes del León en el tiempo, creo recordar, del “Cinco copas” Antonio “Tota” Carbajal, sí, el mismo que hace pocos días declaró que estaba avergonzado de la forma en que habían favorecido al equipo mexicano, marcando un penal inexistente para que, con todo y piojo pudiesen llegar a la final de la Copa Oro. Martinolli se quedó a vivir en León y puso un restaurant de carne asada. ¡Tantos siglos de cultura para conformarse con carne asada!. Por el contrario Alberto Etcheverry, centro delantero en su tiempo del Irapuato, campeón goleador con el Universidad, que terminara también en León y estableciera también un restaurante, éste, el Vía Véneto en la López Mateos de aquella ciudad, con una cocina que rivalizaba con la cadena Zonura y que, nomás para abrir boca, las berenjenas a la vinagreta eran una oda al arte culinario, para seguir con el espagueti y rematar con una merluza de rechupete.

Un amigo impío me saca de las evocaciones gastronómicas y me actualiza. Martinolli, nieto del de la carne asada, junto con Luis García y Jorge Campos que trabajaba de portero y después de tortero, y que usaba unos trajes elaborados con las más selectas telas estampadas, marca costales Purina, han formado un coro para entre risas, libaciones no, chascarrillos y versos, gritar goooooooool y entretener los aburridísimos partidos del futbol nacional, que si no fuera por los gritos de los comentaristas, serían el remedio mas eficaz contra el insomnio, bueno, casi el mas eficaz, solo superados por las transmisiones del Canal del Congreso y las del Canal de la Corte. Los tres trabajan para la televisora del Ajusco, creo que así le dicen y de la que tengo certeza de su existencia porque también transmiten un deporte de estrategia, de fuerza y de inteligencia, en el que los veintidós jugadores en la cancha son importantes en cada jugada.

La noticia abunda en el sentido de que el Sr. Piojo no obstante no tener piel, la tiene sensible (en sentido figurado por supuesto) y no obstante que los de su especie son hematófagos no soportó que alguien le estuviese chupando la sangre, (en sentido figurado por supuesto), haciendo comentarios críticos, y le hirvió la sangre, la propia, y le puso la mano encima al comentarista de marras. Me dicen, yo no aguanté toda la información en los medios, que la Srita. Pioja no se quiso quedar atrás y también le dio su desconocidita al otro comentarista, a Luis García, y que Jorge Campos se escapó, por estar camuflado con alguno de sus discretos uniformes marca destrózame la pupila.

Como se aprecia claramente soy un total villamelón aunque alguna vez fui aficionado y partidario del Oro de Mota, Ascencio, Peña, Carlitos Peters, González Navarro, Felipe Ruvalcaba, Nicola Gravina, Zurdo Pérez, Amaury, Necco y Tepo Rodríguez. Entiendo los apasionamientos y me hacen gracia, pero no entiendo que, por ejemplo, se toleren desfalcos, fraudes, pillerías, engaños, etc., etc., y los plumajes crucen los pantanos sin mancharse, y de esos plumajes lamentablemente hay, y muchos, en el medio del futbol. Remember Fifa y ¡basta!

La marcación del penal inexistente en cuanto daño al “buen nombre y buena fama” de que goza el futbol nacional debiera ser, desde un punto de vista que pretendiera ser objetivo, bastante más grave que los piquetes del Piojo. El señor Piojo tiene todo el derecho a indignarse y si se extralimita, el señor Martinolli tiene todo el derecho a presentar su denuncia y en tratándose de nacionales en tránsito no le veo problema para que tuvieran competencia las autoridades penales mexicanas. Someterlo a un proceso penal si lo amerita y no convertirlo en una tragedia nacional.

Los baños de pureza de los directivos nacionales, de los que se han dicho muchas cosas, no todas bonitas, son, por lo menos, inoportunos. Otra cosa pudiera ser que solo estuvieran esperando el pretexto y el momento para despiojarse. Pudiera ser. Dejar que los actores del desafortunado incidente recurriesen a las instancias que la sociedad se ha dado para resolver los conflictos, hubiera sido una posición madura y serena. Reaccionar a bote pronto puede servir para calmar la ira del Sr. del Ajusco, que por lo que se sabe tratándose de insectos, tiene pocas pulgas y no soporta a los piojos, pero dejará siempre, me parece, la sensación de un rigor innecesario, que si en un árbitro es cuestionable mas lo es en un conflicto personal que lo hacen trascender al interés nacional. ¡Sea por Dios y no venga más!

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