Fernando López Gutiérrez

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@ferlog14

La semana pasada el Senado de la República discutió y aprobó un conjunto de reformas dirigidas a crear el Sistema Nacional Anticorrupción, mismas que habían sido presentadas como una iniciativa ciudadana. Este acontecimiento constituye un gran logro para nuestro país, debido a que permite que el proceso legislativo para el establecimiento de un régimen legal sólido, en materia de combate a la corrupción, avance. Ahora corresponde a la Cámara de Diputados analizar lo aprobado por los senadores y se observa que existen los incentivos y la voluntad necesarios para que el cúmulo de aspectos positivos que fueron sancionados sea ratificado y pueda entrar en vigor en el corto plazo.

Aunque se trata de una gran noticia, el aspecto de las reformas que más comentarios suscitó fue la negativa de los senadores del PRI y del PVEMde votar lo referente a los formatos para la presentación de las declaraciones patrimoniales de los servidores públicos en los términos planteados por la iniciativa ciudadana. En los diversos medios de comunicación se dejó de lado la revisión de los logros y beneficios contenidos en la minuta que el Senado generó y se abundó en las críticas a los partidos mencionados, que no coincidieron en el punto señalado con anterioridad.

Independientemente de las consideraciones respecto a la relevancia de la aprobación de los formatos para las declaraciones patrimoniales —las cuales ya han sido expuestas ampliamente por especialistas e interesados en el tema—, la manera en que el PRI manejó este importante asunto ante la opinión pública fue lamentable. En vez de aprovechar para destacar su papel en la aprobación de las reformas, el partido respondió de forma tardía y poco coherente a los comentarios negativos de la ciudadanía, la desaprobación de los medios y los reclamos de las organizaciones de la sociedad civil.

En lo que resulta un acto absurdo y deshonesto, en diversos medios de circulación nacional, el PRI reprodujo a manera de desplegado un artículo íntegro del doctor Mauricio Merino —Muchas buenas (y una no tanto), publicado en El Universal el 15 de junio pasado—en el cual, de forma objetiva, se hacía referencia a la importancia de las reformas. Como si los priistas no tuvieran la capacidad de explicar por qué votaron como lo hicieron o cuáles son los beneficios de lo aprobado, se valieron del prestigio y la calidad intelectual de un académico prestigiado para intentar aminorar las críticas.

Lejos de que esta decisión pudiera generar empatía por parte de los lectores, muestra las limitaciones del PRI para comunicarse con la ciudadanía y lograr credibilidad; deja de manifiesto la incapacidad operativa de quienes se encargan de dichas labores en el viejo partido y desnuda la atrofia que en funciones tan primordiales mantiene la que fuera, hace mucho tiempo, una organización especializada en generar aceptación y consenso.