Jesús Eduardo Martín Jáuregui

 

Mi sueño es el de Picasso; tener mucho dinero para vivir tranquilo como los pobres. Fernando Savater.

Fernando Fernández-Savater Martín, nació en Donostia, San Sebastián, en Euskadi, España. Estudio filosofía en la Universidad Complutense, impartió cátedra por mas de 30 años y duró casado con su esposa Sara mas de 30 años, fallecida apenas en marzo del año pasado. Ha escrito una veintena de libros con temas filosófico literarios, algunos muy populares por su estilo (intencional) de divulgación. Columnista de diarios importantes y libre pensador (whatever that means). Enemigo del terrorismo y de las dictaduras, demócrata convicto y confeso, con una amable página de autopromoción. Invitado por la UAA el pasado lunes provocó un lleno hasta las banderas en el salón de usos múltiples. Enterado de última hora por las redes sociales tuve oportunidad, gracias a la buena disposición de la Rectoría, de ocupar un lugar privilegiado, aunque, naturalmente en el papel, el privilegio era escuchar, no ver al escritor. Apenas dos años mayor que yo, fue sorprendente verlo llegar acompañado del Dr. Alfonso Pérez Romo, ex rector de la UAA, que tiene sin duda el don de Merlín, el mago, que conforme vivía, rejuvenecía, y constatar que el escritor parecía mayor.

En los pocos minutos de espera, mientras se iba llenando el salón, recordé una entrevista que le realizó para el diario español El País, el periodista Borja Hermoso. Gracias a la maravilla del aleph borgiano (el internet), la pude localizar y compartir algunas líneas: – El otro día, en la entrega del Premio Eulalio Ferrer, dijo que no se sentía filósofo sino profesor de filosofía. ¿Puede explicarlo?-, – Pues por lo mismo que un profesor de solfeo no es Glenn Gould. A mí me interesa transmitir, contagiar el interés por la filosofía. Y no conozco a un chico de 14 o 15 años que no esté interesado por ella. Lo que no les suele interesar es el profesor de filosofía. Yo he conseguido que se interesen también por el profesor. Y eso sí que tiene mérito-. España sin duda, ha tenido grandes filósofos, desde Séneca, hasta Marías, pasando desde luego por Balmes, Zambrano, Unamuno, Zubiri, Gaos, García Bacca, y seguramente el mayor José Ortega y Gasset, de quien sin duda con mala leche se decía, (y se escribe), que era semejante al Emperador Carlos de los Habsburgo: el primero de España pero el quinto de Alemania.

El título de la magna conferencia era sin duda prometedor y, por que no decirlo, provocador: “La literatura como alegría y salvación en el arte de educar”. A Don Fernando se le da lo de los títulos sugerentes, desde por supuesto el de “Ética para Amador” del que Aristóteles podría haber denunciado un plagio si no fuera porque ha transcurrido la friolera de dos mil quinientos años. Para muestra varios botones: Panfleto contra el todo, Caronte aguarda, Sobre vivir, Ética como amor propio, Sin contemplaciones, Las preguntas de la vida, Perdonen las molestias, Ética de urgencia, y la mas reciente Aquí viven leones, embriagadora ruta por las luces, las sombras, las manías, los dóndes, los cómos y los por qués (el contexto, en suma) que rodean a los grandes escritores y a la génesis de sus grandes obras (sic).

Si el bien y el mal a la cara salen, como quiere el refrán, es indudable que Don Fernando sea un hombre bondadoso, bonachón como se dice, con la sonrisa a flor de labios, generoso (pero para poder dar primero hay que recibir o al menos tener que dar), que luego de su exposición soportó con paciencia la andanada condensada de preguntas, algunas tan complejas como “¿Qué lecturas recomienda para los adolescentes?” (además de las suyas, but of course). Lo que es de notar es su magnífica capacidad de síntesis, en más o menos quince minutos, (menos de lo que dura la lidia de un toro), agotó el tema y se dispuso a sortear con humor y gracia las preguntas del público. Algo parecido me sucedió hace pocos años con el Dalai Lama en Guanajuato y Zacatecas, en donde en lugar de exponer una visión de su pensamiento y su doctrina, repartió girones contestando preguntas que planteaban la curiosidad, la inquietud, la notoriedad, pero de ninguna manera brindaban la oportunidad de explicar sistemática y coherentemente una visión del mundo y de la vida. ¿Sería mucho pedir? Seguramente sí, dados los resultados, como dice una sabia filósofa de raigambre yaqui.

El acto culminante no fue un reconocimiento académico sino la ceremonia de firma de libros, para lo cual se formaron filas perfectamente ordenadas de los neoadquirentes de los libros, que pasaron a recabar la rúbrica en un texto que quizá nunca se vuelva a abrir.

Dijo, por ejemplo: Cuanto más inculta una persona, más dinero necesita para los fines de semana. De lo que seguramente no se han enterado los restaurantes, ni los sitios de recreo, ¡Vamos! Ni siquiera las salas cinematográficas. A menos que ser culto signifique encerrarse sábado y domingo a vivir de oídas o de leídas, y leer, por ejemplo, la Filosofía del Gusto de Antoine Brillat-Savarin, la Nueva Guía de Descarriados de José Fuentes Mares, o de perdida la guía Michelin de restaurantes, y quedarse, con perdón, como el perro del carnicero. Dijo también cosas como: La educación es la antifatalidad, La literatura brinda la multiplicación de la vida, Nosotros somos el motor del libro, El libro malo es un enemigo fácil de vencer sólo hay que cerrarlo. Pero, mi real sensación, es la de que Don Fernando quedó a deber. Tener un foro de más de mil jóvenes estudiantes universitarios, motivados, interesados, dispuestos a escuchar y…despacharlos en un cuarto de hora con frases felices y más o menos ingeniosas.  Nietzche por boca de Zaratustra increpa al sol en uno de sus primeros cantos: “Oh Sol, ¿¡Qué sería de tí, si a aquellos a quienes alumbras te faltasen!?”. Allí estaban más de mil jóvenes dispuestos a ser alumbrados. Al salir me preguntaba, ¿por qué recordarán este día los asistentes?, ¿qué nos regaló para Aguascalientes, para nuestros jóvenes?, ¿por qué le recordarán como yo ahora recuerdo la presencia luminosa hace unas décadas, también en la UAA de Don Julián Marías o de Don Fernando Salmorán?.

Colofón.- ¿Pero si los pobres duermen tranquilos no es, obviamente porque tengan dinero? ¿luego?

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