Fernando López Gutiérrez

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En días pasados, después de la publicación de una columna escrita por el periodista Ricardo Alemán, diversos medios de comunicación criticaron y cuestionaron la probidad del Presidente Nacional del PAN, Ricardo Anaya. Debido a la información presentada sobre los gastos que realiza para mantener a su familia en Estados Unidos e ir a visitarla constantemente, se especuló sobre las fuentes de ingreso de este político y su calidad moral para aspirar a ser candidato a la Presidencia de la República.

Desde hace tiempo, en su declaración 3 de 3 (patrimonial, de intereses, fiscal) Anaya había hecho pública la información relativa a sus ingresos y ésta parece ser congruente con los gastos considerables que mes con mes lleva a cabo. Así lo han corroborado Transparencia Mexicana y el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), dos de las principales organizaciones promotoras de la declaración; no obstante, las críticas realizadas previamente al presidente del PAN parecen haber perjudicado notablemente la percepción que tiene la opinión pública de su persona.

Los cuestionamientos respecto a los gastos de Ricardo Anaya han ido más allá de la revisión de los ingresos que percibe y su correspondencia con las erogaciones que mantiene. En el discurso mediático, sin importar el origen de su prosperidad económica, el hecho de poder pagar ciertos privilegios para su familia lo convierte en un político de dudosa integridad. Además, la decisión de llevar a sus hijos a estudiar en Estados Unidos ha sido juzgada con indignación, pues algunos consideran que alguien que mantiene a su familia lejos de los problemas del país no tiene la calidad moral suficiente para referirse a éstos y enfrentarlos.

El tratamiento que se le ha dado a este asunto y la manera en que se ha expuesto públicamente a Anaya me parece lamentable. Si él y su familia gozan de condiciones económicas favorables, obtenidas de manera legítima, el derecho a decidir sobre el bienestar de sus miembros debería ser respetado. Es terrible que millones de familias mexicanas sufran carencias elementales y que existan condiciones tan marcadas de desigualdad entre diversos grupos sociales; sin embargo, me parece indeseable alimentar el encono de la población menos favorecida con planteamientos tan falaces, que no ayudan a resolver los problemas y son, evidentemente, instrumentos de una forma despreciable de hacer política.

Si el Presidente Nacional del PAN ha incurrido en algún delito o ha cometido algún acto de corrupción, debería ser denunciado y juzgado con toda severidad; del mismo modo en que quien acusa debería demostrar a cabalidad las pruebas que respalden sus dichos. La corrupción, la mentira y las calumnias son prácticas que no podemos permitir si aspiramos a construir una sociedad justa.