1ª Función
“LA CUMBRE ESCARLATA” (“CRIMSON PEAK”)
La vía idioléctica de Guillermo del Toro ya quedó muy clara: El mundo es un lugar capaz de albergar el mal más puro y demoledor, mas éste no viene acompañado de la forma que uno pudiera o quisiera esperar, pues sus universos narrativos están poblados de esplendorosas bestias cargadas de pathos y monstruos pérfidos con piel de humano. Las historias que hila truculentamente este director mexicano muestra que aquello que mora en las sombras no es tan temible como los hombres y mujeres que las protagonizan y su más reciente cinta, “La Cumbre Escarlata”, muestra precisamente eso, adecuándose a aquello que a este regordete tapatío tanto le apasiona: el descollamiento de la moral ante la trenzada lucha de un bien y mal cada vez menos claros en un cotidiano que semeja más a un infierno marca Dante que un período histórico determinado. Mia Wasikowska (“Alicia en el País de las Maravillas”) protagoniza lo que en esencia es un romance gótico de tintes sobrenaturales interpretando a una escritora en ciernes llamada Edith Cushing, todo un arquetipo de la fémina cautiva por el pensamiento literario romántico de principios del siglo XX. Ella vive en el Búfalo, Nueva York de 1900 a lado de su padre, un acaudalado y tozudo empresario que recibe a un baronet inglés llamado Thomas Sharpe (Tom Hiddleston), quien posee una propiedad en su país natal con una tierra rica en barro carmesí y unas minas subterráneas con mucho potencial, por lo que viaja de país en país recaudando fondos para un ambicioso proyecto de excavación. En el proceso, Edith y Thomas se enamoran, lo que es visto con malos ojos por la hermana de éste, Lucille (Jessica Chastain), mujer manipuladora, dominante y rodeada de una extraña aura melancólica. Cuando el padre de Edith muere bajo violentas circunstancias, ella contrae matrimonio con Thomas y dejan Norteamérica para vivir en la gélida y desolada hacienda de los Sharpe, conocida por los lugareños como “La Cumbre Escarlata” debido a la insistencia de su roja tierra por emerger incluso cuando nieva, tiñendo literalmente los blancos depósitos de nieve de rojo. Al llegar, Edith comienza a ser asediada por grotescos espectros, los cuales parecen motivados por un propósito que ella tratará de descubrir, tornando su historia en una digna de Edgar Allan Poe. El que las apariciones se dirijan a ella no sorprende, pues previamente se nos revela en un lírico y potente prólogo que el fantasma de su madre se comunica con ella con el fin de advertirle sobre su arribo a este fatídico lugar. De este modo la historia marca sus puntos dramáticos y una vena de suspenso sustentada en los descubrimientos de Edith sobre el lugar y su flamante esposo, quien no es lo que aparenta. Todas las piezas están dispuestas para que del Toro juegue con ellas a su antojo, creando un relato de impresionante puesta en escena y una fotografía que deslumbra por su exquisitez y belleza. Mas el guión es ahora la piedra en el zapato de esta producción, pues los personajes no superan nunca su construcción arquetípica y la dinámica entre ellos se percibe forzada y pálida, incluyendo una escena de coito que por poco cae en la comedia involuntaria debido al manejo un poco torpe y descuidado de su ritmo y orquestación. Parte de la culpa en que este fastuoso relato fantasmal gótico no cuaje es la elección de Wasikowska como estelar, una jovencita de rostro perturbador que nunca logra vender la idea de ser una dama resuelta y cerebral ante lo decantado de su histrionismo, ni así Jessica Chastain, quien se lleva la película como la retorcida cuñada quien tiene los secretos más oscuros y agrandados de la trama y a quien le debemos varios de los mejores momentos de la cinta (el clímax funciona, de hecho, gracias a su desmelenada actuación, creíble y controlada). No es la cinta de horror que muchos pueden creer que sería debido a la reputación de su director, pero funciona como un homenaje a los adorados filmes de la Hammer que tanto gustan a Del Toro, aún si es, como lo enuncia incluso la misma Edith al describir el trabajo literario de su personaje, una historia romántica que casualmente incluye fantasma.

2ª Función
“TIERRA DE NADIE” (“SICARIO”)
“¿Qué estamos haciendo aquí?” Esta es una pregunta que brota constantemente de los lacerados labios de la protagonista del filme, una aguerrida pero emocionalmente destanteada agente del FBI llamada Kate Mercer e interpretada con muchas agallas y convicción por la otrora frágil Emily Blunt (“El Diablo Viste a la Moda”, “Al Filo del Mañana”), y este cuestionamiento bien podría aplicarse a la participación de los Estados Unidos en la guerra contra las drogas que abiertamente se libra en esa “Tierra de Nadie” que es la frontera México – E.U. y que es nada menos el punto nodal de esta historia trazada con mucha brillantez e inteligencia por el ya comprobado brillante e inteligente cineasta francocanadiense DénisVilleneuve (“La Mujer Que Cantaba”, “El Hombre Duplicado”). El personaje de Mercer es uno muy rico e interesante que plantea una vía de desambiguación moral y maniquea al ser el rostro de la confusión que produce el desvanecimiento de rostros e identidades entre aquellos que buscan aplicar justicia y aquellos que la rompen, pues al final, según lo plantea el filme, todos son lo mismo. La cinta cuenta con un prólogo donde vemos a Mercer y su equipo táctico de la S.W.A.T. penetrar la casa de seguridad de un poderoso narco llamado Manuel Díaz sólo para verse decimados debido a una bomba oculta. Con el sano fin de vengarse, la agente se enrola con un escuadrón especial liderado por el agente gubernamental Matt Graves (Josh Brolin) y asesorado por el enigmático Alejandro (Benicio del Toro), hombre de armas tomar cuyo pasado es un borrón para sus compañeros. La empresa pondrá de manifiesto que ninguna ley fue hecha para no romperse y que la constitución es algo que sólo funciona como recitación en tribunales. La perplejidad de Mercer ante las brutales y poco legales tácticas de Graves y Alejandro para acercarse a Díaz es la nuestra y el excelente trabajo de guión permite que esto transpire con naturalidad, sin chantajes o manoseos de conciencia. Un trabajo impecable muy bien interpretado y dirigido que permiten trasgredir la línea entre lo correcto y lo necesario para llevar a un criminal ante la justicia…o la justicia de otros. Una de las mejores cintas en cartelera en estos momentos.

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