Itzel Vargas Rodríguez

Tiene cerca de cinco años cuando el boom de las redes sociales trajo consigo un elemento de comunicación importante: los memes. Prácticamente hay memes en cualquier red social de todo individuo. Podemos verlos referentes a fechas específicas del año, a temas deportivos, políticos o sociales… y todos tienen un cierto tinte humorístico que los caracteriza. Son tan utilizados, que es probable que no pase mucho tiempo en que la RAE pueda aceptar términos como “memear” y sus derivadas conjugaciones, o decirle por ejemplo “memeable” a una situación digna de hacérsele un meme (esto en una teoría personal).

Pero entonces, ¿es el meme un símbolo de identidad socio-cultural? Sí, y uno muy fuerte. La palabra “meme” la acuñó un zoólogo keniano llamado Richard Dawkings a partir de su libro “The gen selfish” (el gen egoísta), donde muestra la similitud entre la memoria, mímesis y la palabra inglesa “gene” referente al gen. Su teoría explicaba cómo los diversos rasgos culturales o memes, se replican de tal forma como lo haría un gen a través de las generaciones. De esta forma, la difusión cultural se transmite de un individuo a otro, de una mente a otra y de una generación a otra.

Esto luego, en el universo de información que conforma el Internet y en el vasto mundo de expresión que ofrecen las diversas redes sociales, aplica el término meme a aquel concepto, idea, expresión o situación que se manifiesta en un tipo de medio virtual, como una imagen, un video, un gif… y que es replicado de persona a persona hasta que alcanza una difusión amplia o masiva. Podríamos hablar de los memes, como la nueva producción subcultural de las sociedades tecnificadas.

Ahora un meme, con sólo una imagen y un pequeño texto, puede transmitir muchísimo más que un chiste de tres minutos explicado paso a paso, por ejemplo. Y qué decir cuando ocurre un hecho social impactante, es bastante interesante conocer por ejemplo la gran cantidad de expresiones que se realizan en Twitter o Facebook sobre un acontecimiento específico. La parte más enriquecedora de los memes es pues, que pese a cualquier carácter social que se refiera, como político, cultural, religioso, étnico… siempre tiene un elemento cómico y de identidad.

Recordemos, por ejemplo, el error de un conductor al proclamar a la ganadora errónea en el concurso de Miss Universo, donde la pobre chica colombiana se vio en un bochornoso momento en vivo y a nivel mundial ante la que realmente fue la ganadora, la participante de Filipinas. En ese hecho los memes no se hicieron esperar, y las redes se burlaron enormemente del conductor y de las implicadas.

Y como ejemplo más actual tenemos la supuesta relación amorosa que había entre “El Chapo” Guzmán y Kate del Castillo, de donde se difundió una conversación en la que el primero le hace constantemente nombramientos cariñosos a la actriz, quien constantemente lo evade. Ha sido pues un tema a tomar por los mexicanos como un acto de “friendzone”, es decir, cuando una persona tiene sentimiento de afecto sentimental hacia otra, y la última le responde al primero con el tipo de cariño de una amistad, no de relación amorosa.

Un meme es un elemento tan rico y tan amplio en posibilidades de mensaje e interacción, que se ha ido consolidado indiscutiblemente como uno de los medios de expresión colectiva más importantes en las redes sociales, páginas Web e Internet en general.

¿Puede un meme potenciar un mensaje institucional, organizacional o político? Claro, cada vez más las formas de comunicarse socialmente y de interactuar son más amplias, con ello se transforman los métodos convencionales de decir y hacer las cosas.

Para hacerlo sólo hay que tener en cuenta tres elementos importantes en la realización del mensaje: ver cuál sería la finalidad y objetivo de mi mensaje, cómo lo podría comunicar y cuál es la forma más creativa de hacerlo. Después de ello conviene buscar imágenes, videos o gifs que le den buen soporte a mi mensaje y listo, ¡meme hecho!

La mejor forma de saber que he creado un buen meme, es cuando en mi círculo social cercano he generado un impacto positivo y mucha interacción. Es el foco verde para ponerlo a circular en las redes sociales, pues solo se podrá masificar.

En síntesis, tomemos en cuenta que un meme puede comunicar muchísimo y es una excelente herramienta alternativa y económica, para poner a circular un mensaje personal, corporativo o institucional que además, por añadidura genera una amplia interacción social. ¡A memear se ha dicho!

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