Un ingreso básico universal propiciaría ciudadanos menos pobres y más libres

Por Jesús Álvarez Gutiérrez

Ante los desafíos cada vez más apremiantes que enfrentamos en materia de empleo y salarios, pobreza y desigualdad, han surgido en Europa propuestas innovadoras y audaces para encararlos. La intención de esta reseña es aportar elementos de análisis para el debate público en México sobre los beneficios potenciales de tales planteamientos.

Aunque en una primera vez obtuvo sólo un 25 por ciento de aprobación, en Suiza se consideró un gran logro someter a votación popular la iniciativa para implantar un “ingreso ciudadano universal” (ICU).

El ICU (o renta básica, como se conoce en España) es una asignación monetaria incondicional que reparte el Estado a su población en virtud de la riqueza socialmente producida y no del trabajo individual. No es una receta marxista; en el siglo pasado destacados neoliberales, como Milton Friedman y Friedrich Hayek, la propusieron no sólo para evitar las recurrentes crisis del capitalismo, sino como una cuestión de responsabilidad ética.

El estancamiento económico mundial actual, derivado de la inmensa concentración de la riqueza en unas cuantas manos, ha provocado que muchos grupos sociales en Suiza, Holanda, Alemania, Inglaterra, los países nórdicos y hasta España, impulsen la introducción de un subsidio público equivalente a la línea de bienestar mínimo, que sería otorgado a toda la población, independientemente de su condición laboral particular, para que los ciudadanos puedan tener una existencia digna y participen libremente en la vida económica y política de su sociedad.

Parece una medida radical y populista, contraria al sentido común, pero está siendo promovida por grupos de todas las ideologías: liberales, cristianos, marxistas, socialdemócratas e incluso empresarios que ven en ello la posibilidad de construir una economía sustentable, reducir la crispación social derivada del desempleo, subempleo y míseros salarios, así como suprimir de tajo las montañas de papeleo y burocracia que acarrean las estériles medidas asistencialistas.

Para los economistas catalanes Daniel Raventós, Jordi Arcarons y Lluís Torrens, la renta básica (RB) es una medida potente, factible y muy efectiva para combatir la pobreza. También es una medida que incrementaría la libertad de buena parte de la ciudadanía, como la clase trabajadora, las mujeres que dependen de su pareja y los jóvenes imposibilitados de emanciparse, pues, dicen los expertos, “quien no tiene la existencia material garantizada no dispone de libertad”.

De esta forma, nadie se vería obligado a aceptar cualquier tipo de trabajo para poder sobrevivir con un mínimo de dignidad.

Hay tres tipos de trabajo: remunerado, doméstico y voluntario. La RB permitiría que una gran parte de la población redistribuyera sus tiempos con mucha mayor libertad entre estos tres trabajos, todos necesarios para la comunidad.

Es cierto que con la RB pueden desaparecer muchos trabajos actuales improductivos y mal pagados. Sin embargo, ante el estancamiento secular que padecemos, parece poco probable un disparo inflacionario que evapore el nuevo poder adquisitivo de los ciudadanos. En realidad la medida significa una inmensa redistribución del ingreso nacional por la vía fiscal: miles de millones de euros, dólares o pesos pasarían de manos de los ricos a los que menos tienen.

La RB es anticíclica puesto que, aun en recesión, mantiene estables los ingresos de las capas de la población que soportan más el consumo interno y por lo tanto la demanda interna, principal motor económico. Y en épocas de expansión, al crecer el ingreso per cápita, también lo haría la RB, lo que abonaría a una menor desigualdad social, origen de las recurrentes crisis capitalistas. “

La RB no se opone al trabajo remunerado, sino que permitiría disponer de una mayor libertad que en la actualidad para decidir qué quiere hacer cada uno con su tiempo, por lo que es una vía efectiva y racional para acabar con el presente sufrimiento y privación de libertades humanas fundamentales. El resultado del nuevo reparto del tiempo de trabajo podría ser una combinación de reducción de la jornada laboral, de compactación de la misma, de incremento de permisos para tareas reproductivas (domésticas), de años sabáticos para formación o de jubilaciones anticipadas entre otras.

En contraste, el economista español Eduardo Garzón,* de Izquierda Unida, critica la propuesta original de la RB y pretende sustituirla por un programa de Trabajo Garantizado (TG) que logre los mismos frutos sociales que la RB, pero sin correr riesgos macroeconómicos, propuesta anteriormente sugerida por el profesor británico Tony Atkinson, considerado el padre de los estudios sobre desigualdad.

Dado que hay mucho trabajo por hacer en nuestras comunidades (cuidar nuestros ancianos, hijos y enfermos; ampliar y mejorar servicios básicos, y de ocio y cultura; infraestructura, pavimento y fachadas de barrios urbanos; reforestar el campo y áreas verdes; cuidar fauna y flora), Garzón dice que es mejor garantizar a todos los ciudadanos el derecho a trabajar, con una remuneración digna por horas de trabajo, financiada por el Estado, lo que elevaría automáticamente los salarios mínimos. No habría presiones inflacionarias. Los nuevos trabajos se focalizarían en servicios sociales necesarios, se evitaría la discriminación, y permitirían al beneficiario sentirse útil a la sociedad, aprender nuevas habilidades y conocimientos, socializarse, entretenerse, viajar, etc., preparándose para encontrar trabajo otra vez en el sector privado o para iniciar sus propios proyectos en un futuro.

¿Cómo financiar esta red de protección concebida como renta básica (ingreso universal) o trabajo garantizado (ingreso pagado sólo a quienes contribuyen con la sociedad)? Se señalan dos caminos: mayores impuestos al exceso de riqueza acumulada por un puñado de particulares, o bien, una monetización efectiva de los activos públicos de la nación (tierra, petróleo, minerales y otros recursos naturales).

Estas propuestas audaces cobran mayor atractivo en un mundo donde la tecnología crea riquezas inimaginables para algunos pero amenaza los empleos de la mayoría. Sin duda vale la pena considerarlas y analizarlas en busca de consensos.

*Garzón, E.. (2014). Siete argumentos contra la Renta Básica Universal y a favor del Trabajo Garantizado. Junio 12, 2016, de Cooperativa MásPúblico Sitio web: http://www.lamarea.com/author/eduardo-garzon/