Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

Usted disculpará la, como dijera el general Francisco Villa, ignorancia que me acompaña desde el día en que nací, pero acabo de enterarme de que hay un “día internacional sin automóvil”, que fue el 22 de septiembre…

Leo en Wikipedia que esta celebración “fue originalmente una iniciativa para desincentivar el uso del automóvil, al ver que a gran escala su uso está produciendo daños en el medio ambiente. En dicha jornada se hace un llamado a los ciudadanos a dejar este medio de transporte por un día y probar nuevos medios de desplazamiento. Aunque la idea ya venía de años antes, fue en la década de 1990 cuando comenzó a adoptarse en algunas ciudades. Se celebra el día 22 de septiembre, aunque en algunos países varía dicha fecha para crear incluso semanas dedicadas al tema.”

Así que comenzó a celebrarse desde aquella década, y yo me enteré apenas la semana pasada… A lo mejor sucede que hay ya tantos días internacionales de tantas cosas, todas importantes, que uno más lo mismo da, y ya no prestamos atención; después de todo nuestra humanidad no nos alcanza para atender tantas y tantas cosas como nos ocupan y desocupan…Que el día mundial del medio ambiente, que el de la Tierra, de la mutilación genital femenina, de la lengua materna, la felicidad, la poesía, los bosques, del –fíjese en este- Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas, etc. –Por cierto que estos que menciono tienen la sacrosanta sanción de la ONU, pero no este del “sin automóvil-…

Entonces se me figura que uno atiende aquellos en los que se siente aludido, y deja pasar todos los demás. Como me siento aludido por este del sin automóvil, permítame dedicarle unas líneas, dado que ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el destino de la ciudad.

De seguro usted, que es una persona progresista, ilustrada, visionaria; un ciudadano que cotidianamente busca el bien de su persona, su familia y su comunidad, etc., seguramente de cuando en cuando se pregunta en donde estará, digamos, en 10 años, de continuar haciendo lo que hace.

¿Dónde estará, cómo estará, con quien estará?, y entonces, como parte de este ejercicio de prospectiva, se pregunta si le gusta lo que vislumbra, ese destino al que se dirige, de acuerdo a una lógica elemental, y si es correcto seguir así o dar un viraje…

Eso mismo tendría que hacerse con la ciudad; el estado, el país. Meditar de manera individual y colectiva a propósito de lo que somos y queremos; lo que hacemos.

En fin. Teniendo en cuenta esta línea de reflexión, y en este tema de los vehículos automotores, a mí francamente no me gusta lo que veo y vivo cotidianamente, aparte de que la manera en que me imagino al Aguascalientes de 2025 es, por decir lo menos, desalentadora…

No se necesita de la gran visión para constatar que, por una parte, la mancha urbana –nunca el término fue tan preciso- se ha extendido de manera vertiginosa hacia los cuatro vientos. Ahí están, a la vista de todos, las evidencias de este crecimiento. Están ahí como mudos testigos, esos trozos de yeso que se ponen en una pared que se cuartea, a fin de poner de manifiesto el avance de la grieta. Por ejemplo, la Fundición Central Mexicana se edificó en el norponiente de la capital, en una zona que hoy en día sigue más o menos despoblada. Cosa muy distinta ocurre con nuestra más querida institución fabril, el taller del ferrocarril, que fue construido en el transcurso del cambio del siglo XIX al XX, al oriente de la ciudad, más afuera que adentro. Ahora el centro geográfico de la urbe se sitúa más o menos en esa zona. Unos 50 años después; poquito más, se construyó, también fuera de la ciudad, pero al norte, el almacén de combustibles de PEMEX, que también quedó ya dentro de la urbe. (Por cierto que no entiendo cómo fue posible que se autorizara la instalación del edificio del Instituto de Ciencias –la Prepa de Petróleos– a un lado de esa bomba de tiempo… Por fortuna no hubo desgracias que lamentar).

La avenida Circunvalación –actual de la Convención- es el último testigo que me permito citar porque, precisamente, fue ideado en el segundo lustro de la década de los años cincuenta del siglo anterior para abrazar la ciudad. Su objetivo fue el de establecer un libramiento del transporte de paso por la carretera México Ciudad Juárez, o Cristóbal Colón, o Panamericana. Entonces se trazó, pero su construcción se prolongó hasta mediados de la década siguiente, aproximadamente -todavía recuerdo haber recorrido tramos en terracería, por allá por el rumbo del Seminario Diocesano-. En esa época lo único que quedaba fuera de la ciudad era una parte de la Colonia del Trabajo y de Jardines de la Cruz, al oriente, Jardines de la Asunción al sur, y una parte de la Colonia San Marcos, al poniente.

En fin, que la ciudad ha crecido, y ciertamente en esa medida se ha generado infraestructura urbana, pero al mismo tiempo el desarrollo de esta última al interior del primer anillo de circunvalación, ha sido prácticamente nulo. En años recientes las calles Enrique Estrada y Norberto Gómez, fueron modernizadas, y pomposamente llamadas “ejes viales”; lo mismo ocurrió con una calle de los fraccionamientos Las Américas y Santa Elena, y párele de contar.

Las grandes vialidades de la parte antigua de Aguascalientes, aparte de la mencionada de la Convención; la Oriente Poniente, actual López Mateos, y Héroe de Nacozari, fueron trazadas a fines de los años cuarenta del siglo anterior, y construidas entre fines de los cincuenta y los sesenta. Luego, a principios de los años ochenta se diseñó y construyó el segundo anillo de Circunvalación, hoy Avenida Aguascalientes. Fuera de esto poco se ha hecho para adaptar el llamado centro histórico y zonas limítrofes a las exigencias actuales, es decir, esta superficie tiene las mismas características de hace 200 o 300 años, pero entre tanto le hemos metido al centro automotores como si fueran conejos…

¿Se imagina? Una urbe cuyas calles fueron trazadas para recibir carretones, carretelas, caballos, recibe ahora miles de automóviles… Me acuerdo que cuando vino la fiebre de construcción de puentes, en el segundo lustro de la década pasada, conversé con un funcionario intermedio de la Secretaría de Obras Públicas sobre este tema. De la plática deduje que la preocupación en la dependencia era cómo hacer para meter más vehículos en la ciudad…

Entonces se construyeron los puentes, algunos de ellos metidos con calzador; se redujeron los camellones, se cortaron árboles, todo para que su majestad, el automóvil, realizara con toda pompa y circunstancia su marcha triunfal…

Termino… Disculpará usted el atrevimiento, pero no sin sonrojo le informo que mañana se cumplirán 12 años de que esta columna aparece de manera ininterrumpida en este medio, sin importar que haya o no tinta, sea 25 de diciembre o 26 de abril y sobre todo, que se publique en lunes, cuando ni las gallinas ponen, es decir, sanlunes… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).