Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

El viernes próximo pasado asistí a la proyección del documental “Bicicletas contra automóviles”, dirigido por el cineasta sueco Frederik Gertten. Este trabajo es; intenta ser, un llamado a la reflexión a propósito de lo que estamos haciendo con nuestras ciudades, exhaustas de tantos automóviles como metemos en las calles, en tanto satisfacemos esta adicción al petróleo que padecemos; una reflexión sobre el futuro que nos espera de no hacer algo más o menos drástico ahora, una especie de carmaggedon, un holocausto automotriz… Y ahora que escribo esto, recuerdo la rúbrica de aquella serie de televisión terrible, antinatural e inhumana, cuyo título traducido al castellano es, más o menos el de “Muertos caminantes”, con más de media humanidad convertida en zombi. La rúbrica de inicio permite observar al fondo los rascacielos de alguna ciudad estadounidense, y en el primer plano una autopista que en uno de sus sentidos muestra cientos de vehículos abandonados, uno tras otro, en cuatro carriles, hasta donde alcanza la vista, y del otro lado, el que conduce a la ciudad, un hombre solitario montado a caballo.…

Ahora que lo pienso, usted sabe que a nuestros vecinos del norte les encanta que los asusten… Pero nomás en el cine. Entonces, frecuentemente ocurre que en largometrajes que tocan el tema del fin del mundo, o una catástrofe de proporciones globales, esta imagen de las autopistas abarrotadas de lámina muerta es muy recurrente.

Finalmente, recuerdo también un cuento escrito por el argentino Julio Cortazar, y publicado en 1966, titulado “La autopista del sur”, cuya acción ocurre en la vía de comunicación que enlaza las ciudades de Fontainebleau y París, un domingo en la tarde…

Por alguna razón no del todo clara, el tráfico va haciéndose más sinuoso, hasta que finalmente se detiene. Para no ahorrarle el placer de leer el texto, el embotellamiento dura meses, de tal manera que los automóviles se convierten en pequeños departamentos en los que conviven los vecinos, nace algún niño, muere algún adulto, etc., hasta que un buen día, a lo lejos se escucha el sonido de los automotores poniéndose en marcha. El embotellamiento llega a su fin, los sobrevivientes montan en sus máquinas, y se van…

En fin… Invitado por la arquitecta Marcela S. Amézquita, asistí a la proyección de este documental, ofrecida a estudiantes –la mayoría mujeres- del quinto semestre de la licenciatura en Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, en el horario de la materia Trabajo Social y Problemática Ambiental. Tengo entendido que esta cinta se proyectó en días pasados en la explanada del templo de San Marcos, con motivo del Día Internacional sin Automóvil.

El largo metraje no se refiere a la situación de Aguascalientes, sino de Sao Paulo, Brasil, Los Ángeles, California, Copenhague, Dinamarca, Toronto, Canadá, pero estoy seguro que algún saco podremos ponernos de lo que ahí se trata, y por eso comparto con usted estas reflexiones.

De entrada el planteamiento es el siguiente: necesitamos desplazarnos por la ciudad lo más rápidamente posible, pero hacerlo en automóvil es peligroso e improductivo, dada la intensidad del tráfico, que frecuentemente alcanza una gran lentitud, precisamente por la enorme cantidad de vehículos lanzados al torrente urbano. El transporte urbano es una alternativa, pero no mejora demasiado: es caro, malo y lento. Finalmente está la bicicleta, pero entonces muchos ciclistas deben convertirse, literalmente, en toreros, no de un astado, sino de decenas de vehículos, esto debido al nivel de insensibilidad de algunos conductores. (Por mi parte agrego que también existen ciclistas que son irresponsables, y que sus conductas no apoyan una buena imagen de este medio de transporte.)

Las autoridades de las ciudades donde reina su majestad el automóvil se enfrentan a un dilema: ¿cómo utilizar el presupuesto de obra pública? ¿Qué debería hacerse? ¿construir más infraestructura para automotores, o más ciclovías?

Otro factor que actúa en contra de una solución integral y duradera de esta problemática es el explosivo crecimiento de las urbes, en donde, digo, en vez de impulsar el desarrollo de 10 o 20 comunidades, lo hacemos con una sola, produciendo urbes gigantes como Los Ángeles. Antes no era necesario invertir mucho tiempo en el traslado, pero ahora uno bien puede manejar unas dos horas para llegar a trabajar (una estadística: los estadunidenses pasan 55 días al año metidos en un automóvil).

En Los Ángeles manejar se ha vuelto muy caro. Circular por autopistas hacinadas es gran inversión de tiempo y luego, también hay que gastar mucho en estacionamiento. Desde luego a esto hay que sumar el crecimiento de enfermedades respiratorias, los árboles que pierden la batalla, y si antes había periodos determinados, llamados horas pico, estas tienden a multiplicarse, y a no respetar horarios. (En Aguascalientes todavía es posible circular más o menos rápidamente, pero en este aspecto claramente también se observan ya signos de deterioro).

De aquí la pertinencia de cuestionarse sobre cómo están organizadas nuestras ciudades, para quién. La distribución del espacio, ¿es propicia para el desarrollo de las personas?; ¿incrementa nuestra calidad de vida?, o las urbes están planeadas y construidas para los automotores…

Según el documental, se construye más para albergar automóviles que personas, lugares para que circulen, se estacionen y se guarden.

Tener una de estas máquinas es, a no dudarlo, símbolo de estatus. El automotor llena de poder a su conductor; le coloca una etiqueta que dice: soy hombre, soy mujer, soy joven, soy soltero, soy rico, soy pobre, práctico, estoy disponible, soy accesible, soy serio, solemne, e incluso, en el caso de los automóviles híbridos o eléctricos, cuido el medio ambiente. El anuncio de uno de estos vehículos proclama la armonía entre el hombre, la naturaleza y la máquina…En conjunto estos y otros factores juegan en contra de un cambio de perspectiva; de mentalidad, que permita aliviar a nuestras ciudades y, con ellas, a nosotros mismos (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).