Cirze Tinajero
Agencia Reforma

OCOZOCOAUTLA, Chiapas.- Todavía no sale el sol, por lo que una pequeña lámpara de mano ayuda a iluminar el camino hasta llegar a uno de los miradores de la Sima de las Cotorras.
Una gran filtración de agua y la erosión de la tierra hace miles de años crearon este hundimiento natural, que tiene más de 140 metros de profundidad y 160 de diámetro.
En el interior de la fosa habitan en pequeñas cuevas cientos de familias de cotorras verdes.
Como escucharlas despertar, con parloteo incluido, es todo un espectáculo, los viajeros acuden cada madrugada a este lugar, ubicado a 90 minutos de Tuxtla Gutiérrez.
Son las 6:30 de la mañana, cuando se escucha ulular a una lechuza. Un zopilote surca el cielo, pero ninguna cotorra. Uno comienza a sospechar que ese anhelado concierto es un engaño.
Pasarán 17 minutos más para que se escuche a una de estas aves verdes. Pareciera que dice: “Ya me desperté. ¡Vamos! Todos a levantarse”, enseguida cientos de sus compañeras comienzan a cantar.
No lo hacen al unísono, pero sí con una coordinación impresionante, como si entonaran una canción a varias voces.
El parloteo es tan fuerte que cuesta trabajo escuchar al que está al lado, aunque no resulta molesto.
Asombra la manera en la se organizan: una deja la cavidad volando en una espiral ascendente, otras le siguen hasta formar una parvada de cinco o 10. Van en busca de comida.
Aunque el interior de la sima está poblado por árboles de chicozapote, caoba, guayacán y cedro, algunos de más de 30 metros de altura, las cotorras aman los mangos que se hallan en los alrededores, incluso en algunas casas de la capital chiapaneca.
De repente el concierto cesa, como si el director de la orquesta así lo hubiera pedido.
En realidad, un halcón está merodeando el área y las cotorras saben que las puede atacar; lo mejor es resguardarse y callar.
Nunca falta una cotorra despistada que no ha visto al depredador. Sigue volando hasta que empieza a ser perseguida, aumenta la velocidad del aleteo y logra salvarse.
Al parecer el halcón aún es joven e inexperto, porque en esta ocasión no cazó nada y mejor se retira.
En las cuevas también hay pinturas rupestres. Para apreciar algunas de ellas hay una vereda que desciende unos 20 metros hasta un balcón de piedra, desde donde se distingue una figura antropomorfa con una lanza, unos trazos que parecen un sol y una media luna, e incluso unas manos pintadas en color ocre.
Los más intrépidos pueden descender los 140 metros de la sima en rapel (una altura equivalente a un edificio de 40 pisos). En el sitio hay equipo e instructores.
Cuentan quienes lo han hecho, que en el fondo hay varias vasijas de cerámica pertenecientes a la cultura zoque, que desde hace cientos de años habita en la zona.
Y entonces el reto está por comenzar: se debe regresar a la superficie y esta vez hay que escalar.

Cómo llegar
Aeroméxico, Volaris e Interjet ofrecen vuelo directo a Tuxtla Gutiérrez desde la Ciudad de México. Después hay que conducir por la carretera federal número 190 hacia Ocozocuatla.
Volaris desde Guadalajara ofrece vuelo directo a Tuxtla Gutiérrez. Después hay que conducir por la carretera federal número 190 hacia Ocozocuatla.
Volaris desde Monterrey ofrece vuelo directo a Tuxtla Gutiérrez. Después hay que conducir por la carretera federal número 190 hacia Ocozocuatla.

Dónde dormir
La Sima de las Cotorras pertenece a un centro turístico que cuenta con ocho cabañas. Costo por noche: desde mil pesos para cinco personas.

Qué comer
Los tamales de chipilín, hierba de la región.

Más información
www.simaecoturismo.com
www.turismochiapas.gob.mx/
aeromexico.com/es/mx/
volaris.com
www.interjet.com.mx