Noé García Gómez

En transporte público colectivo, la constante es el abandono de los concesionarios, el deslinde por parte de las autoridades y exprimir al usuario que no tiene otra alternativa. Ante una necesidad que el estado tendría que satisfacer el gobierno solo lo ve como botín para reparto de concesiones y posterior cobro de impuestos, los concesionarios buscan la mayor ganancia a costa del servicio, y los usuarios poco tiempo y ánimo les queda para exigir mayor calidad.

Dicen que todo vacio en algún momento se llena, y el transporte de pasajeros no es la excepción. En el último año se menciona cada vez y con mayor frecuencia Uber ¿qué es esto? Es una compañía (startup) surgida en Silicon Valley que a través de una aplicación para teléfonos y tabletas pone en contacto a conductores “profesionales” con usuarios que lo requieran.

Hoy en día es políticamente incorrecto criticar Uber, ya que la moda invadió las principales ciudades, pero sobre todo ese mundillo llamado “redes sociales” y ¿Por qué digo que es políticamente incorrecto analizar los contras de Uber? Pues ante la constante del mal servicio del transporte tradicional, algunos (no tantos como dicen) corrieron a sus brazos. Además de desatar polémica con los taxistas, ya que lo consideran una ilegal forma de competencia, tan es así que el martes pasado agrupaciones de trasporte público desquiciaron el DF en protesta, y en contraparte la empresa Uber (profesionalmente asesorada) aprovechó la oportunidad y respondió de una forma que capitalizaría dicho conflicto regalando viajes a los usuarios afectados. Pero analicemos algunos detalles.

Muchos lo consideran algo similar a un servicio de taxis, pero desde mi punto de vista es algo más parecido a un servicio de limusinas, y lo explico.

UBER

Su servicio tiene plenamente identificado el mercado a satisfacer, que es una clase media alta, principalmente ejecutivos de compañías y el estereotipo de la ama de casa de colegio, no falta el individuo aspiracional que busca estatus y reconocimiento a costa de su bolsillo (es el mismo que compra el día de quincena un cappuccino-descafeinando-caramel-soya-ventti en el Starbucks). Sus autos son de categoría media alta, desde Altima hasta Mercedes Benz o BMW, los conductores cumplen un perfil de clase (pasan 5 exámenes, antidoping y no antecedentes penales de manera periódica), reforzándolo con su lenguaje corporal y verbal (solo se pueden dirigir al usuario como Señor o Señora y pedir disculpas por cualquier nimiedad), el costo es elevado con una tarifa mínima de $40 pesos (recorridos extremadamente cortos una calle), pero el promedio de un viaje es de 200 pesos y si se contrata el UberSUV (hay categorías UberX, UberXL, UberBlack y UberSUV) se duplica el costo por la misma distancia, el pago se realiza únicamente por tarjeta de crédito o débito, nunca en efectivo y se da comprobante fiscal. En síntesis, la interacción digital, la elegancia y el trato están construyendo una identificación sólida con las nuevas generaciones. Hoy es “cool” usar Uber. No es “cool” usar taxis.

El que esto escribe solo ha tenido una experiencia en la Ciudad México, en esa ocasión un compañero lo solicitó y nos trasladamos de un hotel del centro a la Condesa; nos cobró 180 pesos, el carro estaba impecable, el chofer extremadamente amable, pero le dije a mi compañero que me sentí elegantemente robado, acostumbrado a realizar el mismo trayecto por 3 pesos en el metro, aun pasando empujones, caminatas y calor creo que fue exagerado el cobro.

¿Qué pretendo con los dos párrafos anteriores? Describir que el servicio de Uber no es un servicio que sea competencia para el servicio de taxis, ya que éste se desfaso para el sector al que Uber se dirige.

TAXIS

Ahora analicemos el servicio de taxis, son autos compactos y económicamente sustentables (para nada lujosos), las horas trabajadas detrás del volante bajo el sol para buscar pasaje por parte del chofer, hace que su comportamiento físico y verbal se deteriore conforme pasa la jornada (no es el mismo ánimo de un chofer al iniciar el turno, a después de 8 ó 10 horas), su única forma de transacción es el efectivo (en una época donde es más seguro manejar tarjetas bancarias) y el sistema es obsoleto tanto para el chofer como para el usuario (literalmente se sale a pescar, el chofer recorre las calles con ojos atentos buscando pasaje, y las personas caminan avenidas silbando y levantando la mano para localizar un taxi) esto genera incomodidad, no hay certeza de llegar a tiempo al destino y si es en hora de cambio de turno, la misión resulta casi imposible; por último el crecimiento de la ciudad ha detonado que los recorridos se hagan más largos y más lentos por el tráfico, lo que provoca incremento en el costo, sin que esto se refleje en beneficio directo al chofer, pues los gastos de gasolina y mantenimiento son proporcionales. (El que esto escribe sorteó la etapa de la universidad trabajando en un taxi por las mañanas).

Para finalizar, creo hay tres problemas uno de forma y dos de fondo, el de forma es la confusión y desinformación por parte del gremio de taxistas del servicio de Uber, los de fondo son, primero el transporte público en México es concesionado y Uber no tiene permisos del gobierno, se tiene que legislar para que esta nueva forma de servicio se regularice ante la ley, y la segunda, el servicio de taxis tiene que modernizarse; ¿será tan difícil crear una aplicación informática para taxis y camiones en Aguascalientes? mejorar, entrar a una nueva etapa donde todos ganen, acompañado del gobierno no como capataz sino como facilitador para cumplir el objetivo.

Ante estos problemas, lo común y fácil es voltear para otro lado, pero la responsabilidad de usuarios, concesionarios, choferes y autoridades es responder a los nuevos tiempos, además de que Uber no es ni será para todos, pero aun así no podemos limitar el derecho de quien puede y quiere usarlo, por eso la responsabilidad de las autoridades es la de crear la reglamentación que los regule para una sana convivencia con las ya existentes formas de transporte público.