Tuvo fama y dolor

El éxito, pero también la pérdida de la vida, le trajo la obesidad a “La Bodoquito”

CDMX.- El sobrepeso de María Dolores Salomón, mejor conocida como “La Bodoquito”, fue el rasgo que la distinguió en su carrera artística, pero también fue la causa de muchos problemas de salud y, eventualmente, de su muerte, comentó la hija de la actriz.
“Con muy pocos elementos llegó a ser ‘Bodoquito’. Tal vez su error más grande fue su obesidad, pero le funcionó al principio de su carrera. Así como la hizo, la deshizo”, reflexionó Gabriela Salomón.
La actriz falleció el jueves, a los 63 años, en un hospital privado, no en uno público, como se manejó en los primeros informes de su deceso.
Durante mucho tiempo, una afección cardiaca le reportó varias complicaciones a su salud. Por eso, su muerte no sorprendió a su familia, compuesta por Rafael González, su esposo, y Rafael Salomón, hermano de Gabriela.
“No estaba sentenciada, pero sí sabíamos de su problema. No era candidata para una operación a corazón abierto, tenía estenosis aórtica, es decir, una rama de su corazón no le funcionaba, por lo tanto, la circulación era corta.
“Empezó a retener líquidos, a generar agua… y, pues sí, se fue muy joven. No sufrió, se fue tranquila y yo la entregué a Dios. Ella me dio la vida y yo la guié a la vida eterna. Estaban todos afuera, sólo yo adentro con ella”, recordó su hija.
El funeral se realizó ayer en un velatorio de la Colonia San Rafael, pero la cremación sería en el Panteón Español, pues las dimensiones de los hornos de la funeraria no eran suficientes para “La Bodoquito”.
“Aquí no se pudo cremar porque los hornos no tienen la capacidad para su volumen. En todas partes tuvimos ese problema, por eso nos vamos al panteón”, explicó Salomón.
Rafael Acosta “Juanito”, Lilí Brillanti, Wanda Seux y Jorge Ortín, hijo del finado Polo Ortín, la despidieron. Pero, sin duda, el más afectado era su viudo.
“Está muy mal, no puede hablar. Trae una traqueostomía, tiene que comer por sonda y le diagnosticaron cáncer. Mi mamá no quiso aguantar eso.
“Hace dos semanas me dijo: ‘No te preocupes por mí, preocúpate por tu papá, que yo me voy a ir antes’. Ya no sabes ni por dónde ver. Llevaban 47 años de casados y le pedimos mucho a Dios que no se lo lleve”. (Manuel Tejeda/Agencia Reforma)

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