Por: Itzel Vargas Rodríguez

trumpHace unos días la revista Vanity Fair logró hacer un video que recopilaba la gran cantidad de comentarios en contra de los mexicanos, que ha realizado Donald Trump en su reciente campaña encaminada en conquistar la Presidencia de los Estados Unidos, y que ha emitido tanto en entrevistas con los medios, como en discursos públicos presentados ante grandes congregaciones de personas.

¿Cómo es que un personaje tan polémico como él, vio tan rápido crecer su imagen a pesar de sus múltiples comentarios xenófobos y racistas?

La respuesta va más allá de su propia ideología.

Así como en el 2008 Barack Obama le apostó en su mensaje a la inclusión y a la diversidad de personas que habitan en los Estados Unidos, conformando un fuerte mensaje de unión que rememoraba el tan anhelado “sueño americano” en el que millones de migrantes llegaron a este país a hacer realidad sus sueños de triunfo y realización personal. En estas nuevas épocas de elección Presidencial, Trump le apostó a todo lo contrario, llegar al sector estadounidense de personas, ultraconservadoras en el sentido de que todas sus raíces las tienen en este País, a quienes no toleran la dinámica conformada con la llegada de los migrantes y quienes guardan entre sus pensamientos ciertos sentimientos de odio y xenofobia. La realidad es que hay mucha gente que de forma silenciosa comparte esa ideología en la que Trump contempla a los mexicanos como los causantes de muchos de los males estadounidenses, haciéndose popular por aquella ocasión en la que nos llamó violadores, criminales o asesinos.

Es llamativo cómo los discursos peligrosos han llegado tan lejos, y podemos mencionar casos que nos recuerden líderes negativos como Hitler u Osama Bin Laden, que manejaban una retórica y poder de convencimiento espectaculares, que arrastraban a muchos seguidores y lograron realizar muchos de sus planes destructivos.

En Trump vemos a un tipo simpático, con carisma, el clásico gringo “güerito”, multimillonario que no le importa hacer carrera política para ganar adeptos porque él sabe que con su dinero puede comprar seguidores y el hecho de tener una fuente de riqueza ajena a la política le genera credibilidad entre la misma gente vinculada al sector empresarial. Una persona que además es franca y por esas cualidades puede ser ridiculizado pero también admirado. Un líder diría yo, peligroso.

Mientras en México se hicieron juegos de burla, memes en donde lo comparamos con Paquita la del Barrio y se ganó un fuerte odio, allá, en Estados Unidos, su discurso ganó bastantes adeptos en un principio, su seguridad conquistó las mentes dudosas de pensamiento conservador y en contra de los migrantes y varios por no decir muchos, consideraron sus planes (como el del muro fronterizo), una buena opción para disminuir los problemas de violencia.

Este es un ejemplo perfecto de cómo este personaje en su discurso supo acomodar nichos a quien atacar en un tema que nadie se atrevía a plantear después de la apertura a la diversidad que había ofrecido Obama y este es: el tema de la migración.

Suerte para nosotros, ya hay muchos estadounidenses que también se han lanzado en su contra, el debate reciente del partido republicano lo sepultó en las preferencias electorales y muchos programas nocturnos estadounidenses lo han acabado en críticas y ridiculizaciones.

Pareciera ser que ahora él ya no es una amenaza, pero sin duda la forma en la que escaló tan rápidamente en el rating electoral se debió a su discurso xenófobo, que tanto escandalizó como ganó adeptos. Le aplicó perfectamente el dicho que dice “Que hablen bien o que hablen mal de mí, pero que hablen”.

itzelvargasrdz@gmail.com / @itzelvargasrdz es estudiante del Doctorado en Comunicación Política y Campañas Electorales, así como Maestra en Comunicación Política e Institucional, por el Instituto Universitario Ortega y Gasset.