Por: Octavio Díaz García de León

Twitter: @octaviodiazg

Donald Trump se perfila ya como el posible candidato a la presidencia por parte del Partido Republicano para las elecciones que tendrán lugar en noviembre de este año en Estados Unidos. Para horror de los republicanos tradicionales que lo ven como un advenedizo y una amenaza para el partido por sus posiciones radicales y populistas, Trump ha logrado movilizar el voto de un amplio sector de la población americana que está inconforme con la manera en que los políticos tradicionales manejan su país, está a punto de tomar por asalto al Partido Republicano y de paso convertirse en un contendiente serio por la presidencia de aquél país con posibilidades de ganarla.

Gran número de académicos, periodistas y personalidades americanas se han manifestado contra las posiciones que ha tomado Trump. Anne Appelbaum, por ejemplo, decía que Trump es un proponente de la tortura, las deportaciones masivas y la discriminación religiosa; pero, además, sus posiciones en materia de política exterior ponen en duda las alianzas del mundo occidental forjadas durante décadas y que Trump podría destruir de un plumazo. (https://www.washingtonpost.com/opinions/donald-trump-and-the-end-of-nato/2016/03/04/e8c4b9ca-e146-11e5-8d98-4b3d9215ade1_story.html?tid=ss_tw-bottom) La avalancha de críticas es inmensa pero a Trump no le hacen mella y nada parece detenerlo.

Las figuras más destacadas del Partido Republicano siguen sin entender cómo ha podido llegar tan lejos un precandidato que ni siquiera concuerda con muchas de las posiciones de su partido y que no hace mucho apoyaba a su ahora probable rival, Hillary Clinton. En parte la culpa ha sido de ellos que lo han permitido. Un gobernador republicano de un estado sureño, citado por el Washington Post, decía que en su estado Trump iba a la cabeza de las preferencias de los votantes por más de 10 puntos pero que él en lo personal, a pesar de tener años en el partido y conocer a muchísimos republicanos, no conocía una sola persona que fuera a votar por Trump. El movimiento de votantes no tradicionales se ha volcado a apoyar a Trump y está rebasando a los republicanos tradicionales.

Ya se ha hablado mucho de las barbaridades que Trump ha dicho en su campaña, especialmente contra México y los mexicanos y si efectivamente las llevará a cabo en caso de llegar a la presidencia. Nadie sabe cómo va a actuar, por más que algunos optimistas piensen que sus posiciones racistas y populistas son posturas de campaña y darán paso luego a un presidente moderado. Así lo creían los políticos y empresarios alemanes que ayudaron a Hitler a llegar al poder. (http://heraldo.mx/donald-trump-no-es-el-problema/). Pero si llega a la presidencia y pone en práctica la mitad de lo que ha dicho, el daño para México podría ser incalculable.

El fenómeno Trump es un indicio de que los votantes están cansados de los partidos políticos, de los funcionarios corruptos y de sus gobiernos, y prefieren a políticos que se salen totalmente de los cánones aceptados, enarbolando posiciones extremas. No solo se manifiesta en Estados Unidos, sino también en Francia con la candidata de extrema derecha Marine Le Pen, o en Gran Bretaña con el jefe del partido laborista, Jeremy Corbyn, de extrema izquierda, e incluso se puede notar en el éxito relativo de Bernie Sanders, el contrincante de Clinton en el Partido Demócrata, con posiciones de izquierda radicales.

Pero también este apoyo del electorado americano a Trump proviene de un surgimiento del autoritarismo en Estados Unidos. Un artículo del periódico Vox explica el éxito de Trump: “Se piensa que las personas autoritarias expresan miedos mucho más profundos que el resto del electorado para buscar imponer el orden donde ellos perciben cambios peligrosos y expresan deseo por un líder fuerte que pueda derrotar esos miedos por medio de la fuerza. Por ello buscarán un candidato que prometa esas cosas. Y la naturaleza extrema de los miedos de las personas autoritarias y su deseo de desafiar esos retos por medio de la fuerza los empuja hacia un candidato cuyo temperamento es totalmente diferente a cualquier cosa que se haya visto en la política americana y cuyas propuestas vayan mucho más allá de las normas que son aceptables. Ese candidato es Trump.” (http://www.vox.com/2016/3/1/11127424/trump-authoritarianism). Las investigaciones que hicieron demuestran que Trump está logrando el apoyo de votantes con características autoritarias.

Es probable que una parte del electorado en México tenga tendencias autoritarias, por lo que no es difícil que, ante el ambiente de incertidumbre, miedo y frustración que se vive y donde el electorado está cansado de los partidos y decepcionado de los gobiernos, también aquí surja ese anhelo por un candidato que tenga un perfil autoritario. No sería raro entonces que pudiera aparecer la versión tropical de Trump en nuestro país, e hiciera a un lado a partidos políticos y a los políticos tradicionales. La tentación del autoritarismo siempre está latente ante un público desencantado que prefiere renunciar a sus libertades con tal de ver restablecido el orden y el progreso. Hitler lo demostró ampliamente y los alemanes lo eligieron democráticamente.

En las elecciones de 2016, Estados Unidos se juega el futuro de su democracia y el resto del mundo su estabilidad, incluyendo la viabilidad de nuestro país como nación. En 2018, México podría tener su propio Trump tropical si los ciudadanos democráticos no están alertas y permiten que gane un candidato populista y autoritario. Ninguno de los dos escenarios es alentador y habrá que estar preparados.

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