Por: Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías

Una gran cantidad de tinta ha corrido al cabo de las últimas semanas a raíz de los posicionamientos radicales del Magnate Donald Trump.

Tal vez uno pensaría que posicionamientos como los del empresario son algo nuevo, sin embargo, la historia de los Estados Unidos ha dado cuenta que no es la primera vez que las posturas xenófobas e intolerantes han causado revuelo en la política norteamericana.

A lo largo de su historia los Estados Unidos han vivido un nativismo representado tal vez, de tres formas: el religioso (un temor hacia el catolicismo), el social (representado por el temor a las transformaciones sociales del siglo XVIII) y un tercero de índole racial. Irónicamente, resulta imposible concebir a los Estados Unidos sin inmigrantes.

La persecución existió durante diferentes periodos; sin embargo, el tiempo logró que los grupos perseguidos históricamente, fueran asimilándose e integrándose a la sociedad “norteamericana”. Ahora bien, si analizamos un poco el árbol genealógico de Donald Trump, podemos darnos cuenta que su abuelo era un inmigrante alemán que comenzó con la construcción de lo que hoy es el emporio inmobiliario del señor Trump, y que en verdad constituye un verdadero “sueño americano”.

Los posicionamientos infundados sobre los mexicanos y los latinos en general, reflejan el grado de intolerancia del magante, pero también hacen evidente el distanciamiento entre la historia del país y la propia historia de Donald Trump, algo que para cualquier ser humano debe ser lamentable; olvidar quién eres, de dónde vienes y cómo fue que llegaste hasta donde estás, es y será siempre algo reprochable.

El día de hoy Donald Trump es un serio aspirante por el Partido Republicano, con una fuerte aceptación al interno del partido, sin embargo, de acuerdo a una encuesta revelada por la firma Gallup apenas el 14% de los 650 hispanos encuestados tienen una imagen positiva del polémico magnate (que es el republicano más conocido entre los consultados), mientras que el 65% tienen una visión desfavorable, lo que arroja un saldo neto negativo de 51%. Lo anterior, sin duda complicaría las aspiraciones presidenciales del magnate, dado que esta población representa el 17,1% (54,1 millones) del total en el país.

Tal vez debiéramos recordarle al magnate que la época de los muros quedó en los años ochentas y que la dinámica mundial sugiere que día con día sean menos marcadas las diferencias por cuestiones territoriales y étnicas.

Alejarnos de la historia y no aprender de ella, siempre ha traído consecuencias desastrosas; olvidar o pretender olvidar nuestros orígenes, es algo peor. Esperemos y predomine la sensatez al interior del Partido Republicano, y que en un ejercicio verdaderamente democrático en el que el debate de las ideas sea el eje rector, sean capaces de reconocer que ideas xenófobas no tienen cabida en las sociedades modernas, por el contrario, las soluciones para la problemática de una sociedad como la estadounidense debe atender a una agenda de gobierno cada vez más incluyente.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y los espero una vez más, la próxima semana.