TRUMP SOBREVIVE Y PARALIZA LA ECONOMÍA

Por Jesús Álvarez Gutiérrez

Si no se desmorona pronto la candidatura de Trump, no sólo la economía mexicana sino la estabilidad mundial podrían estar en riesgo. Abrigábamos la esperanza de que quedara al descubierto la psicología enfermiza del aspirante republicano después que el Washington Post difundió recientemente videos y audios con comentarios gravemente obscenos y groseros en contra de las mujeres.

Los expertos en seguridad nacional Robert Gates (republicano) y Leon Panetta (demócrata) —ambos ex directores de la CIA y ex secretarios de Defensa— han cuestionado públicamente la capacidad de Trump para asumir el liderazgo mundial y recibir las llaves del inmenso poderío nuclear.

Es una personalidad explosiva, cree que sabe todo y no escucha a nadie. Cuando está en crisis se deja llevar por sus emociones. Confunde la realidad con la mentira.

Frente al tema de la inseguridad, Trump alimenta el mito de la mano dura. Acusa de delincuentes a latinos, afroamericanos, musulmanes. Pero olvida que Estados Unidos tiene la mayor proporción de población en la cárcel, porque la cárcel es un gran negocio desde que el sistema penitenciario a nivel federal se privatizó. Al policía le dan bonos por cada arresto, y la cárcel recibe más dinero mientras más gente esté encerrada. Al sistema penitenciario no le conviene la rehabilitación: el negocio está en la reincidencia. Es un mercado cautivo con incentivos perversos, donde el preso es visto como un cliente frecuente. Éste es el tipo de economía privatizadora que impulsa Trump.

Creíamos que Estados Unidos era un país de valores altos, que aspiraba a más y merecía gobernar el mundo. Pero si algo triste hemos aprendido en el último proceso electoral es que los ideales ya no importan, y que ya no se ganan simpatizantes por la capacidad, la experiencia o la congruencia en el discurso.

Obama, como Kennedy, entusiasmaba masivamente. Estábamos acostumbrados a propuestas o issues de relevancia nacional e internacional. Ésta, en cambio, ha sido una campaña vulgar donde todo se reduce a descalificaciones, recriminaciones y ataques.

Trump no habla, bufa. Durante los debates camina sin parar por el ruedo, interrumpe, atropella. Listo para embestir, da la sensación de que en cualquier momento va a golpear a Hillary. La candidata ha mostrado entereza, aun cuando han salido a relucir yerros de su marido o los suyos propios.

Una primera lección de este proceso: Las palabras hunden al que las pronuncia sin prudencia; los ataques del contrincante salen siempre a la luz, claro, pero son suicidas las declaraciones propias. Segunda lección: Ganas si el contrincante se equivoca más. Hillary ha debido pedir disculpas varias veces; Trump, en cambio, sube el tono de sus ofensas.

Trump no va a retirar su candidatura a pesar de haber perdido ya el apoyo de muchos republicanos prominentes como John McCain y Paul Ryan. Al contrario, Trump, el aspirante que defrauda una y otra vez al fisco, a sus accionistas y a sus trabajadores, presenta testimonios falsos contra Hillary y cínicamente la amenaza con crearle una fiscalía especial para “meterla a la cárcel”.

Al revisar las encuestas, no parece que la actual ventaja de Hillary sea suficiente. El futuro del mundo y de México sigue en manos de los indecisos. Nunca debió haberse tomado tan a la ligera un eventual triunfo de Trump. No se trata de una “complicación de fin de sexenio” como algunos ingenuos definen ese resultado posible. De acuerdo a especialistas serios, Trump tendría el impacto de una bomba; sería una catástrofe de mayores dimensiones y de más largo plazo que la crisis financiera global de 2008-2009, que produjo una contracción del PIB de 8% en México, y de la cual aún no se ha recuperado el mundo.

No debemos confiarnos en que Trump no gozaría de carta blanca para romper el sofisticado marco de relaciones en el que se mueve la economía globalizada. Los intereses corporativos que representan los propios legisladores estadounidenses no amarran suficientemente la correa del perro Trump.

Trump puede cortar el flujo migratorio y de mercancías, aunque suban los salarios y los precios en Estados Unidos y aunque pierdan competitividad las empresas norteamericanas, porque ese país tiene el poder hegemónico para castigar todavía más los salarios de hambre que ganan nuestros connacionales de ambos lados de la frontera. Somos totalmente vulnerables al petróleo y a las tasas de interés. El “efecto Trump” provocaría una caída del PIB infinitamente mayor en México que en Estados Unidos. Nuestras dos economías están profundamente imbricadas, pero México lleva siempre las de perder. Por ejemplo, la campaña de Trump contra México ha provocado una grave devaluación del peso y con ella un empobrecimiento de la población mexicana, aunque en el margen haya ocurrido un pequeño incremento de las exportaciones de productos maquilados en México para consumo estadounidense.

Tenemos que reiterar el llamado a la comunidad hispana para permanecer unidos por esta única vez. Hacer a un lado nuestras naturales diferencias y preferencias electorales sólo por esta ocasión.

Si los hispanos contribuyen con el 16% de la fuerza laboral en Estados Unidos, y pagan anualmente casi 200 mil millones de dólares en impuestos federales y locales, éste es el momento para hacer sentir el peso de nuestro quehacer económico. Texas, un estado tradicionalmente republicano, contribuye con el 23%, California demócrata con el 20%, Florida republicana con el 18%, y Arizona republicana con el 15%. Imaginemos el poder económico y político que tendría el voto latino combinado y unido para salvarnos a nosotros mismos.

Insistamos en un “llamado a la acción” que movilice el doble de los 11 millones de latinos que tradicionalmente votan en las elecciones federales. “Todos unidos contra Trump” para rescatar un futuro de bienestar conjunto.