Tradicional recorrido

Es la Visita a los Siete Templos piadosa forma de acompañar a Jesús en su peregrinar a la muerte

Sara Díaz/Graciela Lozano
 Diseño: Eduardo Santoyo

Año con año, al conmemorar la pasión y muerte de Jesucristo, la feligresía continúa manifestándole su fidelidad.
Muestra de ello es la Visita a los Siete Templos, tradición que encierra un significado importante dentro de la comunidad católica.
Orar ante siete altares es símbolo de acompañamiento a Jesús; en el primero de ellos se recuerda el camino que realizó luego de cenar con sus apóstoles hasta el Huerto de Gestsemaní, donde se puso en oración; la segunda visita es su paso de éste lugar, donde es aprehendido por los soldados romanos, hacía la casa de Anás, donde se le interroga, tratándole como un criminal; la tercera, hacia la casa de Caifás, donde permanece el resto de la noche, siendo víctima de múltiples insultos; una cuarta, permaneciendo en ayunas, Jesús es llevado ante la presencia del gobernador romano, Poncio Pilato, es aquí donde falsamente es acusado por los jefes judíos; en la quinta visita, se recuerda su traslado del palacio de Pilato hacia el del Rey Herodes, donde nuevamente fue afrentado; en el sexto trayecto, Jesús es devuelto con Pilato, él para calmar a sus acusadores, lo mandó azotar y se le coloca una corona de espinas, recibiendo toda clase de insultos y escupitajos, para enseguida ser condenado a muerte. Finalmente, en la séptima y última visita, se hace memoria al viacrucis que Jesús, ya con la cruz a cuestas donde habrá de perecer, realiza hasta el monte Calvario, donde permanecerá en agonía hasta dar su último aliento.
Estos pasajes se mantienen presentes hasta nuestros días, mediante el recogimiento del alma y del cuerpo.
Para esta ocasión, en los diferentes templos se coloca un altar en el que se exhibe, después de la ceremonia del lavatorio de pies, al santísimo sacramento, montado con ornamentos que en su conjunto han se simbolizar lo que es Jesucristo dentro de su infinita grandeza y que siendo diferentes cada altar, todo se conjuga en un mismo fin: vivir con él su pasión y su muerte.