Por J. Jesús López García 

El poblamiento de Aguascalientes fue seminómada hasta el siglo XVI, hasta el momento en que la autoridad virreinal en nombre de Felipe II concedió mercedes de tierra a varios colonos capitaneados por Juan de Montoro.

Seguramente antes de 1575, fecha oficial de la fundación de la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes, ya habitaban la zona algunos vecinos, tal vez criollos y mestizos, buscando asentarse permanentemente en esta tierra que pertenecía de manera ancestral a las llamadas naciones chichimecas, que a causa del descubrimiento de yacimientos de metales preciosos en la región, serían finalmente desplazados, cuando no exterminados.

En aquellos años del asentamiento inicial, algunas crónicas han referido que la villa fue atacada en múltiples ocasiones, trayendo como consecuencia a muy pocos habitadores con vida. Es por ello que tales circunstancias requerían se actuara en consecuencia, por lo que se pensó en el establecimiento de una fortificación con la finalidad de dar abrigo a quienes eran parte del traslado de plata zacatecana en su camino a la Ciudad de México.

De esta manera se resolvió tal embate chichimeca así como un sitio para el descanso y abastecimiento de agua y víveres de las personas y de sus animales, a través del levantamiento de la fortificación que presidía al asentamiento –de ahí su nombre de <<presidio>>. Esta finca ha sido casi totalmente desmontada y la superficie que ocupaba no tiene registros certeros, sin embargo, es probable que fuese similar al que aún se mantiene en pie en la cabecera municipal de Ojuelos, Jalisco, y que funge hoy en día como sede principal de su ayuntamiento.

El sitio donde alguna vez estuvo el conjunto mencionado, actualmente lo ocupan inmuebles de diversas épocas, y dentro de las que además se localizan fragmentos de fechas distintas. Tal vez subsista algo del muro <<matacán>> desde el que se disparaban arcabuces para defensa de los refugiados en la fortaleza –designado así en consonancia a la arquitectura militar medieval del Viejo Mundo que también llamaba muro <<mataperros>> a aquel que tuviese dispositivos de protección.

De la denominación del nombre de ese paredón procede el mote con que se bautizó a la piedra que lo constituía y que es muy característica de Aguascalientes.

El que la primera finca acaliteña fuese un bloque castrense no es extraño, pues tal vez la inicial edificación española en el territorio de nuestro país lo constituyeran las atarazanas de Veracruz, un edificio destinado a la protección de soldados y al almacenamiento de pertrechos de guerra. Sin embargo, con el paso del tiempo, y una vez pacificada la región e involucrándose ésta de lleno a los procesos productivos de la minería y las actividades subsidiarias a mantener a aquella, el presidio fue desmontado y en su lugar apareció una arquitectura civil para la habitación pacífica.

El inmueble en la esquina de Victoria y Moctezuma, frente a la balaustrada del atrio de la catedral por su lado norte, es una finca sencilla que muestra algunos rasgos de la tradición propia de hacer casas en Aguascalientes, las cuales fueron la mayoría de las viviendas que conforman la ciudad.

Se aprecia su emplazamiento alineado con el paramento de la calle para propiciar sombra al transeúnte y potenciar toda la superficie del terreno; sus vanos verticales y relativamente estrechos se deben a los dinteles que fuesen de piedra o madera ya que no tenían la capacidad de lograr vanos horizontales rectos obtenidos con el concreto armado actual. A pesar de ser una casa de un solo nivel, sus pretiles le hacen tener una altura mayor, además de favorecer en la penumbra sobre las azoteas.

El edificio construido con matacán habla de una fábrica esmerada y una ubicación hasta cierto punto privilegiada, ya que la generalidad de las viviendas presentaban muros de sencillo adobe. A los zaguanes y patios en los interiores, se suman algunas constantes exteriores, además de las jambas y dinteles de piedra mencionados, como el cuidado en la delimitación de guardapolvos, y en caso de estar ubicada la casa en esquina, rematarla con una columna para precisar con mayor contundencia el fin de la cuadra, además de ser útil como un <<guardacantón>> y proteger así la artista de la esquina de posibles golpes de carretas o animales de tiro al girar de una calle a otra.

Este tipo de arquitectura es similar donde el clima semejante al mediterráneo se presenta, lo mismo en la región andaluza de España que en el norte de África o en el Oriente próximo; sus rasgos más que estilísticos obedecen a imperativos climáticos y de la naturaleza similar de los materiales donde la piedra se utiliza en cerramientos, y si no hay suficiente, los muros en adobe son soluciones térmicas que no emplean madera –por lo regular escasa en latitudes como el de  sitios como Aguascalientes– en su fabricación.

La tradición vernácula en materia arquitectónica en Aguascalientes, deja como enseñanza su adaptable pragmatismo y su plástica sobria, alejada de afectaciones estilísticas, mostrando siempre una natural honradez que aún se percibe.