Josemaría León Lara

En la dicotomía entre el “no pasa nada” y el “todo es posible” comienza la discusión de las increíbles realidades en las que se encuentra sumergido México. Mientras por un lado se pretende tapar el sol con un dedo a través de un cinismo que resulta grotesco, por el otro encontramos una amplia gama de acontecimientos que parecieren producto de la imaginación de un pésimo autor de ficción.

Supongo que en esto se encuentra el inconfundiblemente pintoresco encanto de nuestro país, mismo que solo se puede entender bajo la óptica de un pueblo que lleva por estandarte la frase “jodidos pero contentos”.

Los mexicanos somos blanco de la alta manipulación ejercida por la estrecha relación entre el gobierno y los medios de comunicación. Una unión perversa que pretende vender verdades “absolutas” para mantener al pueblo apacible; sin embargo ¿qué pasa cuando se produce el divorcio entre estos dos actores?

Toda autoridad está limitada en su acción puesto que solo puede realizar lo que la ley le faculta, a diferencia de la persona física que puede hacer todo aquello que la ley no le prohíba. Aquí resalta la obviedad de que en el plano de la realidad lo que dice la ley es una cosa y lo que de hecho sucede es completamente otra.

Partiendo del texto constitucional en sus artículos sexto y séptimo, en donde se protege a la libertad de expresión y la de prensa como garantías y derechos fundamentales, podríamos suponer que en este país que el periodismo se puede ejercer de manera libre y segura.

Pero cuando el periodismo se ejerce de manera libre e imparcial y no a billetazos, suele convertirse en una piedra en el zapato para el gobierno. Una molestia que puede tender a irritar a los actores políticos, mismos que a través del uso del “poder” recurren a la desacreditación, censura y a veces los alcances pueden ser mucho peores.

De acuerdo al informe anual de Reporteros sin Fronteras del año pasado, México se encuentra en el lugar número 148 de 180 en la clasificación mundial de libertad de prensa, lo que se traduce en que es el país más inseguro de Latinoamérica para ejercer el periodismo.

Y si vamos de lo general a lo particular, en 2015 fueron ocho los periodistas asesinados en territorio mexicano, siendo Veracruz, Oaxaca y Guerrero las entidades federativas con mayor índice de violencia en contra de periodistas. Además la Comisión Nacional de Derechos Humanos arroja que el ochenta y nueve por ciento de los delitos en contra de comunicadores permanecen impunes.

Del año dos mil a la fecha, ya suman noventa los periodistas asesinados por ejercer su oficio, siendo esta semana precisamente cuando se llegó a cifra puesto que en el Estado de Puebla fue encontrada sin vida el cuerpo de una periodista veracruzana.

Sí, es cierto que el reflector se encuentra nuevamente sobre el gobierno de Veracruz, pero no quiere decir que sea la única entidad en que suceden estos actos que tal parecen producto de un Estado Totalitario en vez de uno Democrático.

jleonlaradiaztorre@gmail.com / @ChemaLeonLara