Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Con un saludo al General Pablo Godínez, con los deseos por su pronto restablecimiento.

 

“Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, echa las tuyas a remojar”

Dios guarde la hora de que nos vaya a pasar una tragedia como la que aconteció en Nuevo León, las circunstancias son diferentes. ¡Qué se caiga el púlpito pero que no se rompa la vinajera! Clamaba aquel cura de Mexticacán! Y hablando de barbas, me decía alguna vez un compañero universitario que trabajó de secretario de Don Humberto Martínez de León, “me empecé a dejar la barba pero me salía como la tuya, así es que mejor decidí rasurarme”, yo, tentado por el demonio me apresuré a responderle: “Yo tengo la cara como la tuya, así es que por eso decidí dejarme la barba”. Escribí demonio y me arrepiento, y me apresuro a corregir: Don Diablo, como le llamaba el alguacil del “Sueño” de don Francisco de Quevedo, a quien recriminándole que tratara con tanto comedimiento a una criatura tan vil, de inmediato se justificó, palabras mas, palabras menos: “Es que uno nunca sabe lo que nos traerá el futuro, de manera que mas vale tratar con comedimiento y respeto a todas las personas”.

Una gran parte de las cárceles mexicanas, a las que suelen dárseles diferentes títulos a cual más eufemísticos, son verdaderas bombas de tiempo o barriles de pólvora, por usar una expresión más antigua, que esperan quien sea el primero que se acerque a encender la mecha. El concepto de readaptación, el de reinserción y otros similares, en la práctica son letra muerta que tan solo se aplican en la denominación, sin que en realidad lleguen a aterrizarse en políticas y programas efectivos que permitan que los “egresados” de las cárceles se inserten como entes “productivos” en la vida social.

En las evaluaciones que anualmente practica la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, las mejor calificadas, entre ellas las de Aguascalientes, no alcanzan un ocho de calificación y muy pocas, incluidas las de Aguascalientes, apenas pasan el siete. La mayoría no pasa ni de “panzazo”. En el caso de Topo Chico era una verdad a gritos. Todo mundo sabía que cumplía a cabalidad con los requisitos necesarios y algunos mas para producir una tragedia a corto plazo, y si no fue antes y si no fue mayor, se debió seguramente por la intercesión de Nuestra Señora del Roble, patrona de Monterrey, o por el ruego de Santa Catarina, también avecindada en aquella ciudad. Vamos a ver: decía Carlos Llano, el rector magnífico de la Universidad Panamericana y luego del Instituto Panamericano de Administración de Empresas que para hacer puentes no hace falta creer en Dios, pero para hacer puentes como Dios manda, sí. Así es que haciendo cuentas como Dios manda habría que decir: En Topo Chico tenemos una cárcel muy antigua con varias décadas en su haber; tenemos una sobrepoblación que se repite en casi todas las cárceles del país; tenemos un grupo de custodios pequeño, apenas cien para mas de cuatro mil internos; tenemos una administración compartida entre grupos delincuenciales en la que la administración “oficial” solo juega un papel de espectador y receptor de algunas “participaciones” en los diversos negocios de los auténticos administradores, prostitución, droga, venta de seguridad, extorsiones dentro y fuera, etc.; tenemos una población flotante de “visitantes” que no tendría justificación de estar allí; y, sin poner punto final, un “impasse” en que la decisión del Gobernador, “bronca” pero poco inteligente, terminó el convenio por el que el Ejército mantenía mas o menos a raya las actividades ilícitas y la violencia, sin tener a cambio un proyecto concreto de depuración.

Era la crónica, ¡Válgame Dios!, de una tragedia anunciada. ¿Por qué a las once y pico de la noche se encontraban mujeres y niños de “visita” en el penal?, ¿Por qué los internos a esa hora no se encontraban recluidos (encerrados) en sus celdas?, ¿Por qué los internos pudieron salir de una crujía e ingresar a otras de donde extrajeron otros internos que masacraron?, ¿Por que tenían los internos un arsenal de armas hechizas y otras introducidas a ciencia y paciencia de los custodios?, ¿Por qué las autoridades penitenciarias del estado y las federales habían vuelto a reunir a cabecillas de grupos que ya habían provocado un motín de proporciones semejantes en Apodaca, Nuevo León?, ¿Por qué siendo un penal estatal tenía mas de mil reos federales que disparaban el hacinamiento?, ¿Por qué si el Comisionado de Seguridad Nacional, Renato Sales estaba al tanto de todos los factores de riesgo, no apresuró las medidas que, ahora, después de ahogado el niño, tapar el pozo, están tomando para despresurizar el Penal. Demasiados “¿por qués?” sin respuestas, o mas bien, con una terrible respuesta que fue la masacre de Topo Chico.

En el caso de Aguascalientes, ni Dios lo quiera, difícilmente podría darse una tragedia de proporciones semejantes a las de Nuevo León, sin embargo las evaluaciones mas recientes de la CNDH, muestran un descenso en la calificación. No para alarmarse, sí para alertar. Nuestros centros de internamiento mas importantes, los de varones de Aguascalientes y del Llano son centros antiguos, el primero con mas de cuarenta año de antigüedad, el segundo con alrededor de veinte. Ambos han sufrido adecuaciones, pero ambos, especialmente en el Aguascalientes, se han sacrificado áreas de convivencia, de deportes, de huertos y aún de talleres, para que puedan albergar mas número de internos, y aún cuando “nominalmente” tengan “capacidad” para un número “x” de huéspedes, no cumplen con las normas internacionales y aún las nacionales en cuanto al tratamiento de acusados, procesados y sentenciados. Mas aún, en alguno de ellos se han presentado incidentes en que se ha atacado a los custodios, en una llamada de atención que hay que atender.

Afortunadamente las visitas que se han practicado recientemente de manera conjunta por el Juez de Ejecución, personal de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y autoridades penitenciarias del mas alto nivel, han puesto de manifiesto áreas de oportunidad en que se necesitará contar con el apoyo y comprensión de las autoridades de los diferentes poderes y de los diferentes niveles para que, Aguascalientes, si Dios quiere, asuma liderazgo en un área que no debe soslayarse.

P.S. El lector perspicaz habrá notado en esta columneja repetidas alusiones a la divinidad. Es un guiño que este escribidor se permite como un saludo respetuoso a S.S. Francisco.

bullidero.blogspot.com                  bullidero@outlook.com                   @jemartinj