Fabiola Santiago
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 3-Oct .- Radiohead cumplió anoche un regreso triunfal en el Palacio de los Deportes.
Tras cuatro años de ausencia en los escenarios nacionales, la banda británica se reencontró con 21 mil 700 fans (de acuerdo con cifras de Ocesa), quienes desahogaron sus tensiones, tristezas y agitaciones en un dinámico concierto en el que los músicos, fieles a su costumbre, variaron por completo el repertorio.
Como es tradición en Thom Yorke, Jonny Greenwood, Phil Selway, Ed O’Brien y Colin Greenwood, en compañía del baterista invitado, Clive Deamer, se entregaron desde su arribo al escenario, a las 21:10 horas, a tocar con dedicación.
Eso alivió la ansiedad de la gente, para la que pasó sin pena ni gloria el telonero Shabazz Palaces, grupo de hip hop experimental y rap alternativo que abrió el espectáculo a las 20:00 horas.
La multitud, conformada por hombres y mujeres de entre 20 y 45 años, entraron inmediatamente en la sintonía de Radiohead, que con acordes, por momentos frenéticos y melancólicos los deslizó en un vaivén de emociones.
Unos cantaban inspirados, otros los grababan con sus celulares, y, por supuesto, abundaron las chicas gritonas a lo largo de temas como “Burn The Witch” y “My Iron Lung”.
En primer momento climático se dio con una de las canciones más desoladoras del set list, “All I Need”, cuyo ritmo fue seguido con las palmas del público y con la cadencia del baile pausado de Yorke, quien se comunicó con sus fans a cuentagotas con “holas” y “muchas gracias”.
A diferencias de otras bandas de su género, Radiohead no cautiva a su público con parafernalia o estridencia sonora, sino con letras profundas, orquestación ambiental y actitud escénica.
De modo que Yorke, el vocalista, recibió toda clase de piropos por su esmero ante el micrófono y Jonny, por su habilidad del multi instrumentalista de alternar la guitarra con los teclados y las percusiones.
La intermitencia de un pull de iluminación intimista, con variantes en tonos azules, verdes y rojos, combinada con una atmósfera hipnótica resultado de apoyos visuales en pantallas que emularon trozos de película de celuloide, prodigó a los asistentes de una excitación controlada que fue en aumento con piezas como “Nude”, “Everything In It’s Right Place” o “Idioteque”.
Brazos al aire, cabelleras agitadas y cuerpos que se movían con desenfado se volvieron la instantánea monumental en el domo cobrizo hasta el espectacular cierre, alrededor de las 23:30 horas con “Creep”, canción con el que todos en el Palacio gritaron de emoción y no faltaron los que se conmovieron hasta las lágrimas.

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