En una celebración solemne realizada en la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, fueron instruidos al ministerio del acolitado de manos del excelentísimo Señor Obispo Don José María de la Torre Martín, seis miembros del Seminario Diocesano, y a tres jóvenes como ministros lectores.
De igual manera fueron presentados los alumnos del seminario Rodrigo Jiménez Delgado y Marco Antonio Hernández Marín, como candidatos para las órdenes sagradas, quienes luego de hacer la protesta correspondiente, fueron aceptados, recibiendo del jerarca católico la bendición de Dios.
Dentro de la homilía que el pastor de la Diócesis de Aguascalientes ofreció a los presentes, especialmente a los seminaristas y familiares de ellos que tuvieron a bien acompañarlos, sus oraciones al creador fueron principalmente por los once seminaristas.
“La oración es para ellos en especial, es en la oración donde se encuentran las fuerzas necesarias, alegría y fidelidad del ministerio que se les ha confiado”.
“Proclamarán la palabra de Dios, educarán en la fe, anunciarán el mensaje de salvación para quien no lo conoce y de esta forma podrán llegar al conocimiento de Dios Padre y de su hijo”. De la Torre Martín, insistió en sus palabras, “cuando anuncien la palabra de Dios, sean dóciles al Espíritu Santo y que su misma vida de testimonio de Nuestro Señor Jesucristo”.
Juan Antonio de Luna Sánchez, Carlos Humberto Arellano Terrones y Mario Alberto Serrano López, fueron conferidos mediante las sagradas escrituras, que el Obispo de la Torre Martín les otorgó a llevar su palabra como ministros lectores.
Mientras tanto, los ministros acólitos que apoyarán a los presbíteros y diáconos en la sagrada eucaristía serán, Julio Adrián Becerra Moreno, Luis Alberto Hernández Carrillo, Francisco Javier Guzmán Salas, Juan Horacio Vázquez Frías, José Axel Sandoval Aguilar y José Asunción Esparza Gutiérrez.
Los nuevos ministros de la eucaristía, tomaron en el altar el cáliz que contiene el cuerpo y la sangre de Cristo, como compromiso de fe.
Los seis jóvenes, cambiaron su indumentaria por la túnica blanca, y más tarde compartieron la hostia santa a la comunidad cristiana y especialmente a sus familiares.