Noé García Gómez

Cuando ocurrió el terremoto del 19 de septiembre de 1985 tenía 6 años de edad, pero recuerdo cómo las imágenes en televisión me impactaron, ver gente común, con el rostro y cabello empolvado quitando pedazos de escombro de los edificios derrumbados, como propagaban las noticias de personas rescatadas, me llenaban de tensión y temor.

Al paso del tiempo por medio de lecturas y pláticas con personas que vivieron el desastre, he construida una idea alterna a la del desastre, no solo cimbró la tierra de la ciudad de México, sino cimbró las conciencias de los habitantes de esa ciudad. La gran cultura política, democrática y participativa del DF tiene una larga construcción, y parte de ese camino fueron los sucesos que detonaron el terremoto.

Una reacción tardía y torpe del gobierno federal y de la ciudad (que en ese entonces dependía del Ejecutivo Federal) obligó al pueblo a salir en auxilio de sus compañeros ciudadanos. La soberbia que caracterizaba los priistas los segó de las proporciones del desastre, y como los habitantes, cada que quitaban un ladrillo o una piedra de esos edificios, de manera paralela quitaban un soporte a la estructura política del PRI. Estar mano a mano, empolvados y extenuados, pero con la esperanza de encontrar sobrevivientes, fue gestando un despertar de conciencias, un movimiento de solidaridad que sabía que en sus manos estaba cambiar las cosas.

Ahí entre los escombros se comenzó a gestar la sociedad civil organizada y apartidista de la ciudad de México, que fue permeando a otros rincones del país.

Las crónicas describen como la orden del gobierno fue enviar a soldados y policías a acordonar zonas de centros comerciales y tiendas departamentales para evitar el robo y pillaje, pero no coadyuvaron en el rescate y auxilio de las personas.

Por primera vez no importó las clases sociales o el nivel académico, se pasaban herramientas e implementos para los que colaboraban en el rescate, y paralelamente se formaban improvisadamente centros de acopio y albergues para los afectados.

Después de aproximadamente una semana de búsqueda, rescate y apoyo, las familias afectadas se organizan en defensa de sus viviendas y durante meses realizaron asambleas en las calles.

Como lo describe el reportero José Luis Ramírez “Surgen uniones y asociaciones, y el 27 de septiembre, se realiza la primera movilización de damnificados hacia Los Pinos; con aproximadamente 30 mil personas, desfilan en silencio con tapabocas y cascos, símbolos de los rescatistas. Demandan la expropiación de predios, créditos baratos, un programa de reconstrucción popular y la reinstalación de los servicios de agua y luz. Las protestas y marchas se extienden por días, y el paralizado gobierno de Miguel de la Madrid trata de reaccionar tardía y torpemente. Cuando finalmente recibe a los afectados para comunicar las acciones del gobierno y esperando que los afectados agradecieran, la gente le reclama que no se ha dado solución ni a la décima parte de los afectados y que faltan más.” Los que les habían otorgado vivienda y créditos y los convocaron para un evento con el presidente se solidarizan con los que quedaron fuera.

El 24 de octubre, cerca de 40 organizaciones vecinales crean la Coordinadora Única de Damnificados (CUD).

Otro caso emblemático es el del “Sindicato de Costureras 19 de septiembre”, las condiciones de los talleres de costura donde se realizaban revisiones exhaustivas y encerraba con llave a las trabajadoras provocó la muerte de centenares de trabajadores en su mayoría mujeres. Familiares y trabajadoras que fueron despedidas con el pretexto del derrumbe se organizaron y denunciaron las labores deplorables del sector y exigieron indemnización y restablecimiento del empleo. Un sindicato noble y espontaneo producto de la tragedia.

Muchas consecuencias generó el temblor, por una lado desnudar la falta de protección civil en edificios y centros urbanos, también desarticuló el tradicional control corporativo del PRI, además de que la ciudadanía se organizó y empoderó elevando ampliamente su cultura participativa. Que sin duda desencadenó el paso a la alternancia en nuestro país.