“Hasta la Vista…Franquicia”

COLUMNA CORTEHace más de 30 años, el espectador promedio comenzó a integrar a su léxico cinéfilo palabras como “desplazamiento temporal” y “paradoja espacio-tiempo” gracias al arribo en pantalla grande de un ser cibernético con tegumento y capilares humanos proveniente de un futuro post-apocalíptico con la encomienda de asesinar a la madre del futuro Mesías de la humanidad capaz de brindarles estrategia e inspiración en su lucha contra las máquinas insurrectas empeñadas en controlar el mundo. Este proceso de torsión dimensional acopló a un ser humano señalado para detenerlo, enamorando a la mujer bajo su custodia en el proceso y siendo él quien cooperara en la fecundación del futuro salvador. Este punto argumental en particular despertó incontables debates: ¿Qué hubiera ocurrido si otro fuera en su lugar? ¿Cómo se vería alterado el destino del mundo si este protector fuera asesinado antes de tiempo? ¿Si la mujer, llamada Sarah Connor, se hubiera preñado de otro el resultado hubiera sido el mismo? Y por supuesto, el cuestionamiento elemental clave en toda historia con este tipo de premisas: El hecho de que el futuro permaneciera igual al momento en que ambos fueron mandados al pasado ¿No significa que la misión del humano jamás tuvo éxito puesto que las máquinas tienen el control? Si el futuro puede ser alterado ¿Cómo pues existe siquiera en su versión fatalista, si se generan esfuerzos por cambiarlo? Muchas interrogantes que brotan con frenesí y que pueden ser aplacadas momentáneamente si, o se retoman lecturas valiosas al respecto como los postulados relativistas de Einstein o el texto protocolario sobre protección cronológica de Stephen Hawking o simplemente abandonamos la lógica y cualquier proceso racional y se entrega uno a una trama que prácticamente exige este último proceder. Si esto ocurre, entonces el filme es disfrutable e incluso entretenido, así como su secuela, ambas dirigidas por James Cameron. El resto solo funcionan para rellenar barras de programación en canales por cable o satélite a altas horas de la noche. Y la más reciente ya estrenada en cartelera, parece que tendrá el mismo destino, aún si en todos estos filmes se nos pregona que no hay tal y que nada está escrito, pero no se requiere venir del futuro para vaticinar el oscuro fin de esta producción, pues no hace nada por proponer o explorar la interesante mitología planteada en las cintas originales, y cuesta trabajo comprender porqué los estudios hollywoodenses se emberrinchan en mantener viva una franquicia muerta hace años.
“Terminator: Génesis” se plantea la titánica tarea de amalgamar todas las líneas temporales, paradojas y aberraciones cronales propuestas en todas las películas previas, y la idea no carece de atractivo, mas un guión hecho prácticamente al vapor y la floja dirección de Alan Taylor debilitan cualquier pretensión con un argumento morrocotudo y barroco hasta el hastío. Se abre con la ya no tan ajena imagen de una humanidad en quiebra siendo dirigida por John Connor (Jason Clarke) y su segundo, Kyle Reese (Jai Courtney, tal vez el sujeto con menos carisma en una película de acción en lo que va del año) contra las máquinas. Utilizando el mencionado dispositivo temporal, Reese es enviado al pasado para detener al Terminator enviado a asesinar a Sarah Connor (Emilia Clarke, tal vez lo más destacado de la cinta), madre de John, y así modificar su presente-nuestro futuro a favor de Skynet, amo y señor de los sintéticos. Todo parece de rutina, hasta que Reese se encuentra con Sarah y descubre que no es la tímida mesera que John le había dicho sería, pues es toda una mujer guerrera adiestrada en el combate gracias a un T-800 envejecido (Arnold Schwarzenegger) que fue enviado cuando Sarah tenía 9 años para protegerla. Ahora Kyle, Sarah y el androide -apodado afectuosamente “Abuelo” por ella- deberán enfrentarse contra un T-1000, la policía que los busca por actividad sospechosa y…John Connor, quien se desenmascara como un pseudo-terminator una vez que fuera infectado con un tecnovirus que lo controla y le da propiedades miméticas – metálicas, un giro que pudo ser valioso para esta narración si los avances de la película no lo hubieran mostrado ad nauseam por televisión. Morrocotudo, efectivamente. Tal embrollo pudo funcionar como escapismo de serie B si tan solo la dirección tomara alguna fuerza o intención por amarrar todos estos nudos y no fugar su atención en las secuencias de acción, o si el reparto no pareciera estar bajo los efectos del Valium. Todo el tiempo da la impresión que esta cinta existe tan solo para darle trabajo al canoso Arnold y tratar de mantenerlo vigente en el medio que le diera fama y poder hace décadas, pero ver una vez más su rostro desfigurado para revelar su esqueleto metálico ya no basta. En algunos momentos de la película él mismo repite con considerable amargura “soy viejo, mas no obsoleto”. Yo difiero. No hay nada en esta producción sin que se perciba caduco o anacrónico, pues el tiempo de esta franquicia ya pasó y la falta de empeño por lograr un filme destacado en la serie lo demuestra. Llegó el momento que el Terminator “does’nt come back”.

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