113. Templo Cristiano en Avenida Madero #334 (1927)
Templo Cristiano en Avenida Madero #334 (1927)

Por J. Jesús López García

La modernidad en su vertiente más ortodoxa conlleva cierto desprecio por el ayer, eso en arquitectura se expresó en un abandono casi total de formas que aludiesen a los viejos moldes que de alguna manera dieron un perfil a los significados tradicionales contenidos en la imagen de cualquier edificio, una casa, un palacio, una iglesia y así prácticamente cualquier género. La modernidad por el contrario buscaba en el lenguaje constructivo una pureza formal totalmente neutral a todo significado que no fuese alusivo a la misma modernidad. Más esa especie de pureza no se llevaba en la práctica de manera tan estricta suscitando incluso algunas reacciones completamente opuestas a los fines de la representación moderna. Curiosamente esa reacción contra la modernidad es un rasgo, paradójicamente, moderno.

El revivir parte del pasado es una especie de revulsivo contra un supuesto o genuino desorden actual. Ya en tiempos de Carlomagno se trataba de emular a la arquitectura de la antigua Roma como parte de una visión imperial que buscaba en los repertorios antiguos una guía para unos mejores presente y futuro, lo que es el fundamento del concepto de la modernidad. El resultado arquitectónico fue el ahora conocido estilo románico precedente del gótico de fines de la Edad Media.      En el siglo XIX ya con las ideas Ilustradas en proceso de incorporación a los Estados Nacionales contemporáneos, y sobre todo con los espectaculares resultados de la Revolución Industrial invadiendo poco a poco todos los espacios de la vida cotidiana, vino una reacción más, de cara al pasado pre moderno. La pureza neoclásica precursora en arquitectura de su racionalidad moderna que en los años veinte y treinta del siglo XX se expresó de modo más contundente, fue interpelada por muchos intelectuales, arquitectos y artistas decimonónicos, preocupados por una emotividad estética que veían erosionada por la estatura que la Razón estaba alcanzando.

De ello se desprenden movimientos como el prerrafaelismo ingles que querían regresar a la pintura al momento anterior a la obra del renacentista Raffaelo Sanzio de Urbino a quien veían como representante principal de la moderna decadencia pictórica; los motivos y temas empezaron a poblarse de alegorías medievalistas, de situaciones en que la magia y el misterio tenían aún cabida. De esos movimientos artísticos surgieron las variantes del eclecticismo que es una mezcla de lenguajes formales unidos por una interpretación particular del artista; también se manifestaron tendencias revival que compendiaban en sus ejemplos construidos una paleta de formas y soluciones retomadas de repertorios anteriores mezclándolos en algunas ocasiones con toda la gama de posibilidades que podían conocerse a través de los nuevos sistemas de transporte y comunicación.

Así podemos apreciar el Royal Pavillion de John Nash en Brighton, Inglaterra de 1823 con una clara influencia de la India de los mogoles pero también ejemplares claramente insertados en la tradición occidental, aunque grandilocuentes, como los castillos de Neuschwanstein en Baviera, Alemania o el del Palacio da Pena, en Sintra, Portugal, modelos para el emblemático castillo de Disney. Estos edificios fueron auspiciados por el espíritu del Romanticismo decimonónico que al orden ilustrado del neoclasicismo anteponía una emocionalidad nostálgica y en ocasiones casi enfermiza pues los románticos consideraban su tiempo más que un inicio, el fin de una era.

El revivalismo -del inglés revival- se manifestó en Aguascalientes no como una reacción intelectual como en Europa, al orden Ilustrado y a los avances cada vez mas acelerados de la tecnología, sino como una búsqueda de sintonía con tendencias novedosas mundiales; de hecho con la industrialización de fines del siglo XIX y con los ferrocarriles trasladando productos y personas con ideas y modos de vivir ajenas a la tradición local, el revivalismo fue acogido no como lo antagónico a lo moderno, sino de forma real se le percibió como parte de esa modernidad.

Fincas de esa tendencia los hay variados y de distintas facturas, existen en estado puro, así como en estilos y repertorios mezclados como el caso del templo de San Antonio, obra que se corona con un bulbo a la usanza bizantina en un conjunto ecléctico con referencias múltiples. Sin embargo esa tendencia a invocar lo antiguo, pasado que incluso nos es ajeno por la situación geográfica es más notoria en edificios como el Templo Cristiano ubicado en la Avenida Madero #334.

Inmueble que atrae la atención por la contundencia austera de su volumen y su geometría simétrica que refuerza su composición axial con dos torres rematadas con almenas. La finca edificada en 1927 según placa insertada en la fachada principal, fue de los primeros que delimitaron la alineación de la entonces nueva Avenida Madero y con frecuencia se le alude coloquialmente como el castillito. Su construcción obedece probablemente a la llegada a Aguascalientes de algunos vecinos norteamericanos que trajeron consigo el bagaje de las iglesias Reformadas y se destaca del perfil de la calle entera por las formas de su fachada alusiva a la arquitectura militar medieval que a veces tomadas por extravagancia, no son otra cosa que ese buscar en modelos pasados un bastión para resistir el implacable paso del tiempo. Indudablemente un ejemplar que forma parte de nuestro patrimonio arquitectónico aguascalentense digno de conocer y valorarlo en su justa dimensión.