Por J. Jesús López García

114. Templo de San Juan NepomucenoIncluso para quien conoce nuestra ciudad acaliteña, o una buena parte de ella, se reservan algunos fragmentos que por su condición, no son de gran impacto para el recuerdo o la remembranza fáciles. Elementos que no se ubican en calles de una jerarquía sustancial, que no poseen en su contexto edificios de una concurrencia elevada o una resonancia social para la mayoría de los habitantes de la urbe por ser casas particulares o negocios que dan servicio a una zona muy delimitada.

Sin embargo, si dejamos que la curiosidad se dé su tiempo y apartamos un momento el automóvil para caminar a través de las múltiples avenidas, calles, arterias o callejones, sin enclaustrarnos en una burbuja, encontraremos un sinfín de sitios, ámbitos, rincones e inmuebles interesantes por su naturaleza, inesperados por su situación urbana y agradables a la vista por su constitución arquitectónica.

En una calle estrecha en su arroyo y en sus banquetas, de paramentos cerrados, entre edificios diseñados y construidos con dispar fortuna, se encuentra ubicado el templo de San Juan Nepomuceno, centro religioso de modestas dimensiones pero que provoca la asiduidad devocional de múltiples vecinos que contribuyen a darle vida.

San Juan Nepomuceno, en checo Jan Nepomucký derivado del lugar de su nacimiento, Nepomuk en la Bohemia checa, vivió al final de la Edad Media pero fue canonizado en el siglo XVIII, centuria en el cual también se erigió la iglesia en Aguascalientes. La razón precisa de la dedicación del recinto a un santo de Europa central, entonces recién canonizado, es algo que actualmente se nos escapa pero para la especulación sirve saber que el apóstol santo y mártir fue nombrado patrón en el mismo siglo, de la Infantería de la Marina española.

Lo anterior puede aumentar la curiosidad pues si ese fue el motivo, la villa de Aguascalientes estaba muy lejos de los sitios donde en la Nueva España se concentraba la armada del Rey. Aumenta más la curiosidad si tomamos en cuenta el altorrelieve del remate de la portada, pues el gorro frigio del que emanan rayos simboliza la libertad frente a la opresión, ya que originalmente era el tocado que usaban en la cabeza los esclavos libertos del Imperio Romano.

La dedicación a un santo relacionado con un brazo armado de un reino gobernado del otro lado del océano y la alusión de la libertad, probablemente hecho ya en el siglo XIX, son al menos en apariencia, dos condiciones contrarias, más ello no quita valor a la obra, por el contrario aumenta el interés de llevar a cabo un esfuerzo mental para conocerlo y apreciar el espacio y cada uno de los elementos arquitectónicos, tanto en sus volúmenes como en su interior.

El templo es de planta de cruz latina tradicional, sin embargo concluye en un presbiterio de planta circular, algo que no es común en la arquitectura religiosa del Aguascalientes en aquel siglo, como tampoco lo es la total ausencia de atrio y su ubicación en una calle que no poseía la importancia de muchas otras que ligaban, y ligan aún, polos de convivencia social importantes como plazas, edificios públicos de diversas índoles o mercados.

La austeridad del sitio donde se desplanta el inmueble se hace eco en la portada del edificio mismo: una iglesia de dimensiones moderadas, sobre todo si se compara con otros ejemplares del momento en la misma villa, con una portada de rasgos neoclásicos muy sobrios dispuesta en un solo cuerpo y únicamente una calle, enmarcado todo por dos pilastras que rematan en un entablamento muy sobrio.

El acceso con un arco de medio punto se acompaña con cuatro pilares de planta circular que sostienen otro entablamento sencillo. Un reducido óculo de proporción oval, una variación de la mandorla -así llaman en italiano a la almendra- que es el traslape de dos círculos y que significa el halo de luz que acompaña a Jesucristo y a la Virgen, se presenta bajo el anagrama mariano y todo ello culmina en el remate de líneas sinuosas que se alza como el único gesto barroco, y con el gorro frigio. La torre dispuesta sobre un tambor de planta semicircular se dispone en dos cuerpos sencillos de planta octagonal culminando con una linternilla.

San Juanito, como es llamado el templo de manera afectuosa por sus devotos, es una pequeña pero agradable sorpresa para quien en medio de una calle, hasta cierto punto anónima en su constitución arquitectónica, se encuentra con un edificio extraño por su uso, disposición y fecha en que se edificó, una muestra de dignidad urbana que nos recuerda a los arquitectos que no es necesario recurrir a grandes alardes formales para lograr una obra entrañable a los habitadores; además de estar dedicado a un santo que también se reconoce en su labor de defensor contra las calumnias, papel para el que la sobriedad del edificio viene muy bien.

¡La invitación está hecha para que lo conozca y disfrute de una de las singulares obras arquitectónicas de nuestra espléndida Aguascalientes!