Hasta siete años podría tardar la consolidación de un nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte, en el que será prioritario incluir un capítulo específicamente para el tema de energéticos, resaltó el maestro en Estudios Latinoamericanos, Mario Rodríguez Montero, quien signó una ponencia al respecto, a alumnos de una universidad privada.

El especialista en materia indicó que si bien, hace dos décadas que se pacto el TLCAN, fue funcional, al tratarse de un modelo de crecimiento basado en las exportaciones que ha perdurado en los años que lleva de existir, tiempo en el cual el mayor crecimiento y beneficio lo obtuvo nuestro País, ya se dio el anclaje fundamental para macroeconómicos robustos y es necesario apostarle a los nuevos tiempos.

“Se manejó un déficit fiscal bajo, una relación de deuda manejable, una inflación con sus altas y bajas pero bajo control, y un sistema bancario sano; en el caso de México eran aspectos que no se veían desde los años sesenta, podemos afirmar que se recuperó y se fortaleció de crisis venideras como la que inició en 2008 y que ahora seguimos sufriendo. Gracias a este acuerdo de libre comercio, las otras dos economías también se robustecieron derivado de su participación en el TLCAN”, destacó.

Sin embargo, enfatizó que hay ciertas variables que no se movieron con la rapidez o con la profundidad requerida y esperada, sino que, por el contrario, perduraron bajos niveles de ahorro interno, insuficiente nivel de crédito a las actividades productivas, y una baja inversión, incluyendo en el tema de infraestructura.

“Todo ello muy bajo, si lo comparamos en los últimos años con el desempeño de algunos países asiáticos, sobre todo China. Más aún y muy importante es, que se acentuaron las desigualdades regionales en los tres países; disminuyó la productividad total de los factores, se presentó un nivel muy bajo de gasto público destinado a fortalecer el desarrollo y la investigación, y la clase media empezó a debilitarse, sintiendo presiones fuertes para coexistir en los tres países dentro de un entorno de pobreza extrema o casi extrema en las áreas rurales y en los bolsones marginados de los grandes centros urbanos”, condenó.

En este sentido, Rodríguez Montero recalcó que estos aspectos negativos resultantes en el periodo que ha transcurrido durante estas dos décadas, están relacionados con objetivos de desarrollo que no estaban comprendidos en la visión original del Tratado de Libre Comercio.

“Durante su existencia, estos objetivos de desarrollo no han podido alcanzarse en el caso de México, también en menor medida de Canadá y de Estados Unidos; en realidad se han ido acentuando las desigualdades socioeconómicas, internas y externas en las tres naciones, ya que el acuerdo no vino acompañado de otras acciones complementarias de políticas públicas tanto nacionales como a nivel regional”, lamentó.