Josemaría León Lara Díaz Torre

La globalización y las nuevas tecnologías han creado un nuevo horizonte en la manera de visualizar el futuro de la humanidad. La interconexión global, hoy nos permite estar en tiempo real poder hacer contacto con quién sea en cualquier rincón del planeta sin la necesidad de salir de casa; pero a pesar de los beneficios progresistas que esto haya acarreado, como toda historia, también tiene un lado un tanto menos agradable.

Hablando en particular de la historia del mundo occidental, el progreso siempre ha sido un factor determinante en el caminar de las culturas. Los avances científicos, artísticos e ideológicos han sido los motores tanto para el auge como el declive de cualquier civilización; más una cosa sí que nunca ha cambiado y eso es la naturaleza intrínseca del ser humano.

Con el pasar de los siglos existe una constante en la mayoría de las civilizaciones del mundo antiguo (y también del moderno) que es la guerra. Desde un punto de vista antropológico, se podría decir que todo comienza por el simple hecho de la necesidad de la supervivencia del más fuerte, algo que resulta obvio cuando el hombre compartía una condición nómada, más la realidad cambia al convertirse en un ser sedentario.

La ambición y el poder, comenzaron a generar divisiones y odio. Un odio que se ha heredado generacionalmente como una especie de autodefensa inconsciente para la supervivencia moderna. De esta manera nos podríamos explicar la existencia de la “xenofobia” en el Siglo XXI.

Toda acción tiene una reacción. En esta semana, tuvieron lugar dos acontecimientos por más polémicos en la Unión Americana, motivo de análisis y ambos producto de la evidente intolerancia y el odio que se vive más allá de la frontera Norte de nuestro país.

A pesar de ser aun precandidato a la Presidencia de los Estados Unidos por el Partido Republicano, el magnate Donald Trump se encuentra en el ojo del huracán por sus polémicas declaraciones en materia migratoria. En días pasados en el Estado de Iowa, el periodista mexicano Jorge Ramos fue expulsado de una rueda de prensa, al encarar al egocéntrico multimillonario sobre el tema migratorio.

Por otro lado en Virginia un individuo de raza afroamericana, asesinó a sangre fría a dos ex compañeros del trabajo, con el argumento de haber sido discriminado por ambas víctimas por razón de raza y preferencias sexuales. Lo macabro de la historia es que, el asesinato fue trasmitido en vivo ya que las víctimas (reportera y camarógrafo), fueron sorprendidas por el agresor al momento de estar realizando una entrevista; además el homicida estaba grabando el crimen con su celular, para inmediatamente subirlo a las redes sociales.

En ambos casos, el odio está presente y es el factor que hace a la noticia. Por un lado Trump, con su intolerancia pretende deportar a once millones de indocumentados que viven en los Estados Unidos, y cuando públicamente es afrontado en el tema, hace uso de la fuerza y pide al personal de seguridad que retiren a Ramos del recinto para que no afecte la supervivencia de su rueda de prensa. En contraposición, una persona de raza negra acaba con la vida de dos personas, usando la fuerza bruta a través de un arma de fuego.

Parece que no importa ni el origen, ni la raza, ni las creencias, el miedo a lo diferente automáticamente crea barreras, intolerancia y odio en vez de respeto y diálogo. Agradezco sus comentarios a : jleonlaradiaztorre@gmail.com /@ChemaLeonLara