Admitámoslo, nos encantan las historias de súper héroes. Esa posibilidad de que un día de entre la cotidianidad explote la posibilidad de lo extraordinario: una picadura de insecto que haga renacer nuestro potencial; esa chispa que despierte nuestro talento para desarrollar grandes inventos, hombres de metal que vuelen y lancen poderosos cohetes; ese método químico que nos haga súper hombres; esa magia dormida que un día brote y nos permita controlar las cosas e incluso volar. Todo eso, es una posibilidad mágica y extraordinaria.
Por eso no resulta extraño que las salas de cine se abarroten ante una película del tema, porque salirse un poco del día a día, nos brinda la posibilidad de soñar un poco.
En varios países de Europa, como España y Grecia sobre todo, últimamente han pasado fenómenos políticos interesantes. Después de mucho desencanto social ante la política, resurgieron posibilidades reales provenientes de la gente común: ciudadanos que estaban interesados en aportar más que en criticar y que con su intachable trayectoria social, siendo activistas, profesores, policías, jubilados o doctores, lograron apoderarse poco a poco de la credibilidad social. En términos prácticos se han convertido en los nuevos héroes de la política en el contexto contemporáneo de aquellos lugares.
Y algo así por fin ya está pasando en México.
Recientemente el politólogo Mario Campos escribió en una columna en El Universal, un comentario titulado “El Bronco, ya ganó”, dedicado al candidato independiente por la gubernatura en Nuevo León, quien desde el arranque de su campaña ha demostrado otra forma de proponer ideas, de hacer campaña y de venderse como político, o por lo menos, como candidato independiente interesado en realizar las labores del desempeño público de forma diferente. Y quien, tan sólo por haber tomado tanto auge político al haberse lanzado como un candidato independiente prometedor y creíble para la ciudadanía, ya ha literalmente ganado, y no precisamente en términos electorales, sino en términos históricos que están impactando en las creencias ideológicas de la gente.
Este personaje (que ya ha repuntado en varias encuestas que lo colocan como el favorito a ganar, seguido muy de cerca por la candidata del PRI y dejando atrás al candidato del PAN), recién comenzó a tener fuerza y ya ha sido ampliamente atacado desde estos mismos partidos políticos, que sin duda lo único que hacen es reforzarlo. La campaña negativa no sirve, cuando la credibilidad social de quien la emite está por los suelos, y cuando se ataca a alguien nuevo, que propone alternativas, sin nada que perder ante quienes por largos años al contrario, han amasado mucho poder, pues… la lógica y sentido común nos llevan a pensar que es porque efectivamente tienen miedo, miedo de perder poder.
Y mientras estos entes institucionales cuestionadamente corrompidos en muchos aspectos siguen operando como siempre lo han hecho, a la gente común, la del día a día, nos está devolviendo con justa razón otra mirada. Porque aun quienes sin siquiera participar en la contienda, estamos viendo cómo sí se puede: sí se puede hacer campañas electorales eficientes, sí se puede proponer buenas ideas, sí se puede proponer a un candidato creíble, sí se puede creer que la ciudadanía puede salir al rescate en casos de crisis. Y esto último es lo más importante.
El personaje de El Bronco, es sólo eso, un personaje, pero la posibilidad que está abriendo al ser el primer candidato independiente fuerte, es algo de sueño.
En Nuevo León es un súper héroe, o más bien un súper ciudadano, que está vendiendo de la forma más sencilla, transparente y creíble, un personaje capaz de realizar lo que los partidos corrompidos no han podido. Si gana, meterá en un buen lío a los partidos políticos, porque ¿cómo se ha de lidiar con un ciudadano? Y además, le regresará una posibilidad de esperanza de cambio a la ciudadanía como hacía mucho no se veía, tal vez desde tiempos de campaña de Fox, poco antes de que ganara. Y si pierde, la gente de todas formas comenzará a impulsarse más fuertemente desde las candidaturas ciudadanas. Cualquiera de las dos opciones es alentadora en pro de la democracia. Qué decir de las propuestas en campaña, por fin se verán nuevas cosas, y no más “toca, toca”, camisetas, calcas o espectaculares, como siempre.
Se viene la revolución ciudadana, no hay duda de que los partidos tratarán de frenarla, pero la gente está tan harta que incluso la mejor estrategia para estos entes institucionales será sentarse y ver la mejor forma de proponer ideas y cambiar sustancialmente sus organizaciones, ya por tantos años viciadas.
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