“Ahora son los hijos los que mandan a los papás, éstos han perdido autoridad. Le temen a las vacaciones porque no saben qué hacer con los niños, adolescentes y jóvenes y en vez de que las aprovechen para la convivencia familiar, hay muchos hijos huérfanos de papás vivos”.

Al señalar lo anterior, el sacerdote Carlos Alberto Alvarado Quezada, les pidió a los padres de familia no dejar caer a los hijos en el ocio, ya que el ocio es el pecado más grande, los lleva a la maldad, a la perversidad, que es la corrupción en la familia y en la sociedad; el ocio es la madre de todos los vicios.

Advirtió que los hijos reclaman con gran fuerza unas cuotas de libertad que a veces no son capaces de manejar con equilibrio: las salidas nocturnas, las fiestas o las compras pueden ser motivos de discusión y se dejan seducir por el “dos por uno”, refiriéndose a bebidas alcohólicas.

Bastantes papás coinciden en que resulta difícil mantener la paz y la disciplina en casa al tratar este tema; las discusiones por el horario de las salidas los fines de semana, pueden generar una batalla y no resulta fácil encontrar argumentos para mantener una hora razonable, de vuelta a casa; como consecuencia, la autoridad paterna puede debilitarse.

Expuso que los jóvenes reclaman libertad, pero no siempre la manejan con responsabilidad, por lo que hay que establecer límites, e impedir con firmeza que los padres sean rebasados, hay que explicarles claramente que hay deberes “no negociables”.

Consideró que tampoco hay que caer en la rigidez de autoritarismo; deben ponerles atención a los jóvenes, dedicarles tiempo, hablar y estar con ellos, hay que fomentarles el diálogo abierto y sincero, afectuoso e inteligente, en un ambiente de serenidad, recomendó.

Dijo que abandonarse a la retórica del sermón, resulta poco eficaz, no faltarán ocasiones que permitan reforzar las buenas conductas. Cuando se ha cultivado la confianza en los hijos, desde su infancia, el diálogo con ellos sale natural; dedicar un tiempo a la familia es el mejor negocio, añadió.

Insistió en la importancia de no dejar que en estas vacaciones escolares, los hijos caigan en el ocio, hay que impulsarlos a que realicen actividades deportivas o culturales, a que se inscriban en algún curso de verano, a que pinten su cuarto o recojan la basura de un lote, calle o río; “hay que mantenerlos ocupados, porque la ociosidad es mala consejera”.