CDMX.- De “mordidita” en “mordidita”, Ricky Martin devoró anoche a su público, en el banquete musical de pop y baile que ofreció como parte del One World Tour 2016, en el primero de sus dos shows en el Auditorio Nacional.
“¡Hola México!”, exclamó ante el griterío de sus fans.
“La energía está justo donde tiene que estar. Mi misión es que te vayas sin voz de tanto cantar. Siempre digo que vengo a esta, mi tierra, a llenarme de amor. Y México, los amo. Gracias por su amor”.
Contoneándose y dándose palmaditas, Ricky sacudió a las 10 mil personas que colmaron el recinto, en el espectáculo que duró de las 20:50 a 22:45 horas.
A diferencia de lo que presentó en Oceanía, con 26 temas, aquí reestructuró su show, con trece completos y 12 combinados, dejando fuera “Nobody Wants to Be Lonely” y “I Am Made of You”.
Con sus 44 años muy bien puestos en bien cuidada figura, alborotó las hormonas de mujeres y hombres, en lo que parecía un concurso para ver quién grababa más momentos para sus redes sociales o se tomaba selfie con el cantante y el show de fondo.
Sus ocho bailarines, cuatro chicas y cuatro chicos, prendieron al mostrar abdomen, piernas y contoneos de campeonato, al ritmo de “Adrenalina”, “Drop It On Me” y “Shake Your Bon Bon”.
Tras presentar la que es su canción más famosa, “Livin’ La Vida Loca”, con arreglos más jazzeados, puso de manifiesto su condición de “ícono gay” al cantar “It’s Alright” con playera ajustada y con falda, montado en el entarimado, mientras sus bailarines, sin camisa y también con falda, elevaban la temperatura.
Con las piezas románticas hizo que se pegaran más los que iban en pareja: “Tu Recuerdo”, “A Medio Vivir” o “Fuego de Noche, Nieve de Día”.
Y aunque en “Te Extraño, Te Olvido, Te Amo” se le olvidó la letra, se rió y pidió a los espectadores que lo acompañaran con coros.
Su público, mayormente maduro, como él, ya que hubo pocos jóvenes, hizo caso omiso de cualquier falla de audio y de que no se le entendiera bien todo lo que decía o cantaba, pues lo padre era desgreñarse con “Lola”, “María”, “La Bomba” o “La Mordidita”, y suspirar con sus movimientos de cadera, sonrisas a granel y guiños, porque nadie como él para eso. (Juan Carlos García/Agencia Reforma)