José Luis Gómez Serrano
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El año pasado se filmó en Estados Unidos Spotlight, que ganó el Oscar a la mejor película. El tema que trata es el de la investigación que realizaron unos reporteros del diario The Boston Globe, quienes a partir de un indicio sólido y muchas referencias vagas van extrayendo el hilo de esa madeja y poniendo al descubierto los muchos (cientos) abusos sexuales de sacerdotes católicos contra niños en Boston y en otras ciudades de Norteamérica.

La película se ganó el Oscar, pero en mi opinión la película no lo merece, lo que lo merece es la historia que se hizo pública. Las actuaciones son buenas pero no excepcionales, la fotografía también es buena pero es de una calidad aséptica, blanca, insabora e insípida; la música parece música de fondo de un supermercado, y la historia está contada lisa y llanamente, en forma plana, sin crear picos ni bifurcaciones ni segundas historias ni suspenso; la única sensación de alivio no es el desenlace final, ya anunciado, sino que por fin se termina la película: duró dos horas bastante aburridas.

Pero el tema es de primera importancia. La desventaja que tienen los no creyentes modernos cuando hablan de temas religiosos es que generalmente no hablan de la religión sino de quienes la representan, y pierden así la oportunidad de enfocar la religión como lo que es o debería ser: una convicción personal de creencia en un Ser Supremo y un compromiso a actuar conforme a Sus leyes. La película es simplemente la lucha entre el bando de lo correcto, los periodistas, contra el bando de los malvados, los sacerdotes pederastas y el obispo que los encubre; hablar de la Iglesia o no, fue accidental para el film. Sería exactamente lo mismo si se descubriera una red de abusos sexuales contra los boy- o las girl-scouts, o contra los alumnos de la escuela más laica del mundo o de una escuela judía ultraortodoxa: aparecen adultos que han abusado de su posición de guía, fueron protegidos por sus superiores, y los reporteros buscan la forma de conocer la historia y publicarla.

Desde ese punto de vista, a la Iglesia Católica le fue bien con la película: se juzgó al padre John Geogan y a otros sacerdotes, algunos exacólitos suyos cuentan sus recuerdos, se juzga también al Arzobispo Law, pero todos los perpetradores son condenados con colores bastante tibios.

El punto de vista de la religión cristiana es radicalmente diferente. Jesucristo perdió los estribos en una ocasión, contra los mercaderes frente al templo, y perdonó a todos excepto a los que abusan de un niño. En el Evangelio de San Mateo (cap. 18) nos lo narra así:

En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?

Y Él, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ése será el mayor en el reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar.

Los productores de la película se concentraron en la trama del encubrimiento, en el aspecto legal, transcurrieron su tiempo entre artimañas de abogados para retrasar lo inevitable y artimañas de reporteros para conseguir su noticia, sin hacer mayor referencia al juicio tan drástico y único que hace Jesús. Perdonó a la adúltera, perdonó a Pedro por negarlo, perdonó a los que lo mataron pero no perdonó a los que abusan de un niño.

Que un adulto cualquiera llegue a abusar de un niño, me parece detestable y digno de dos piedras al cuello, pero que un sacerdote, un hombre consagrado a Dios, el que debería ser ejemplo para todos sus feligreses, abuse de los niños que se confiesan con él, de sus acólitos, de los que asisten a la parroquia, a mí también me parece imperdonable.

Un tema como el de los abusos sexuales a niños por parte de sacerdotes merece una reflexión mucho más profunda que esa narración lineal, plana y aburrida que fue Spotlight.