Por Alejandro Hernández R.
 Foto: Enrique de Santiago S.

Rompiendo con lo considerado rutinariamente por la anterior empresa, desde la forma de dar a conocer una temporada de novilladas en La Plaza México, su organización, la comparecencia de ganaderías de poca garantía, el armado de las diferentes combinaciones de carteles y el nulo interés por escuchar o tomar en cuenta la opinión de los aficionados, además, la ausencia total de creatividad para atraer al público a los tendidos, como si su empeño fuera el echar fuera de la plaza a los aficionados. Mas aquello siempre dio la impresión de ser una planeación fiscal para evitar el pago justo y honesto de impuestos.
Claro, en ese absurdo, por supuesto que esa empresa jamás arrojaría resultados económicos positivos, en una palabra, como dijera Herrerías, “la fiesta dejó de ser negocio”.
En delante, cuál será el lugar donde se ubicará, tanto el insuflado y pendenciero Herrerías como su “patrón”, Alemán.
Ahora existe un cambio radical con Tauroplaza México, y no que estemos echando las campanas al vuelo, pero hay un giro total, que va desde la misma manera clara y democrática en la conformación de los carteles de novillos y novilleros, fincando su principal objetivo en ofrecer un espectáculo totalmente opuesto a lo de antaño, como es la celebración de novilladas sin picadores, como es igualmente, tomar en cuenta la participación de las diversas escuelas taurómacas en el orbe taurino. Una excelente, y por qué no decirlo, brillante idea, apostando por ensanchar la banda novilleril, apostando fuerte en ella, al tener la clara concepción de que al hacerlo, se enriquecerá la baraja taurina internacional.
Pero Tauroplaza México, va a por todas, cuando se anuncia, como corresponde a todo un prestador de servicios o espectáculos, pensar en el consumidor final, esto es el aficionado, ofrecer un espectáculo atrayente, interesante, en brindar un mejor aspecto del recinto tanto en su comodidad como en su imagen y operatividad en varios sentidos, y accesibilidad a costos muy económicos que resulte al alcance de todos los bolsillos.
La nueva empresa del coso de la colonia Nochebuena, en voz del matador de toros en el retiro Mario Zulaica, gerente operativo del inmueble, venturosamente dio a conocer primero el formato de la temporada, y después, una vez conocido, las tres fases del ciclo, con esa novedosa idea de hacer las cosas, muy a como lo estila la FIFA, ha generado múltiples opiniones muy favorables para la empresa encabezada por el Lic. Alberto Bailleres, y el Arq. Javier Sordo Madaleno.
De que será una primera temporada muy interesante y venturosa, no queda la menor duda.
El reto no es nada fácil, tiene lo suyo, y más en una fiesta, como es la fiesta brava, que está llena de imponderables. Sin embargo, hay que pensar en su éxito y los buenos resultados.
Creo finalmente, que bien haría la empresa en poner en disputa un premio, para el máximo triunfador de la temporada, que abarque desde el interés por conquistarlo, como la obra y significado de dicho trofeo, que bien pudiera ser una estatuilla o efigie con la figura de Rafael Rodríguez, “El Volcán de Aguascalientes”, por su brillantísima y corta temporada (1948-1949) novilleril, que fue de septiembre a diciembre, situándose en la cúspide, llegando a cortar cuatro rabos como novillero, en una carrera meteórica, preñada de afición, hambre, valor, entrega, popularidad y ambición e inigualable poder de taquilla, atributos que debe tener todo torero.