Daniel Santiago
Agencia Reforma

Que un niño realice operaciones aritméticas con la rapidez de una calculadora o que tenga el coeficiente intelectual de un genio como Albert Einstein es algo que, de entrada, suena a tener su futuro asegurado. No siempre es así…
Sobre todo, cuando la familia o escuela no están listas para ayudar a ese pequeño a desarrollar su enorme potencial, coinciden papás y educadores.
“La realidad es que son niños, y no necesariamente tienen todas las respuestas a los problemas y, como todos, necesitan guía y apoyo de sus padres y maestros”, dice Eva Mayla Palacios Wulschner.
Su hijo, Eric Hernández Palacios, es un adolescente con capacidades intelectuales arriba del promedio.
Convocados por EL NORTE al preestreno de ‘El Jeremías, un genio en la familia’, cinta mexicana, familias con integrantes de alto coeficiente intelectual y especialistas coincidieron en que la cinta es recomendable, aunque pone etiquetas sin razón.
“Sí es cierto que muchos niños sobredotados son incomprendidos. Es cierto que pueden venir de donde menos se espera y que, usualmente, tienen muy buenas oportunidades comparados con el promedio, como la película lo muestra”, dice Éric, quien a los 2 años de edad ya leía y a los 9 tenía habilidades matemáticas de nivel secundaria.
Hoy, Éric estudia el tercer grado de secundaria en el Centro de Alto Rendimiento Académico.
“Lo que menos me gustó de la película fue el hecho de que la actitud y la personalidad de cada personaje dependiera tanto de lo que es el IQ. Uno no puede juzgar a una persona por un solo número, y para ser bueno en algo se requiere no sólo talento, sino también esfuerzo y dedicación constante”.

Ni tan ficticia
El director Anwar Safa lleva a la pantalla grande la historia de un niño de 8 años sobresaliente. La trama, aunque ficticia, tiene elementos que se repiten una y otra vez en la mayoría de los casi 1 millón de menores que se calcula hay en el País con esta capacidad.
Desde un inicio, el filme atrapa por las situaciones que el simpático Jeremías tiene que pasar en su hogar y escuela, reflejo de lo que sucede cuando un sistema educativo y una cultura no están preparados para detectar y ayudar a un niño destacado.
Interpretado por Martín Castro, la historia se desarrolla en un hogar de bajo nivel económico en Hermosillo. Los papás de Jeremías se esmeran en amarlo y protegerlo, pero es complicado para ellos aceptar que su hijo tiene altas capacidades intelectuales.
Darío Hinojosa Delgadillo, quien estudia segundo de secundaria en el Centro de Alto Rendimiento Académica, acudió también a ver la cinta.
“Se acerca (a la realidad) en el sentido de que en la mayoría de escuelas de México no hay muchas oportunidades ni alternativas para los niños con alto coeficiente intelectual. En la parte respecto al bullying, eso no siempre aplica, y depende más del ambiente de cada escuela”, dice.
La película hace énfasis en la medición de IQ como parámetro para medir la inteligencia.
Para Saúl Valdez Obregón, especialista en educación inclusiva y asesor de la Dirección de Educación Especial del Estado, esto es un estereotipo.
“Yo no les llamaría niños genio ya que ésa es una etiqueta que termina pesando y haciendo daño. En el sistema educativo público hay una forma mas común de llamar a ese alumnado: aptitudes sobresalientes y talentos específicos”.
Rosario Piedra Ibarra, psicopedagoga asesora en el Centro Rotario de Educación Especial, señala cómo la cinta maneja el desconocimiento y la falta de comprensión social acerca de los niños con estas aptitudes.
“Se acerca en buena medida (a la realidad), pues en nuestra sociedad, no sólo existe un gran desconocimiento acerca de los alumnos con aptitudes sobresalientes, sino también hay muchos mitos, información sesgada e incluso maltrato y discriminación hacia ellos”.
Eva Mayla Palacios Wulshner, madre de Éric y su educadora en casa, cuenta cómo se sintió identificada con esta historia.
“Por ejemplo, los problemas en la escuela; la necesidad de encontrarse con amigos que compartan sus mismos intereses; las reacciones de los padres y la familia, incluso los problemas existenciales que, aunados a la falta de madurez de los niños, pueden ponerlos en riesgo.
“(La película) está muy simpática. Les diría que lleven a toda su familia, pero hay temas y algo de lenguaje que no son apropiados para los más pequeños”.
Aunque en desacuerdo con partes de la historia, como el hecho de que Jeremías resulte bueno en todo sólo por tener alto IQ, Bettina Delgadillo Lozano, madre de Darío y maestra en ciencias, comenta que hay otros puntos muy bien trabajados.
“Generalmente, la gente piensa que como son niños que aprenden solos no necesitan ayuda, y eso no es cierto”.