CIUDAD DE MÉXICO.- Cuatro años después de haber anunciado su retiro de los escenarios, Scorpions regresó a México y, a raíz del derroche de talento, poder y emotividad que corrió en la Arena Ciudad de México, pusieron su fecha de caducidad en puntos suspensivos.
La noche del viernes, una alarma de holocausto nuclear sonó en el inmueble. Los 18 mil asistentes que llenaron el lugar no pudieron contener la emoción por ver a sus ídolos como parte de su gira por el aniversario 50.
Los ojos se deslumbraron con las pantallas gigantes que mostraban las efigies de Klaus Meine, cantante; Matthias Jabs, guitarra; Rudolf Schenker, segunda guitarra, y Pawel Maciwoda, bajo.
A esta alineación de lujo se le sumó un invitado especial: Mikkey Dee, integrante del ya extinto Motörhead, en la batería.
Su presencia destacó del resto de sus compañeros gracias a la elevada tarima en la que aporreó sus tambores durante “Going Out with a Bang” y “Make It Real”.
“¡Buenas noches, Ciudad de México! ¿Cómo están? Oh, sí, es bueno volver a esta gran Arena”, dijo Meine, de 68 años, en su primera interacción.
Una pasarela salía del entablado y los alemanes la hicieron suya durante “Coast to Coast”, pieza instrumental llena de poder por la estridencia de las guitarras. No hubo quien pudiera resistirse a agitar la cabellera ante el destructor ritmo.
Hubo dos medleys que le pusieron a más de uno la piel chinita. El primero estuvo compuesto por las primeras canciones que los lanzaron al estrellato, como “Top of the Bill”, “Steamrock Fever” y otras más.
Pero el segundo fue el que se llevó las palmas. Fue de naturaleza acústica y ligó “Send Me an Angel” con “Wind of Change”, un combo que conectó como gancho al corazón de su audiencia. (Manuel Tejeda/Agencia Reforma)

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